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Algunas verdades acerca de hacerse primitivo

PRESENTACIÓN DE “ALGUNAS VERDADES ACERCA DE HACERSE PRIMITIVO”

 

Este artículo relata la experiencia personal de alguien que ha tratado realmente de vivir de forma primitiva en la época actual. El autor no es un teórico primitivista que hable de lo fácil y cómoda que resultaba la vida primitiva sin haber intentado nunca experimentar mínimamente dicho modo de vida o acercarse siquiera parcial y temporalmente a la Naturaleza. Esto es precisamente lo que hace que este artículo pueda ser considerado, como mínimo, interesante y, en cierto modo, respetable por todos aquellos que compartan el interés del autor por la Naturaleza salvaje y la vida primitiva.

De todos modos, para juzgar adecuadamente lo que se dice en este artículo es preciso tener en cuenta algunas otras cosas. La primera es que el autor del texto ya no vive de modo primitivo en la actualidad. Los lectores (especialmente aquellos que sepan inglés) pueden mirar las siguientes direcciones de Internet para hacerse una idea de la evolución seguida por el autor desde que escribió este artículo a finales de los 90 del siglo XX:

http://web.ics.purdue.edu/~laddb/

www.permacultureglobal.com/users/1779-brent-ladd

http://www.agreenerindiana.com/profile/BrentLadd

La segunda cosa que se ha de tener en cuenta es que, a pesar de que el autor relata sus experiencias de primera mano y de que en muchos casos no son precisamente idílicas, es posible que ello no impida, de todos modos, que caiga en la idealización de algunos de los aspectos del modo de vida primitivo. Descubrir dichas posibles idealizaciones será tarea de los lectores.

La tercera cosa importante a tener en cuenta para poder juzgar y entender en su justa medida el valor de este texto es que se refiere a la experiencia de un estadounidense, es decir, las circunstancias del autor y las de los lectores españoles seguramente sean muy distintas y hagan que muchas cosas que allí son factibles aquí sean irrealizables.

Y por último, la cuarta y quizá la más importante cosa que hay que tener en mente a la hora de leer este texto es que, si bien el interés por la Naturaleza salvaje y lo primitivo es un rasgo habitual (y probablemente imprescindible) en aquellos individuos no izquierdistas que sienten rechazo por la sociedad tecnoindustrial y por la civilización, lo contrario no es necesariamente cierto. No todos los amantes de la Naturaleza salvaje y de lo primitivo odian la civilización, ni siquiera la sociedad tecnoindustrial. O dicho de otro modo, por mucho interés personal que sientan por la vida primitiva y por la Naturaleza, la tarea prioritaria (tanto colectiva como individual) de aquellos que desean acabar con la sociedad industrial no ha de ser intentar volver a vivir ellos de un modo primitivo, preindustrial, o algo similar, sino tratar de crear y fortalecer un movimiento cuyo fin sea ayudar a la destrucción de la sociedad tecnoindustrial. A menudo, por desgracia, muchos confunden y mezclan ambos fines, sin ser capaces de diferenciarlos.

 

ALGUNAS VERDADES ACERCA DE HACERSE PRIMITIVO[i]

Por Brent Ladd

¿Así que estáis pensando en cambiar de ritmo? ¿Deseáis dejar atrás la lucha por promocionar vuestras carreras y lanzaros de cabeza a ese lago salvaje de vuestros sueños llamado Modo de Vida Primitivo (a ser posible sin siquiera tener que pasar primero por la casita en el campo con ovejas, gallinas y un huerto biológico)? ¡Estupendo! Vuestra compañía es bienvenida. Veréis, yo me zambullí en él hace dos años, y todavía me mantengo a flote, aunque a veces justo por los pelos.

En estos momentos estoy viviendo en el norte de Michigan, junto con algunos otros pocos individuos que también han oído la llamada de lo salvaje y han respondido a ella.

