El desarrollo tecnológico y el factor de la energía

EL DESARROLLO TECNOLÓGICO Y EL FACTOR DE LA ENERGÍA

Por J. C.

 

“Cuando se alcance el pico global en la producción de petróleo, todavía habrá bastante petróleo en la Tierra; en ese punto será recuperable tanto como el que se ha extraído desde 1859 hasta la actualidad. Pero cada año a partir de entonces será imposible encontrar y bombear tanto petróleo como el año anterior.” 1

 

I PARTE:

El pico del petróleo es un concepto que en los últimos años sale a la palestra con cierta frecuencia por distintos motivos y en distintos medios. Básicamente dicho concepto a nivel global se refiere al punto en el cual aproximadamente la mitad del petróleo existente recuperable se habría agotado. Siendo el petróleo extraído el de más fácil explotación, por ser el de más fácil acceso, quedaría la mitad. De éste, una parte podría ser explotada mediante tecnologías presentes o futuras, aunque con menguantes márgenes de efectividad energética; y otra muy considerable no, ya que, aún en el caso de que técnicamente pudiese hacerse, energéticamente no resultaría efectivo porque explotar esa energía en forma de petróleo requeriría una energía igual o mayor que la obtenida. El concepto de TRE (Tasa de Retorno Energético), y a esto me refería con lo de “márgenes de efectividad energética”, tasa el rendimiento efectivo en forma de proporción de superávit o pérdida de un recurso energético en una situación concreta; por ejemplo, en “Environmental Accounting, Energy and Decision Making”2 (1996) y en “Energy and the U.S. Economy: a Biophysical Perspective3 (1984), ambos editados en Estados Unidos, se asignaba al petróleo importado por ese país en ese periodo una TRE media de entre 11,1 (informe de 1984) y 8,4 (informe de 1996), dependiendo, claro, también del origen de dicho petróleo (es decir, entre 8,4 y 11,1 unidades de energía conseguida por cada unidad de energía utilizada para conseguir dicho petróleo -invertida en exploración, perforación, construcción de plataformas, transporte, etc.-). En esos mismos informes, sus autores indicaban que en el periodo que va desde 1950 a 1970 ese petróleo tenía una TRE media de 40 unidades obtenidas por cada unidad utilizada para su obtención. También dicen que los descubrimientos de yacimientos nuevos anteriores a 1950 tenían, en su fase inicial de explotación, una TRE media algo superior a 100 y ésta se reducía a 30 en los yacimientos hallados en la década de 1970 en esa misma fase inicial.4

Quizás el más famoso de los que han contribuido al concepto de “Pico del Petróleo” haya sido M. King Hubbert; este geofísico estadounidense trabajó en varios estamentos gubernamentales de su país dedicados a llevar a cabo estudios geológicos en relación con la energía. Fue profesor de geología en la universidad de Columbia aunque su principal labor fue dirigir el laboratorio de investigación de la Shell Oil Company5 de Houston, función que desempeñó entre 1943 y 1964. Con los datos que él y otros colegas fueron recopilando, basándose en las reservas estimadas y en el perfil de la duración de los depósitos típicos de petróleo, elaboró un modelo de gráfico que con el tiempo se ha denominado “La curva de Hubbert”. Yendo a lo que nos interesa, mediante este sistema auguró en 1956 que el pico del petróleo de producción nacional estadounidense tendría lugar entre 1966 y 1972. El pico real de ese petróleo tuvo lugar en 1970 concretamente, aunque no se tuvo percepción de él hasta un año después. Hacer este cálculo a nivel mundial, es mucho más complejo y arriesgado, pero, en base a los datos recopilados por él y sus colegas y utilizando la misma fórmula, calculó que el pico de producción petrolífera mundial se alcanzaría en algún momento de los últimos años de la década 1990 al 2000. Desde la muerte de Hubbert en 1989, varios destacados geólogos especializados en hidrocarburos han utilizado versiones propias de dicho método para actualizar sus predicciones sobre el pico del petróleo. Habiendo actualizado los datos de las reservas y de las tasas de producción, los resultados divergen muy poco de lo expuesto por Hubbert y sus colegas. Colin J. Campbell6 sitúa este pico sobre el año 2008; Kennet S. Deffeyes7 lo sitúa entre el año 2003 y 2009; el difunto L. F. Ivanhoe8 lo sitúa entre el 2000 y el 2010, al igual que Walter Youngquist9.

