El mito del movimiento ecologista

Nota: dado que algunos de los textos son bastante largos y, por tanto, su lectura directa en esta web podría resultar complicada, hemos añadido un enlace en cada uno de ellos para que los lectores puedan leerlos en formato pdf. Basta con hacer "click" en el título del artículo.

Presentación de “El mito del movimiento ecologista

El siguiente texto de Dave Foreman está centrado en la popularización del ecologismo como movimiento o corriente social en los Estados Unidos. Sin embargo, salvando las distancias entre países y culturas, muchas de las cosas que el autor señala y critica son también válidas para el ecologismo de cualquier otro país. En especial, creemos que la diferenciación que establece el autor entre medioambientalismo y conservacionismo es muy atinada y señala ciertos rasgos del medioambientalismo que deberían ser tenidos muy en cuenta por todos aquellos que realmente valoren lo salvaje y deseen preservarlo. El medioambientalismo, la corriente principal dentro del llamado “movimiento ecologista” en la actualidad, ha hecho que los conceptos de “medio ambiente” y “Naturaleza” sean entendidos como sinónimos por la mayoría de la población en la actualidad, aun cuando en realidad no son para nada lo mismo. Y también ha conseguido que la etiqueta “ecologismo” sea mayoritaria, y a menudo desdeñosamente, entendida hoy en día como una mera rama del izquierdismo, una corriente fundamentalmente preocupada por cosas como la justicia social (o incluso por los derechos de los animales) o por sostener y mejorar el medio ambiente artificial y no tanto (o nada en absoluto) por preservar el carácter salvaje del mundo natural. El presente texto da qué pensar acerca de lo conveniente de identificarse actualmente con el ecologismo en general, aun en el caso de tener como valor fundamental la autonomía de la Naturaleza. O quizá precisamente debido a ello.

 

El mito del movimiento ecologista[a],[b]

Por Dave Foreman

 

En los años posteriores al Día de la Tierra, el ecologismo, en su día considerado el lujo egoísta de una élite privilegiada, se convirtió en la “causa de Estados Unidos”.[c]

Phil Shabecoff, A Fierce Green Fire: The American   Environmental Movement

 

El Mito en pocas palabras

El Día de la Tierra, 22 de abril de 1970, dio a luz a la largamente gestada reconversión del movimiento conservacionista estadounidense en el movimiento ecologista[d]. En 1970 el movimiento para la conservación estaba cansado, estancado y desconectado de unos Estados Unidos crecientes y cambiantes. A partir de la publicación de Silent Spring[e] de Rachel Carson, que apareció en 1962, el público fue más consciente y estaba más preocupado los venenos malignos que ensuciaban su aire, su agua su suelo y sus cuerpos. Con el vertido de petróleo de Santa Barbara en 1969[f], el cada vez más denso esmog en las asfixiantes ciudades y el río Cuyahoga estallando en llamas a su paso por Cleveland el 22 de junio de 1969[g], los ataques contra nuestro espacio vital eran algo evidente.1 El elitista movimiento para la conservación, que nunca había encontrado una buena acogida entre los estadounidenses, se hizo “relevante” de la noche a la mañana adoptando el nuevo objetivo de atacar las amenazas que principalmente dañaban a la gente –el smog, los venenos en nuestra comida, los ríos contaminados, los atascos de tráfico, los peligrosos Pintos[h] y las grandes empresas irreflexivas, insensibles e incluso malvadas. Los conservacionistas habían sido hasta entonces una panda de excursionistas, montañeros y cazadores deportivos. Sin embargo, los ecologistas eran madres, padres e hijos. Los bosques profundos con altos árboles que se extendían a lo largo de varias millas, la vida silvestre[i] y los Parques Nacionales estaban bien pero, a fin de cuentas, lo primero es la salud, la seguridad y la calidad de vida de los seres humanos. En la actualidad, el movimiento ecologista ha ido echando sus redes cada vez más lejos, más allá de combatir la contaminación y proteger la naturaleza[j], hasta abarcar la justicia social, el anticolonialismo, el feminismo, los derechos de los animales y las políticas verdes

Y así es como se creó el Mito del Movimiento Ecologista. Lo promueven de diversas maneras los académicos y los noticiarios, y se lo creen el público, los políticos y muchos de aquellos que pertenecen a organizaciones  tanto conservacionistas como medioambientalistas.