Steve Hulsey, redactor de Wilderness Way, me pidió que escribiese contando mi periplo a lo largo de los últimos años, y acerca de cómo siento y experimento los hechos propios de un modo de vida primitivo.

Quiero hacer todo lo que esté en mi mano para animar a aquellos de vosotros que buscan llevar este modo de vida. No obstante, también voy a contar las cosas exactamente tal y como son.

Todo lo que he experimentado en los últimos años me ha llevado a desarrollar cierta noción de qué es lo que va mal en el mundo. Creo que hay muchos seres humanos maravillosos que están siendo deprimidos, devastados y oprimidos por la enloquecida sociedad que les rodea. Su verdadero deseo es vivir tan cercanos a la tierra[ii] como les sea posible. Quizá nadie más sepa que sienten eso y no se lo digan a nadie por miedo al rechazo y al ridículo. Así su secreto consume sus pensamientos y sus sueños y continúan siguiendo las pautas de esa enloquecida sociedad, viviendo sólo en sus cabezas el modo de vida que realmente desean. Sé lo que es esto y quizá algunos de los que estéis leyendo esto también lo sepáis. Espero, asimismo, que los lectores puedan aprender de los errores que yo he cometido. No voy a escribir una encantadora y edulcorada historia acerca de la vida primitiva, pero sí diré que las satisfacciones, las alegrías y la libertad que he experimentado compensan con creces cualquiera de las dificultades que he encontrado. Así que, esto no es una idealización de la vida primitiva, sólo el lado humano de mi experiencia al respecto.

¿Cómo es la vida primitiva? ¿Cuáles son las dificultades, las concesiones, los avances y las satisfacciones que conlleva? Al final del artículo comentaré cuáles considero que son los dos aspectos más importantes del modo de vida primitivo. No figuran en ningún manual de supervivencia, pero pueden determinar el éxito que uno tenga a la hora de lograr vivir en la naturaleza salvaje.

A veces pienso que estaba predestinado a llevar un modo de vida primitivo. Ya de muy joven me fascinaba todo lo que tuviese que ver con los “indios”. Pasaba horas y horas recorriendo los altos herbazales de nuestra granja, disparando flechas y arrojando lanzas. Quizá me influyeron los libros que leía, como, por ejemplo, Island of the Blue Dolphins[iii]. En cierto modo, he cerrado un ciclo en mi vida, volviendo a mi temprana juventud.

Al igual que muchos otros, me crié en una comunidad de granjeros en una zona rural, en Indiana para ser exactos. De niño me encargaba de cuidar de los cerdos, las vacas y, a veces, de los caballos. Me gustaba estar rodeado de animales y pensaba que probablemente yo mismo acabaría siendo granjero. Para cuando me gradué, lo que convenía hacer era cursar estudios superiores, ya que, después de todo, ganarse la vida con la granja se estaba poniendo cada vez más difícil. Vivir en la ciudad, en la universidad, fue desesperante. Yo estaba acostumbrado a vagar por las praderas y los campos de maíz. Trabajé a tiempo parcial para pagarme las clases y los libros, y, claro, también alguna juerga de vez en cuando... Tras dos años de aprender sobre agricultura comercial y zootecnia y de pertenecer a una fraternidad, estaba a disgusto conmigo mismo y con el ambiente universitario. Volví a casa y después, de nuevo a las clases, decidido a acabar lo que había comenzado.

Como mis fines de semana ya no estuvieron ocupados por las fiestas y el flirteo con mujeres, tuve más tiempo para pensar acerca de qué estaba haciendo con mi vida. Incluso entonces, yo ya tenía dudas acerca de si me interesaba estudiar una carrera, especialmente una relacionada con la agricultura comercial. En una de estas, sin pensarlo mucho, me apunté en una asignatura opcional, Silvicultura 240-Vida Salvaje en América[iv], impartida por Fred Montague. No sabía entonces que ésta iba a ser una decisión de importancia capital que iba a determinar el camino que tomaría después. El Dr. Montague es uno de esos profesores excepcionales que va mucho más allá de lo que meramente prescribe el programa académico del curso; de hecho, más bien tiraba el programa por la ventana. En sus clases, no sólo discutíamos acerca de la naturaleza, sino acerca de todos los factores que la afectaban: polución, destrucción de hábitats, capitalismo descontrolado, la propia civilización en sí misma, etc.