Indudablemente habrá gente que les quite la razón a todas estas personas. De todas formas hay que reconocer que todos ellos están relacionados con la geología y las compañías petrolíferas. Han desarrollado su labor en Occidental Petroleum10, Amoco11, Totalelf12, Petroconsultants Ginebra13, etc. Aunque muchos de ellos han publicado dichos estudios estando ya retirados de su actividad en dichas compañías, dudo mucho que estas personas no aprecien el modo de vida que toda esa energía “barata” les ha permitido llevar, las tecnologías que ha posibilitado desarrollar y las sociedades que todo ello ha conformado. Ahora bien, que estas personas aparentemente sepan de lo que hablan, que no tengan ningún interés en que todo ese estilo de vida peligre, incluso que pueda parecer que ya no se hallen mediatizados por los intereses de dichas empresas petrolíferas, etc. no significa que no se equivoquen o incluso mientan.

La tan cacareada crisis económica que se destapó en el año 2007 es indudable que tendrá causas meramente monetarias, especulativas o derivadas de la necesaria reestructuración de un modelo de sociedad de consumo masivo sustentado en tecnologías crecientemente complejas, aunque hay gente que achacó la base de dicha crisis a cuestiones materiales mucho más tangibles (escasez menguante de los llamados recursos naturales -esenciales para el mantenimiento del sistema- y los problemas que esto genera). Es difícil decir cuánto habrá de cada cosa. En 2008, los precios del barril de petróleo se dispararon, superando holgadamente los 150$ por barril. Esto motivó que los que defendían la teoría de lo sistemático de la crisis, o sea, los que básicamente lo achacaban a ese declive de los “recursos naturales-energéticos” se envalentonaran (bueno, por decirlo de un modo exagerado). Pasados unos meses, el precio del barril de petróleo cayó también de forma ostensible; aquí los que defendían lo circunstancial de dicha crisis, o sea, los que argumentaban que no tenía nada que ver con la escasez de recursos naturales básicos como el petróleo, se envalentonaron igualmente, tildando a los primeros de agoreros.

Ahí quedó la cosa, pero veamos la situación desde la perspectiva. Una vez pasado ese momento de grandes altibajos, entre el 2009 y hoy (primeros de 2014) el precio medio del barril de petróleo se ha situado en unos 100$. Entre los años 2000 y 2007 el precio medio del barril se situó en unos 35$ por barril. Hay que apuntar también que se inició el año 2000 con un fuerte incremento del precio del barril respecto al que tenía a mediados y fines de los 90, por ejemplo. Ahora mismo (2014) el precio medio del barril es 3 veces más que en 2007, hace 7 años. Indudablemente, el precio del petróleo puede deberse a múltiples factores circunstanciales (políticos, estratégicos, especulativos…), pero un factor que nunca es circunstancial, sino fijo en la incidencia de dichos precios (al menos a medio plazo y de forma general), es la TRE. Si para obtener 10 barriles de petróleo se requiere 1 es una cosa; si para conseguir esos mismos 10 se necesitan 3, es otra bien distinta. En este aspecto, el valor monetario de los barriles es secundario, aunque supongo que este factor también incidirá de forma contundente en dicho valor monetario.

En los últimos 10-12 años desde el espectro del entramado de empresas petrolíferas y gasísticas, bien de forma directa o mediante creación y potenciación de subsidiarias, están impulsando la explotación y uso de petróleos pesados (de arenas bituminosas, por ejemplo) o de difícil acceso y del gas de esquisto como complemento al petróleo y al gas hasta ahora habituales. Estos elementos, llamados también no convencionales, tienen, por su dificultad en todo el proceso de explotación, extracción, filtrado, licuado, infraestructura, etc., una TRE mucho más baja que, por ejemplo, el petróleo convencional actual (que recuerdo, tiene una TRE mucho más baja que el de 1970, muchísimo más baja que el de 1950). ¿Por qué gastar recursos en elementos que no son competitivos respecto al petróleo y al gas convencional (aún al actual), cuando podrían utilizarlos en explotar aún más masivamente esos recursos más competitivos? ¿Quién sabe?, pero es razonable pensar que la escasez podría ser una razón de mucho peso.