Sin embargo, es falso.

 

John Muir se solía sentar al lado de cualquier flor que le resultase nueva y trataba de estudiarla para conocerla. Sentémonos, haciendo un alto en nuestro camino, aquí, junto al Mito del Movimiento Ecologista, para poder observarlo pétalo a pétalo, raíz a raíz y tratar así de saber cómo es. Podemos dividir este mito en cuatro conjuntos de creencias:

(1)  La primera y principal, el Mito del Movimiento Ecologista, afirma que en general tanto quienes se preocupan por la contaminación como quienes se preocupan por las Especies En Peligro2, tanto quienes se preocupan  por el transporte urbano como quienes se preocupan por la naturaleza salvaje, tanto quienes se preocupan por la salud humana como quienes se preocupan por la “ecología” constituyen un solo tipo de gente.

(2)  El Día de la Tierra de 1970 es promocionado como la fecha en que la conservación se amplió dando lugar al vivaz, simpático y poderoso movimiento ecologista. El veterano reportero medioambiental del New York Times Phil Shabecoff escribía, “En los años siguientes al Día de la Tierra, el ecologismo, en su día considerado el lujo egoísta de una élite privilegiada, se convirtió en la “causa de Estados Unidos”.3 

(3)  El Mito afirma que, antes del Día de la Tierra, la conservación estaba decayendo, era desconocida para la mayoría de los estadounidenses y era políticamente débil. En 1971, incluso el despierto, clarividente y perspicaz experto en ecología humana Paul Shepard escribía, “En 1970 la larga pero poco conocida cruzada en favor de la conservación, en su día dominada por ‘amantes de la naturaleza’ y dedicada modestamente a una mezcla de actividades de recreo y mejoras del uso de la tierra, pasó de repente a formar parte de las preocupaciones nacionales”.4

(4)  El medioambientalismo es sobre todo algo relativo a la salud humana. Allá por 1994, el fundador de la Asociación Nacional de Médicos a favor del Medioambiente (ANMM)[k], el Dr. John Grupenhoff, decía, “Todo problema medioambiental es o acabará siendo un problema de salud. Por consiguiente, la prevención de la contaminación es prevención de la enfermedad”.5 (No sé qué ha sido de la ANMM, pero hoy en día hace mucha falta algo similar).  

Permítaseme desmenuzar cada una de estas creencias, con nuestro bisturí, nuestras pinzas y nuestra lupa y para que podamos entonces observar más detalladamente su ridículo mito hecho de retales hilvanados; para que podamos ver que el medioambientalismo y la conservación no son lo mismo. 

Lo primero, yo no creo que haya un “Movimiento Ecologista”. Más bien, lo que veo es el trabajo para mantener las tierras y la fauna salvajes[l] como el movimiento o red para la conservación  y el trabajo para parar el daño que la tecnología causa a la salud humana y a la calidad de vida como el movimiento medioambientalista, al cual sería mejor llamarlo red para la salud humana. Mi amigo David Quammen, autor de The Song of the Dodo[m] y quizá el mejor escritor sobre biodiversidad que existe, piensa en gran medida como yo. En una entrevista que concedió en 1999, dijo, “La preservación de la diversidad biológica y la limpieza del medioambiente no son una sola empresa. … la conservación y el medioambientalismo no son lo mismo”6. En su columna en la revista Outside, “Natural Acts,” había escrito unos años antes, “La expresión ‘medio ambiente’ significa el conjunto de lo que rodea a alguna cosa central y preeminente. Esta cosa central … es la vida humana. Por tanto, la propia expresión ‘medio ambiente’ conlleva la presunción de que la humanidad es el protagonista de un drama con un solo personaje en torno al cual todo lo demás es meramente escenario y proscenio”. Y seguía diciendo, “El medioambientalismo no es algo perverso en esencia. Es sólo una comprensible campaña en favor del interés propio, por parte de nuestra especie, con unas implicaciones potencialmente terribles para el mundo en general. Lo que parece perverso es confundir el medioambientalismo con la conservación”.7 Me gustaría que más de mis amigos conservacionistas tuviesen en cuenta estas palabras y depurasen su lenguaje. Manchar la conservación con el nombre de “ecologismo” no sólo es equivocado, es perjudicial a la hora de proteger a los seres salvajes.          