Para cuando llegó la fecha de la licenciatura, yo había dado un giro de 180 grados a mi vida. No quería saber nada de la agricultura comercial y dudaba entre montar una pequeña granja o irme a California y tratar de introducirme en el negocio de la música (por entonces yo era guitarrista en una pequeña banda de rockanroll). Estaba deprimido, sin trabajo. Es gracioso cómo, cuando piensas que has tocado fondo, las cosas cambian de repente. Algo se iluminó. Me gustaban los animales y me gustaba observarlos. Tenía un montón de experiencia en trabajar con animales de granja. ¡Me dedicaría a estudiar el comportamiento de los animales de granja! ¿Existía tal trabajo? Una llamada de teléfono y, unos pocos días después, me encontraba en el despacho de un famoso experto en el comportamiento de los animales de granja, el cual tenía a su cargo a una estudiante de postgrado que estaba estudiando los efectos de la música en los animales de granja. El profesor me puso en nómina. No perdí el tiempo. Mi trabajo era ayudar a su estudiante con las investigaciones. Pronto programé un estudio de postgrado propio con mis propios proyectos de investigación.

Mi compañera estudiante y yo veíamos las cosas del mismo modo y nos llevábamos bien. Hacíamos un magnífico equipo. Antes de que me diese cuenta, estábamos prometidos. Para entonces, yo estaba muy metido en el entorno ecologista. Me había hecho vegetariano, salvo por algunas ocasiones en que comía algo de cerdo criado en la pequeña granja de mi familia. Comencé, cada vez con más empeño, a tratar de cambiar el sistema desde dentro.

Tras un cierto tiempo mi matrimonio comenzó a fracasar y yo ni siquiera lo vi venir. Tras obtener el doctorado, me dirigí a una gran universidad del sur para estudiar el comportamiento y la consciencia en los animales. Las cosas se torcieron y mi mujer y yo acabamos trabajando para el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de América, estudiando el bienestar animal.

Mi matrimonio era un desastre, aunque yo aún seguía sin darme cuenta. Fue una época oscura para mí. Me tomé una semana de vacaciones y me fui de misión humanitaria a los arrabales de Juárez, una ciudad fronteriza de México. Si uno tuviese que sacarse un graduado para poder llevar una vida primitiva, pienso que visitar un país del “tercer mundo” debería ser una asignatura imprescindible. Las ideas que podamos tener acerca del materialismo y sobre qué es lo que nos sobra, rápidamente se verán afianzadas.

Sentí muy reforzada mi decisión de dejar atrás el modo de vida materialista/civilizado. Lo que no tenía muy claro era adónde ir para dejarlo atrás.

Un amigo me envió un paquete con información acerca de escuelas de supervivencia en la naturaleza. Entre ellas, vi una que me llamó la atención. Les escribí una pequeña nota diciéndoles que me interesaría contactar con ellos. Me respondieron diciendo: “Encantados de conocerte y, por cierto, en estos momentos necesitamos personal”. Mi intuición me dijo: “Tío, ¡ésta es la tuya!”. Mi corazón dijo: “¡Ojo!, que, aunque no felizmente, sigues estando casado y harías mejor en quedarte si quieres que este matrimonio funcione”. Estaba atrapado, por decirlo de algún modo. Mi esposa debió enterarse ya que, para mi sorpresa, me dijo con entusiasmo que, ¡deberíamos aprovechar la oportunidad!