Si me estoy centrando en este artículo en el caso del petróleo es porque ha tenido, y aún tiene, un aprovechamiento y rendimiento energético muy elevado, muy superior al resto de fuentes energéticas, a excepción quizá de la energía hidroeléctrica (energía esta que a nivel global, está explotada, al menos de forma convencional, casi al máximo, con muy poco margen de aumento de producción energética por este medio –insisto, a nivel general-), con la diferencia, además, de que el petróleo, aparte de generar energía eléctrica, etc., sirve también para el transporte, algo indispensable para las sociedades industriales dependientes de todo tipo de recursos traídos y llevados de otras partes del planeta. La misma energía nuclear se considera como eficiente, pero sólo cuando se tiene en cuenta el rendimiento de la explotación de una central nuclear, cuando ya está construida, y durante unos años gestionada por una empresa. Pero, cuando se incluye en la cuenta (que no se hace) el coste de la construcción de dichas centrales, las infraestructuras que las acompañan, la búsqueda y explotación de yacimientos de uranio y otros materiales, el desmantelamiento de las centrales nucleares acabada su llamada vida útil cuando cesa su actividad, la gestión de los desechos que generan (algo que puede abarcar un muy largo plazo), además de hacer frente a los gastos con las aseguradoras en caso de accidente grave, (que, al margen de quién gestione la central, es asumido necesariamente, al menos en teoría, por el Estado) la eficiencia del aprovechamiento energético cae muchos enteros. De hecho, según se asegura, termina por tener una TRE poco más que mediocre, comparada con la del petróleo, por ejemplo.

Además, cabe observar que todo el desarrollo y la implantación de diferentes fuentes energéticas, y todas ellas de forma muy parcial y limitada (hidroeléctrica, fotovoltaica, nuclear, carbón, etc.) en los últimos cien años, han sido posibles gracias al uso masivo de petróleo de fácil extracción, gran rendimiento y barato. Cabe decir pues, que cualquier conversión del sistema sociotecnológico que sufrimos a otras fuentes energéticas, de forma generalizada (caso de que hipotéticamente esto fuera factible a semejante nivel) conllevaría un uso masivo de petróleo a un nivel tal, que requeriría un estricto plan estratégico que, aparentemente, a día de hoy ni se está llevando a cabo ni se vislumbra.

El desarrollo del sistema tecnológico ha sido fruto de varios factores (entre ellos el denominado ingenio humano, para bien o para mal), pero un factor imprescindible (y muy material y tangible) en cada uno de sus estadios ha sido el tipo de energía disponible en cada momento, tanto en cantidad como en calidad o rendimiento energético. La máquina de vapor fue posible por la utilización del carbón, principalmente, al igual que un avión actual no volaría sin petróleo. Aquí no me refiero sólo al tipo de tecnología, sino al grado de expansión y generalización que ha permitido ésta, a las interacciones estructurales que dicho proceso ha generado en el grado de complejización de las sociedades humanas y en el grado de explotación y degradación de los ecosistemas a mayores niveles, derivando de ello el deterioro de las posibilidades de autonomía de la vida salvaje (humana incluida). Por lo tanto, el factor energético va a condicionar necesariamente el futuro del sistema tecnológico, como lo ha hecho en el pasado y lo hace en el presente. Sí, ya sé que estoy diciendo una obviedad, pero, a veces, percibo por parte de mucha gente que la tecnología tiene más que ver con la magia negra, que con los factores estrictamente materiales. Sin embargo, en un mundo material y limitado, todo tiene su límite, al menos lo material.