El difunto naturalista canadiense John Livingston, escribía hace treinta años en su implacable libro, The Fallacy of Wildlife Conservation, que “el ‘medioambientalismo’ … no debería ser confundido con la preservación de la vida silvestre”.8 Muchos otros conservacionistas asienten al oír que la conservación y el medioambientalismo no son la una misma cosa (aunque bastantes menos medioambientalistas hacen lo mismo). De modo que, llamaré conservación a proteger las tierras salvajes y la vida silvestre, medioambientalismo a luchar contra la contaminación y “Movimiento Ecologista” (entre comillas y con mayúsculas para mostrar que es algo ficticio) a las redes que juntan ambas tendencias. Hoy por hoy, para la mayoría de la gente, la conservación y el medioambientalismo son lo mismo (este es uno de los motivos por los que estoy escribiendo este libro, después de todo). Yo mismo me he visto envuelto en varias acaloradas discusiones debido a esta creencia –la mayoría de las veces con un puñado de medioambientalistas y de académicos. Los conservacionistas reflexivos, con un conocimiento más sólido, profundo y directo (obtenido desde el interior del propio movimiento de la conservación), tienden bastante más a ver ambos movimientos de forma separada. A algunos de éstos les preocupa, sin embargo, que marcar demasiado las diferencias sea dañino. En estos malos tiempos que corren, sienten que los amantes de lo salvaje necesitamos todos los amigos que podamos conseguir. Ver ambos movimientos como diferentes, no obstante, no implica que no puedan trabajar juntos.

Segundo, ese fragmento acerca de que la conservación es un “lujo” que tiene poco que aportar es una completa sandez, como ya he mostrado en mis libros, The Big Outside[n], Confessions of An Eco-Warrior[o] y Rewilding North America[p]. De hecho, a lo largo de los últimos ciento cincuenta  años, han sido los conservacionistas quienes han aportado a Estados Unidos la mayor parte de lo mejor de todo aquello en que está basado nuestro país. Los conservacionistas ya habían acumulado muchas victorias y habían hecho muchos progresos antes de 1970.

A partir de principios de los años 50 del siglo XX, pararon el proyecto de construcción una presa en el Monumento Nacional Dinosaur, consiguieron que se protegiesen casi diez millones de acres[q] en las tierras salvajes[r] del ártico en el noreste de Alaska, consiguieron que el Congreso aprobase y que el presidente Johnson firmase la Ley de Espacios Salvajes[s] y el Sistema Nacional para la Preservación de las Zonas Salvajes[t] y que comenzase a constituirse un Sistema Nacional de Ríos Paisajísticos y Salvajes[u] consiguiendo de este modo que algunas corrientes de agua pudiesen seguir fluyendo libremente, sin presas. Cada una de estas victorias fue grande, GRANDE. No creo que hoy en día pudiésemos lograr que se aprobase la Ley de Espacios Salvajes. A finales de los años 60, se ganaron grandes batallas para declarar nuevos Parques Nacionales en los bosques de secuoyas del norte de California y en la parte norte de la cordillera Cascades de Washington, así como para parar la construcción de presas en el Gran Cañón. Estas luchas fueron noticia en todos los Estados Unidos. Incluso con los candentes temas de Vietnam y de los derechos civiles ocupando los periódicos y las televisiones, las secuoyas y el Gran Cañón consiguieron ser noticia.