Un mes más tarde, mi mujer y yo nos hallábamos en los bosques del norte de Wisconsin, en la escuela de supervivencia. Sentía que ese iba a ser el principio de mi viaje por el sendero de un modo de vida unido a la tierra[v]. De todos modos, si quieres navegar en canoa por ríos salvajes tienes que aceptar que habrá rápidos y cascadas. Dos semanas después de llegar a la escuela, mi mujer me dejó claro que no quería seguir con el matrimonio. Eso me destrozó. Sólo aquellos que se han divorciado alguna vez pueden entender la oscuridad, el dolor y la ansiedad que supone dicha experiencia. Me había precipitado por la catarata y me estaba ahogando. De hecho, durante un tiempo, pensé que sería mejor morir en lugar de tener que soportar el sufrimiento y la desolación que estaba sintiendo.

Ahora estaba sólo, pero durante los pocos meses que residí en la escuela de supervivencia, hice algunos buenos amigos y comencé a aprender algunas de las técnicas básicas de la vida primitiva. También aprendí a manejar una canoa y a vivir en un refugio primitivo. Era mi primer contacto con el modo de vida primitivo, y aún quería más.

Me sentía inquieto, me estuve moviendo por los bosques del norte de Wisconsin. Construí un campamento propio consistente en un wikiup[vi] cubierto de corteza de abedul, junto a un pequeño lago lleno de peces. Como no tenía dinero y deseaba hacer mi propia ropa de piel de ciervo, ofrecí mis servicios a cambio de pieles. Trabajé poniendo techo de pladur en la reforma de una carnicería local, un trabajo duro, y a cambio recibí un montón de pieles de ciervo. En esa época, yo no sabía aún lo bastante como para procurarme un suministro de comida suficiente cazando y poniendo trampas, así que tuve que elegir rápidamente entre pedir una ayuda a la administración o buscar trabajo para poder comer. Acepté un empleo temporal mal pagado en una granja durante un mes. De nuevo, o bien se produjo una intervención divina o bien tuve más suerte que un tonto. Sucedió que era una granja con una producción diversificada y me permitieron llevarme a casa varias bolsas de enormes manzanas y también todas las calabazas[vii] que quisiese. Esto supuso una bendición para mi dieta.

No mucho después, encontré en buenas condiciones el cadáver de un ciervo atropellado que me abasteció de carne durante el invierno. ¡Estaba empezando a creer que rezar servía de algo después de todo!

Así que, había abandonado un puesto como investigador bien remunerado, había pagado mis deudas y con los pocos cientos de dólares que me quedaban, había vagado por los bosques de Wisconsin, ganando gradualmente confianza en mi capacidad para sobrevivir. Era un oportunista que haría cualquier cosa que fuera necesaria para sobrevivir sin tener que volver a la civilización. En efecto, había roto con la civilización a nivel mental y emocional. Confiaba más en mí mismo y estaba descubriendo mi verdadera herencia. Saber que el 99,95% de mis antepasados habían llevado un modo de vida cazador-recolector reforzaba mi ánimo. Mis sueños comenzaron a cambiar, desde ser perseguido por hombres armados por las calles de una ciudad a escenas de paisajes y gentes ancestrales.

Los grandes deshielos del Lago Superior hacen que los bosques estén aún más silenciosos. Tenía muchísimo tiempo para estar solo reflexionando acerca de mi pasado, del presente y del futuro desconocido. Este tiempo de tranquilidad me ayudó a sanar de mis viejas heridas emocionales. Los días y noches pasados en el wikiup de mi campamento fueron increíblemente impresionantes para mí. La primera noche en el wikiup fue a finales de la luna del cazador (finales de octubre). La escarcha flotaba en el aire; mi estación favorita. Salté de la cama de ramas de abeto balsámico[viii] cuando una lechuza se posó en un árbol cercano y, ¡lanzó un grito espeluznante! Si has oído eso de cerca, sabrás de lo que hablo. El siguiente atardecer, unos pocos coyotes bajaron al lago y anunciaron su presencia con agudos ladridos y aullidos. “¡Así que esto era la naturaleza[ix]!”, pensé. Unas semanas más tarde, oí por primera vez un aullido de lobo. Había una manada de lobos en la zona, aunque poca gente los había oído o visto.