A modo de ejemplo, el artículo de Eileen Crist, titulado “Los Límites al Crecimiento y la Crisis de la Biodiversidad” publicado en esta misma página web dice, entre otras muchas cosas:

De manera realista, es posible que la Tierra sea colonizada por los Homo sapiens sin infringir las condiciones básicas que permiten la supervivencia de la especie humana. Consideremos algunas posibilidades. Los bosques naturales podrían ser sustituidos por repoblaciones forestales –incluso modificadas genéticamente para absorber más dióxido de carbono y alcanzar la madurez más rápido. Los campos de cultivo degradados podrían volver a cultivarse si se utilizaran semillas diseñadas para crecer en ellos; una asimilación importante de los métodos racionales de la agroecología, como el compostaje, la rotación y mezcla de cultivos, podría insuflar algo de vida en suelos agotados. Los caladeros diezmados y los peces extintos podrían ser sustituidos por la puesta en marcha de la acuicultura a gran escala que proporcionara proteínas para los humanos. Los problemas de escasez de agua podrían gestionarse mediante racionamiento, tecnologías más eficientes o enormes proyectos de ingeniería como la desalinización del agua del mar.

En resumen, sobre la faz de la Tierra, los servicios originales proporcionados por la Naturaleza salvaje podrían ser modificados – y sustituidos– masivamente por iniciativas de ingeniería aplicada a la Naturaleza con el fin de mantener la vida artificialmente.

Es muy arriesgado hacer futurología, pero aquí (sirva sólo de ejemplo) aventura una posibilidad de futuro que dice ser realista. De acuerdo, pero ¿en qué se apoya para decir eso? No sé lo que deparará el futuro, pero este tipo de visiones yo las cogería con muchas pinzas; si no se sustentan en unas bases materiales sólidas, pueden ser hablar por hablar.

Veamos, supongo que todos necesitamos comer y beber. La acuicultura, por ejemplo, ¿qué insumos requiere la acuicultura, la gestión de esas infraestructuras, la alimentación del pescado de piscifactoría, la gestión de sus desechos orgánicos, la necesidad de antibióticos, entre otros factores a tener en cuenta, para poder mantener viva a toda esa acumulación masiva de pescado, etc.? ¿Cuánta energía requiere eso?

Respecto a la desalinización del agua, las personas bebíamos agua directamente de ríos, lagos, arroyos, etc. Después se comenzó a sacar agua de pozos (que hay que cavar). Tras esto había que bombear agua de dichos pozos. Comenzaron a hacerse necesarios en poblaciones grandes las canalizaciones, los desagües, las obras de alcantarillado, el saneamiento, etc. Luego se hicieron necesarias la depuración del agua y su distribución. Y, por último, desalinizar. Desalinizar agua del mar para hacerla potable requiere, aparte de otras cosas, ingentes cantidades extra de energía, añadida a la ya necesaria para que un par de miles de millones de personas puedan beber agua potable hoy, acción que en origen no necesitaba de más de una dosis (mayor o menor) de energía animal (generalmente de la persona que bebía).

A día de hoy (ya digo, no es mi intención hacer predicciones), donde parece que la industria de la energía está poniendo velas al santo (al margen de lo que ya hay) es en el petróleo que confían poder explotar en el ártico, que, según parece, está perdiendo grandes masas de hielo por eso que se denomina cambio climático. Si se da tal caso, lo que no saben es qué cantidad habrá (aunque muchos geólogos ya indican que probablemente no será comparable, por ejemplo, a lo que ha sido el área de Oriente Medio). Lo que es seguro, es que tratándose de extracción de petróleo en mar abierto y, por lo general, con malas condiciones climáticas y de fondo marino, la TRE de dicho petróleo, si lo explotan, no va a ser comparable ni de lejos a la del petróleo convencional. Y, de momento, parece que eso es lo que hay.

Bien, sólo me he centrado en el factor energético pero, por motivos meramente materiales, y aunque por su inercia lo parezca, el sistema tecnoindustrial no es omnipotente, y mucho menos autónomo o autosuficiente. Y no lo digo a modo de consuelo, ya que su colapso no se vislumbra necesariamente a corto plazo y, por contra, sus consecuencias funestas para la autonomía de lo salvaje son ya evidentes.