Un hecho ampliamente pasado por alto por aquellos que muestran desdén por la “irrelevancia” de los “elitistas” es que los miembros del Congreso en sus despachos (y de cara a sus votantes), entre 1965 y 1971, llamaban a los conservacionistas de la época previa al Día de la Tierra los “gatos monteses” de las Leyes para la Protección de las Tierras Salvajes. Estas leyes dedicadas a declarar Áreas Salvajes Protegidas promovidas por los gatos monteses, fueron preparadas y fomentadas por  hombres -y mujeres- aficionados a la naturaleza[v] que conocían las tierras y contra los que el Servicio Forestal[w] (desde los guardabosques en el campo hasta su jefe en Washington) luchó a brazo partido. El peso político de los gatos monteses fue enorme ya que condujo directamente a la creación de los inventarios de zonas sin carreteras y, a la larga, a la Normativa sobre Zonas Sin Carreteras del 2001[x], la cual, de un solo golpe, hizo más por conservar salvajes las zonas salvajes de los Estados Unidos que cualquier otra acción aislada llevada a cabo en los 48 estados contiguos.9 Todas estas luchas captaron la atención y el apoyo de mucha gente en todo el territorio nacional.10

Es igualmente cierto que el Día de la Tierra, junto con la ola de indignación respecto a la contaminación, condujo a hitos históricos en la legislación a principios de los años 70 en lo concerniente a la calidad del aire, del agua y cosas similares. Me encantaría ver este estallido social de nuevo –esta vez en contra de la contaminación causada por los gases de efecto invernadero. Así que no estoy menospreciando el descontento que había en los años 60 respecto a cómo las grandes empresas nos estaban envenenando; aquí sólo quiero mostrar que la lucha por la protección de tierras públicas ya estaba funcionando por sí misma mucho antes, y siguió haciéndolo mucho después, del Día de la Tierra de 1970.

Además, la gente de la conservación no estaba muy interesada en la celebración del Día de la Tierra. El Dr. Edgar Wayburn, vicepresidente del Sierra Club[y] en aquella época, y ya incluso entonces un inteligente e incansable guerrero a favor de la naturaleza, advertía, “No podemos cejar en el anticuado empeño de batallar por las zonas salvajes[z]”, en respuesta al llamamiento a subirse al carro anticontaminación.11

Tercero, el movimiento para la conservación previo al Día de la Tierra había reunido a una amplia cantidad de estadounidenses. La conservación de después del Día de la Tierra siguió atrayendo aún más gente –no sólo a aquellos que estaban preocupados por la contaminación o a aquellos a quienes el Día de la Tierra les animó a hacer algo, sino a muchos de quienes formaban parte de las crecientes multitudes de excursionistas, observadores de aves y aficionados a descender ríos de aguas bravas y a pescar con mosca que luchaban por salvar de la destrucción sus lugares predilectos, así como a aquellos que decidieron actuar tras haber sabido de la extinción generalizada se la vida silvestre y de la aniquilación a gran escala de los ecosistemas. En los años 60, la campaña a favor de la Ley de Espacios Salvajes y en pro de declarar nuevas Áreas Salvajes Protegidas[aa] por la misma dio lugar a una creciente red popular de grupos de base, que siguió creciendo durante los años 70 y 80. La creencia de que la gente involucrada en la conservación antes del Día de la Tierra era elitista es superficial y exagerada. Es mantenida y difundida por aquellos que no estuvieron allí, por aquellos que no han hablado con quienes sí estuvieron y por aquellos que no han leído The Living Wilderness, el Sierra Club Bulletin y el resto de escritos sobre conservación de aquella época. Las personas que yo he conocido que ya trabajaban en favor de las Áreas Salvajes Protegidas[bb] antes de que yo llegase en 1971 eran sobre todo gente de clase media; entre ellos eran contados los que podrían ser considerados “de sangre azul”. El único sentido en que podrían ser considerados una élite es en lo que respecta a su conocimiento de la naturaleza[cc], su bondad, su sabiduría y su amplitud de miras, los cuales, ciertamente, constituyen el tipo de elitismo que realmente importa, el tipo de elitismo –o de aristocracia natural- que Thomas Jefferson esperaba que pudiese surgir en la nueva República estadounidense a medida que ésta creciese.