Sí, me he extraviado en los bosques en varias ocasiones, ¡y es algo que hace que el corazón dé un vuelco y se acelere! Dejé el sendero pisoteado y, justo cuando volví la cabeza, pisé en un agujero y me caí. Estaba un poco desorientado cuando me volví a poner en pie y el cielo se había nublado. Nada me parecía familiar. El dicho que reza: “las cosas parecen totalmente diferentes al volver que al ir” es una gran verdad. Me paré y traté de busca mis propias huellas, lo cual no es nada fácil cuando el sol brilla en un bosque pantanoso de cedros[x]. Cuando las hube encontrado, parecía que iban en todas direcciones. Se empezaba a hacer tarde. Mi respiración hasta entonces sosegada, se aceleró un poco. Cuando uno está en un enmarañado bosque pantanoso de cedros y alisos[xi] y no ve claro qué dirección tomar para salir de allí, comienza a preocuparse. Tomé la dirección que creía que era aquella por la que había venido, sin darme cuenta de que era exactamente el camino opuesto al que quería seguir, y luché por abrirme paso a través del pantano bajo la bóveda de alisos. Mi cara y brazos estaban llenos de arañazos, chorreaba sudor, me hundía hasta las rodillas en el barro con cada paso y estaba totalmente confuso. Debí perder toda noción del tiempo y del espacio pero, al final, por fortuna, llegué a una pista forestal.

Durante este periodo que considero que corresponde a los primeros momentos de mi intento de adoptar un modo de vida primitivo, tenía lo que yo llamo “el complejo del chamán”. El chamán o curandero es una parte de las culturas nativas glorificada y enfatizada en los medios de masas. Así que, yo, al igual que otros muchos que conozco, estaba bastante influido en este aspecto cuando comencé a aprender acerca del modo de vida primitivo. En otras palabras, aprender todas las plantas y sus usos medicinales me parecía de importancia capital y era lo primero en mi lista de cosas que aprender. Esto no es nada malo en sí mismo, si uno no se queda sólo en ello. Aprender eso me hizo recorrer los bosques, los prados y las riberas de los ríos y me permitió familiarizarme con lo salvaje. Mi primer verano aprendí cerca de cien plantas y sus usos medicinales (¡uno necesita conocer solamente media docena más o menos para tratar la mayoría de las necesidades médicas desde picaduras de abeja hasta cortes y hemorragias, pasando por resfriados!).  No quiero dar a entender que menosprecio a quienes se dedican a curar con plantas. De hecho, aún estoy interesado en ayudar a sanar.

A mediados de mi primer invierno en los bosques del Norte, conocí a una mujer que padecía la enfermedad de Lyme, una terrible y debilitante enfermedad transmitida por las garrapatas de los ciervos. Nos hicimos amigos y deseaba ayudarla de cualquier modo que me fuera posible. Debido a que muchos días se los tenía que pasar en cama, me pidió que me mudase a su casa y cuidara de ella. Le dije que lo haría. Fue muy duro para mí ver a esta persona consumirse a pesar de todo lo que yo intenté hacer para ayudarla. El aura mítica que rodea al “chamán” se desinfló y aprendí un montón acerca de mí mismo y de la fragilidad de la vida humana. Ser un curandero no tiene nada que ver con tambores, cascabeles o cánticos, ni siquiera con cuántas hierbas conoces. De hecho, a esta mujer la ayudó más mi simple presencia, ofreciéndole una mano amiga, escuchándola y dándola a entender que me preocupaba por ella, que las hierbas que le di. Ya no tengo el “complejo del chamán”. Me he dado cuenta de que todos tenemos un potencial único para ayudar y curar por medio de nuestra presencia y apoyo.