II PARTE:

Dentro del espectro de variopintas opiniones al respecto, entre otras cosas, del petróleo como energía base para la explotación de otras fuentes energéticas al nivel hoy en día requerido en las sociedades industriales, del llamado “pico del petróleo”, de la tasa de retorno energético de cualquiera de dichas fuentes energéticas y de su relación directa con las posibilidades de mantenimiento y desarrollo del sistema tecnológico industrial (STI de aquí en adelante), el consenso parece bastante mayor en cuanto a la percepción de que la TRE del petróleo (y, por tanto, del resto de fuentes energéticas dependientes del petróleo), está decreciendo de forma continua y acusada desde, al menos, principios de la década de 1970. No es que esta tendencia no fuera decreciente a nivel general antes de esta fecha, respecto por ejemplo a los años 30-40, pero no fue continua en todo momento ya que, hasta la década de 1960, se descubrieron y pusieron en explotación grandes yacimientos para sustituir o complementar aquellos que iban decayendo. No ha pasado lo mismo estas últimas décadas; no es que no se hayan puesto en marcha nuevos yacimientos en dicho lapso de tiempo, sino que no han sido tantos ni en cantidad de reservas recuperables ni en TRE respecto a los que han ido decayendo en ese tiempo. Así que, simplificando, se puede decir que llevamos más de 40 años sin que el petróleo descubierto y puesto en explotación pueda cubrir el vacío que deja el utilizado y consumido en dicho lapso de tiempo, ni en cantidad, ni en calidad (TRE). Hasta aquí hablo del petróleo que se suele definir como convencional (aquí, claro está, también hay variedad y diferencias). Los intentos que ha habido para suplir o complementar esta fuente energética (más aún en su faceta de combustible para el transporte y para mover máquinas potentes, así como en la transformación de materiales derivados, como plásticos y un largo etc.) han sido, a grandes rasgos y en orden de importancia:

- Petróleo de pizarra, extraído utilizando técnicas de extracción por fracturación hidráulica de roca (fracking): esta técnica es muy conocida hoy en día y quien quiera, puede informarse más en detalle en múltiples fuentes.14 Comentar, eso sí, que, por sus características de extracción y transformación, así como por las infraestructuras necesarias para todo ello, tiene una TRE muy baja respecto al petróleo convencional.

- Petróleo ultrapesado, como el extraído de las llamadas arenas bituminosas, etc.: este a su vez tiene sus propias características y condiciones de explotación y transformación, que hacen que tenga una TRE muy baja respecto al petróleo convencional.

- Agrocombustibles, con bases de diversas materias primas (maíz, palma, soja, etc.): con diferentes características cada uno pero igualmente, haciendo una media, con una TRE muy baja respecto al petróleo convencional.

Se suele decir que las nuevas tecnologías han posibilitado usar esos “nuevos” recursos que antes no podían ser explotados. Sólo comentar, por ejemplo, que la técnica del fracking es posible desde al menos mediados del siglo pasado. Desde entonces con seguridad, dicha técnica (que ha sido utilizada a pequeña escala de forma más o menos experimental hasta comienzos del siglo XXI) ha sido depurada llegando a ser más efectiva. Sin embargo, lo cierto es que en la segunda mitad del siglo XX, estos “nuevos recursos” no se utilizaban. No porque (a grandes rasgos) no fuera posible, sino porque más bien no merecían la pena (disponiendo de grandes cantidades de petróleo de mucha más fácil extracción y transformación y con un TRE inmensamente superior).

Así que, al parecer, se puede decir de forma ajustada a la realidad que llevamos más de 40 años de decadencia energética continua (se perciba esta de una manera llamativa o no); que no parecen vislumbrarse, a día de hoy, grandes perspectivas en el horizonte para revertir esta tendencia (se comentaban, por ejemplo, en la primera parte de este artículo, las posibilidades que podría traer el deshielo del ártico a este respecto, pero con grandes incertidumbres, dudas y problemas); y que, por contra, el STI necesita, debido a su creciente complejidad hasta ahora, más energía cada día que pasa, no sólo para nuevos desarrollos, sino simplemente para sostener las infraestructuras que posibilitan su mantenimiento estático. Cabe decir que, a día de hoy, por ejemplo, el consumo medio diario mundial es de unos 95 millones de barriles de petróleo y, en buena medida, se está cubriendo con el remanente de los principales yacimientos descubiertos o puestos en explotación antes de finales de la década de 1960 sobre todo, con el complemento, en menor medida, de lo puesto en explotación después de esa fecha.