Cuarto, resulta que coincido con el Dr. Drupenhoff. El medioambientalismo trata acerca de la salud humana. Los medioambientalistas deberían ser quienes estuviesen más dispuestos a reconocerlo. No es conservación. No trata acerca de la naturaleza salvaje. Sin embargo, no necesariamente tiene por qué estar en contra de proteger a los animales salvajes[dd] y de dejar que la evolución siga su curso. El medioambientalismo es un gran amigo de la conservación, del mismo modo que la conservación lo es del medioambientalismo.

 

Estoy analizando el Mito del Movimiento Ecologista refiriéndome a unos pocos de sus aspectos. Básicamente, como acabo de mostrar, está equivocado. Es un cajón para calcetines, lleno de calcetines, sujetadores, ropa interior, guantes, bombillas, destornilladores… Es un mapa que no representa el territorio –si lo tomas como guía, te vas a perder. Usar la expresión “Movimiento Ecologista” para nombrar tanto a quienes trabajan para proteger la naturaleza salvaje y preservar el conjunto de la vida silvestre amenazada como a quienes trabajan para limpiar la contaminación y hacer que nuestras ciudades sean habitables, no es un buen modo de representar a estas personas y grupos.

Juntar a dos movimientos que son completamente diferentes dentro de uno solo provoca riñas y peleas, como en un mal matrimonio. Así, podemos oír a algunos medioambientalistas despreciar el trabajo a favor de las Áreas Salvajes Protegidas[ee] y de las Especies En Peligro como si fuese algo insignificante y ridículo, o incluso algo peor.

Algunos consultores, encuestadores y patrocinadores que proceden de entornos medioambientalistas o comunitarios en lugar de ambientes relacionados con actividades relativas a la naturaleza, están aconsejando a organizaciones conservacionistas valientes y esforzadas que desafilen sus lenguas, que se sienten a charlar y que traten de llegar a acuerdos con las demás “partes interesadas”. Nos dicen que hablemos acerca de la gente, no de la vida silvestre, y que ocultemos nuestro amor por los seres salvajes por el propio bien de éstos.

Si pensamos que existe un solo “Movimiento Ecologista”, sin fisuras, a aquellos que amamos la naturaleza salvaje y la vida silvestre nos va a costar mucho detectar y reconocer a aquellas tendencias dentro del “Movimiento Ecologista” que menosprecian e impiden la protección y reconstrucción de los entes salvajes.

Y para acabar, el “ecologismo” tiene una dudosa, cuando no abiertamente mala, reputación entre algunos de aquellos que podrían apoyar seriamente la conservación de la tierra y la vida silvestre. Entre esta gente hay algunos cazadores y pescadores, habitantes de pequeños pueblos a quienes les gustan las aves y los árboles y republicanos[ff] o independientes reflexivos que aún creen en la prudencia y la responsabilidad.

Así que, mientras la conservación siga siendo confundida y mezclada con el medioambientalismo, me temo que va a ser cada vez más difícil sacar a la luz la verdadera historia de la conservación y evitar que la naturaleza salvaje y la vida silvestre sean ninguneadas. 

 

Notas:

 

1.     En el periodo entre finales del siglo XIX y la década de los 50 del siglo XX, no era nada raro que los ríos de zonas industriales estallasen en llamas. Sin embargo el, hasta entonces inaudito, revuelo que se montó en relación al Cuyahoga en 1969 fue un hito para el gran cambio en la mentalidad estadounidense. Christopher Maag, “From the Ashes of ’69, a River Reborn”, The New York Times, 21 de junio, 2009.