En la primera parte de este artículo hacia referencia a una conferencia a la que acudí impartida por Pedro Prieto, corresponsable de la página de internet crisisenergetica.org. En la misma, el ponente daba el dato de que, para mantener un tipo de sociedad tan compleja técnica y organizativamente como la que aquí tenemos, hacía falta una energía (o conjunto de energías) con una TRE mínima de 10:1, y más energía aún para que dicha sociedad crezca en complejidad tecnológica. Ignoro con que cálculos habrá llegado a esa conclusión y si esta será certera. Pero esto nos recuerda que, para mantener todo este entramado, no vale cualquier cosa.

Así que no parece descabellado suponer que, de continuar con esa larga fase de declive energético, se llegará a un punto en el que dicho mantenimiento se vea comprometido. También se puede suponer que se harán grandes esfuerzos para ese mantenimiento, de alguna forma quizá diferente a lo que conocemos. La inercia de la sociedad industrial es gigantesca como para no imaginar que, al menos, se intentará… Si se llega a un punto límite de escasez energética, se puede suponer que un intento de adaptar el STI a esa situación sería una reducción tecnológica en cantidad (menos extensión de diversas tecnologías) o en calidad (menor complejidad de las mismas) o ambas, para, en la medida de lo posible, tratar de mantener de alguna manera un cierto nivel del sistema tecnológico.

El desarrollo tecnológico como proceso ha ido a más, tanto en generalización como en complejidad, de manera más rotunda desde la revolución industrial y con un crecimiento casi exponencial en las últimas décadas ¿Cómo encajaría el STI a largo plazo una fase de estancamiento y retroceso asentado en el tiempo? Por ejemplo ¿podría mantenerse un proceso de desarrollo creciente en cuanto a complejidad (tecnologías más complejas) en una situación de generalización masivamente decreciente (tecnologías mucho menos generalizadas)? Múltiples tecnologías se han desarrollado, con grandes esfuerzos, a pequeña escala primeramente, para luego generalizarse (por ejemplo, algunas tecnologías muy complejas, hoy en día cotidianas en las sociedades industriales, derivan de tecnologías de origen militar de uso inicialmente mucho más restringido). Pero, en cierta medida, esa generalización probablemente ha facilitado el camino de nuevos avances tecnológicos, abaratando todo tipo de costes (energéticos entre otros) que han permitido invertir ese “ahorro” en nuevos desarrollos. En una época de abundancia hay gente que se dedica a grandes dispendios, pero en épocas de escasez hay que “contar las lentejas que echas a la cazuela”.

En otro sentido, ¿podrían generalizarse tecnologías menos complejas? Cualquier proceso de generalización de una serie de tecnologías más simples (pero aún complejas en cierto grado15) a una parte importante de las sociedades humanas de este planeta requeriría, a día de hoy, una infraestructura contradictoriamente muy compleja y extensa (transporte, explotación minera, procesos de producción). Tengamos en cuenta que partimos de una situación: las sociedades industriales han tendido a la globalización, la homogenización y la interdependencia. No todas las sociedades, a nivel local, tienen los recursos materiales, capacidad de producción, investigación, etc. como para mantener algún modo de desarrollo tecnológico de cierta complejidad de manera autárquica.

De llegar a ese punto de inflexión, es seguro que cada vez mayores capas de población tendrán que “comerse” todos los problemas que conlleva (y ha conllevado) objetivamente el desarrollo tecnológico sin poder acogerse a sus “beneficios”. La promesa de la ideología tecnófila de que dichos problemas podrán ser solventados, a su vez, con nuevos desarrollos tecnológicos ya no sería, en general, una opción factible (en este contexto, el número de problemas crece de manera inversamente proporcional a la cantidad de recursos con la que hacerles frente).

Desde la perspectiva actual, en una sociedad industrial avanzada, parece difícil imaginar que el desarrollo tecnológico pudiera llegar a considerarse el problema, de manera generalizada; más fácil resultaría imaginar que, dadas las circunstancias, pasase al menos a no considerarse como la solución. Las ideologías triunfan cuando, además de ofrecer promesas deseables, pueden ser utilizadas en la práctica de una forma efectiva y ventajosa de una manera perceptible. La ideología tecnófila en ese punto empezaría a no cumplir esas premisas. Sin embargo, una ideología contraria al desarrollo tecnológico y que tome como referencia la Naturaleza salvaje podría pasar a tener más oportunidades de abrirse paso, tanto a nivel práctico (pasaría a adaptarse mejor a la realidad circundante) como a un nivel más abstracto (ofrecería ciertos valores positivos en medio de una situación de confusión muy dramática para amplias capas de población –la defensa como ideales del valor intrínseco de la Naturaleza, la autonomía, los modos de vida cazadores-recolectores, etc.-). Es difícil hacer previsión de futuro, pero es muy probable que el STI tenga que afrontar grandes problemas (ciertamente no sólo el factor energético) para perdurar al menos tal como hoy se lo conoce, en un plazo de tiempo no tan largo como habitualmente se suele suponer.