2.     “En peligro”[gg] y “Amenazada”[hh] son denominaciones legales, según la Ley de Especies En Peligro[ii], para aquellas criaturas que están próximas a la extinción. De modo que cuando las escribo refiriéndome a este significado legal, las pongo con mayúscula.

3.     Shabecoff, A Fierce Green Fire (Island Press, 1993), 114.       

4.     Paul Shepard, “Preface One”, en Paul Shepard y Daniel McKinle (eds.), Environ/Mental: Essays On The Planet As A Home (Houghton Mifflin Company, Boston, 1971), vii. Shepard acabó descontento con las organizaciones conservacionistas de finales de los años 50 porque sintió que no hicieron lo suficiente para combatir la tala comercial en el Parque Nacional Olympic. También creía que la conservación estaba siendo demasiado superficial respecto a lo que combatía, que necesitábamos una visión mucho más profunda de los males asociados a la modernidad.  

5.     Michael Castleman, “Dr. Clean”, Sierra, Enero/Febrero 1994, 22.

6.     “An Interview with David Quammen”, Wild Duck Review, Invierno 1999.

7.     David Quammen, “Dirty World, Clean Place”, Outside, Agosto 1991, 25-26.

8.     John Livingston, The Fallacy of Wildlife Conservation (McClelland and Steward Limited, Toronto, 1981), 19.

9.     Trataré de los gatos monteses de las leyes para la protección de áreas salvajes en uno de mis próximos libros, Conservation vs. Conservation.

10. La película acerca de David Brower, Monumental: David Brower’s Fight for Wild America, muestra cómo las luchas por las tierras públicas en los años 50 y 60 del siglo XX eran algo ampliamente conocido, al igual que lo hace el libro de Roger Kaye, Last Great Wilderness: The Campaign To Establish the Artic National Wildlife Refuge (University of Alaska Press, Fairbanks, 2006).

11. Mark Dowie, Losing Ground: American Environmentalism at the Close of the Twentieth Century (The MIT Press, Cambrigde, Ma, 1995), 25

           



[a]Adaptación del capítulo 1 de Take Back Conservation,  de Dave Foreman. (Raven’s Eye Press, 2012). Copyright ©2012 Dave Foreman

[b] Traducción de “The Myth of the Environmental Movement” de Dave Foreman, “Around the Campfire” nº 40 (22 de julio, 2012). Original disponible online en Rewilding Earth: https://rewilding.org/wp-content/uploads/2012/07/40-The-Myth-of-the-Environmental-Movement.pdf. N. del t.

[c] “In the years following Earth Day, environmentalism, once regarded as de self-serving indulgence of a privileged elite, became ‘America’s cause’. …” en el original. N. del t.

[d] “Environmental movement” en el original. El término “environmental” significa literalmente “medioambiental” o “ambiental” y, por tanto, su derivado “environmentalism” se traduciría literalmente como “medioambientalismo”. Sin embargo, dado que “environmentalism” suele traducir habitualmente como “ecologismo” y que algunos, como Foreman y este traductor, diferencian atinadamente entre medioambientalismo (es decir, aquellas luchas a favor de un medioambiente artificial más habitable y socialmente justo) y conservacionismo (es decir, aquellas luchas en defensa de la Naturaleza) en particular y ecologismo en general (es decir, el inverosímil batiburrillo supuestamente constituido por las dos corrientes anteriores, que a menudo son incluso incompatibles), en este texto se traducirá de una u otra forma según el contexto y según aquello a lo que el autor parezca referirse en cada caso.

[e] Publicado por Houghton Mifflin Company. [Existe edición en castellano: Primavera Silenciosa, Crítica, 2016] N. del t.

[f] Vertido de petróleo ocurrido a principios de 1969 cerca de Santa Barbara, California. Es el tercer mayor derrame de petróleo de la historia de los Estados Unidos, hasta la fecha. N. del t.

[g] El autor se refiere a uno de los varios episodios históricos en los que dicho río, debido a la alta densidad de contaminación que llevaban sus aguas, se incendió literalmente. N. del t.

[h] Foreman se refiere al automóvil modelo Pinto de la marca Ford. Este modelo se hizo famoso por sus graves fallos de seguridad. N. del t.

[i] “Wildlife” en el original. El término “wildlife” suele hacer referencia sobre todo a la fauna salvaje, pero dado que Foreman suele referirse a la protección de los seres o entes salvajes en general (“wild things”) en sus textos, en este texto ha sido traducido como “vida silvestre” para incluir también al resto de seres vivos que forman parte de forma natural de los ecosistemas salvajes. N. del t.

[j] “Wilderness” en el original. Término inglés que se refiere a zonas poco o nada humanizadas. Aquí, a menos que se indique de otro modo, se ha traducido simplemente como “naturaleza” o como “naturaleza salvaje”, según el caso. N. del t.

[k] “National Association of Physicians for the Environment (NAPE)”, en el original. N. del t.

[l] “Wildlands and wildlife” en el original. N. del t.

[m] The Song of the Dodo: Island Biogeography in an Age of Extinctions, Scribner, 1996. N. del t.

[n] The Big Outside: A Descriptive Inventory of the Big Wilderness Areas of the United States, Dave Foreman y Howie Wolke, Three Rivers Press, 1989. N. del t.

[o] Broadway books, 1991. N. del t.

[p] Rewilding North America: A Vision for Conservation in the 21st Century, Island Press, 2004. N. del t.

[q] 1 acre equivale a unas 0,4 hectáreas. N. del t.

[r] “Wilderness” en el original. N. del t.

[s] “Wilderness Act” en el original. N. del t.

[t] “National Wilderness Preservation System” en el original. N. del t.

[u] “National Scenic and Wild Rivers System” en el original. N. del t.

[v] “Outdoorsmen” en el original. N. del t.

[w] “Forest Service” en el original. N. del t.

[x] “2001 Roadless Area Rule” en el original. N. del t.

[y] El Sierra Club es una de las organizaciones conservacionistas más importantes de Estados Unidos. N. del t.

[z] “Wilderness areas” en el original. N. del t.

[aa] “Wilderness Areas” en el original. Cuando Foreman escribe “Wilderness Areas” con mayúscula se refiere a las áreas salvajes protegidas. Véase, por ejemplo, la nota 2 de “Where Man Is a Visitor”, en Place of the Wild, David Clark Burks (ed.), Island Press, 1994. [Existe traducción al castellano: “Állá donde el hombre es un visitante”, en Naturaleza Indómita: http://www.naturalezaindomita.com/textos/naturaleza-salvaje-y-teora-ecocntrica/all-donde-el-hombre-es-un-visitante] N. del t.

[bb] Ídem. N. del t

[cc] “Woodcraft” en el original. N. del t

[dd] “Wildeors” en el original. “Wildeor”, literalmente “bestia salvaje” (“wilde-deor”), es una palabra inglesa antigua de origen germánico que a Foreman le gusta utilizar para referirse a la fauna salvaje y que, según él, es la raíz etimológica de “wilderness” (“wilde-deor-ness”, “lugar en que habitan las bestias salvajes”). Véase por ejemplo, la entrevista con Jeremy Lloyd, “Redneck for Wilderness: Earth First! cofunder Dave Foreman on being a true conservative”, publicada en The Sun, 15 de diciembre del 2005. N. del t.

[ee] “Wilderness Areas” en el original. N. del t.

[ff] Se refiere a los simpatizantes o miembros del Partido Republicano de los Estados Unidos, es decir, a gente que tradicionalmente es (auto-)considerada “de derechas” o conservadora y, por tanto, normalmente contraria a muchos de los aspectos progresistas e izquierdistas del medioambientalismo. El propio Foreman presume a menudo de ser uno de ellos.

[gg] “Endangered” en el original. N. del t.

[hh] “Threatened” en el original. N. del t.

[ii] “Endangered Species Act” en el original. N. del t.