Notas:

1. Cita extraída de una conferencia de Pedro Prieto (corresponsable de la página de internet www.crisisenergetica.org) realizada en Bilbao en mayo del 2011, si no recuerdo mal.

2. Environmental accounting, energy and decision making, Howard T. Odum. Editorial John Wiley & Sons, 1995.

3. Energy and the U.S. economy: a biophysical perspective, Cutler J. Cleveland, Robert Costanza, Charles A. S. Hall y Robert Kaufmann. Publicado originalmente en Science, Nueva serie, vol. 225, no. 4665, págs. 890-897, 1984.

4. Las medias resultantes del cálculo de la TRE, quizás por su complejidad, pueden resultar un baile de cifras un tanto lioso. Una cosa clara en la que las fuentes coinciden de forma generalizada es la fuerte tendencia a la baja de la TRE del petróleo, más evidente sobre todo desde los años 70.

5. Shell Oil Company, empresa petrolífera fundada en 1912 con base en Estados Unidos, subsidiaria de la Royal Dutch Shell. Es una de las multinacionales de la energía con más relevancia a nivel mundial.

6. Colin J. Campbell, 1931- , Alemania, geólogo, trabajó como gerente y consultor para diferentes instituciones y compañías del sector petrolífero. Fundó la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y del Gas (ASPO, por sus siglas en inglés), una red de científicos e instituciones con interés en la determinación de la fecha y el impacto del pico y la caída de la producción mundial de petróleo y de gas.

7. Kenneth S. Deffeyes, 1931- , EE.UU., geólogo y profesor emérito, trabajó con M. King Hubbert en la Shell Oil Company.

8. L. F. Ivanhoe, 1920-2003, geólogo, trabajó para la compañía Occidental Petroleum, fundador del M. King Hubbert Center for Petroleum Supply Studies.

9. Walter Lewellyn Youngquist, 1921- , EE.UU., geólogo retirado, ejerció como profesor en la Universidad de Oregon. Es autor del libro GeoDestinies: The inevitable control of Earth resources over nations and individuals.

10. Occidental Petroleum, empresa fundada en 1920 con base en EE.UU. Dedicada a la exploración y extracción de petróleo y gas.

11. Amoco Corporation, anteriormente Standard Oil Company of Indiana, empresa petrolera y petroquímica estadounidense fundada en 1889 para operar una refinería situada en Whiting, Indiana. El 16 de marzo de 1978, el barco tanquero Amoco Cádiz naufragó cerca de las costas de Bretaña en Francia, causando uno de los mayores derrames de crudo de la historia. Amoco fue totalmente adquirida por BP (British Petroleum) en 2000.

12. Actualmente Total S.A., compañía fundada en 1924 con base en Francia, dedicada al sector petrolero y gasista a nivel mundial.

13. Petroconsultants, empresa fundada en 1968 en Ginebra (Suiza), dedicada a recopilar información y crear cartografía sobre la exploración y extracción de petróleo y gas. Fue adquirida por IHS en 1996.

14. Véase, por ejemplo, el apartado “Referencias” de la entrada “Fracturación hidráulica” en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Fracturaci%C3%B3n_hidr%C3%A1ulica.

15. Con esto me refiero a tecnologías como, por ejemplo, las herramientas manuales de acero (azadas, martillos, etc.), que son lo suficientemente sencillas como para realizar eficientemente labores de subsistencia sólo con la energía de los músculos humanos, pero son lo suficientemente complejas como para que no sea posible fabricarlas y obtenerlas en todas partes sin la intervención del STI.

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Nat Ind,
4 jun. 2017 6:04