Llevaba alejado de los modos de vida civilizados durante más o menos un año y echaba de menos estar con otros que también quisieran vivir de un modo primitivo. Me había mantenido en contacto con unos pocos amigos que conocí el anterior verano en la escuela de supervivencia. Habíamos estado dándole vueltas a la idea de crear una comunidad basada en modos de vida primitivos. Tras detallar dónde situaríamos un campamento primitivo y ponernos de acuerdo en algunas premisas básicas, nació una tribu. Cuando se trata de una tribu o comunidad, el dicho de que “el todo es mayor que la suma de las partes” es muy cierto. Habíamos sido capaces de romper con la civilización a nivel emocional y mental, pero ahora tratábamos de hacerlo a nivel físico viviendo a la antigua usanza.

Pero, ¿qué significa llevar un modo de vida primitivo? ¿Dormir en una cabaña cónica de corteza de abedul, vestir ropas hechas con pieles de ciervo, hacer y usar tus propias herramientas, trampas y armas para abastecerte de carne, y el resto de diversos aspectos que conlleva la vida en la naturaleza[xii]? En las siguientes páginas detallaré ni experiencia a la hora de vivir cerca de la Madre Tierra. De nuevo, no será un relato bucólico, sino más bien algo lleno de concesiones y dificultades, aunque también de satisfacciones y alegrías.

No pretendo afirmar que yo lo sepa todo acerca del modo de vida primitivo o de la supervivencia y no he vivido de este modo lo suficiente como para ser 100% capaz y autosuficiente. Sin embargo, he aprendido mucho y quiero compartirlo. Principalmente, quiero comentar los muchos misterios imprevistos que uno tiene que resolver y comprender antes de poder ir más allá. He llamado a esto “el viaje desde el caos civilizado al paraíso primitivo”.

La mudanza al norte de Michigan fue mi quinta mudanza en un año. Como podéis imaginar, mis posesiones materiales eran las mínimas. Si hay que cargar con ellas, cuantas menos mejor. A menos equipaje, más libertad. Los objetos que se precisan para vivir de modo primitivo son escasos.

Me junté con mis amigos y estaba encantado de ser parte de esta nueva tribu/comunidad. Según mi forma de pensar, este es el verdadero comienzo a la hora de adoptar un modo de vida primitivo; algún tipo de familia. Un matrimonio, otro soltero y yo. Aunque uno, por su propia cuenta, pueda tener un buen comienzo a la hora de vivir de modo primitivo, los seres humanos estamos hechos para vivir juntos, y tener compañía y apoyo es una clara ventaja.

He oído decir que, en situaciones de supervivencia, hay una jerarquía de necesidades: calor (incluida la ropa), agua y comida. Esta jerarquía puede aplicarse también a un campamento primitivo ya instalado; aunque el refugio, el agua y la comida interactúan de todos modos. Nosotros sabíamos dónde íbamos a obtener agua: en un manantial de agua dulce a tres cuartos de milla[xiii] de distancia. Y habíamos estado trabajando en curtir pieles de ciervo con sesos[xiv] para confeccionar ropa. Recolectábamos plantas silvestres comestibles, pero tendríamos que esperar a otoño para poder conseguir carne cazando legalmente. Esto, junto con el hecho de dormir en tiendas de campaña (la pesadilla del poliuretano), hizo que yo pusiera la construcción de refugios primitivos semipermanentes lo primero en nuestra lista de prioridades. No es una tarea fácil, como veréis, ya que implicó una serie de hechos y compromisos que tuvimos que aceptar llegado el momento. Uno de esos hechos es que la mayoría de la tierra en este país es propiedad privada, y la que es considerada pública normalmente supone estrictas limitaciones. Por ejemplo, el bosque estatal que está tras nuestra casa (en realidad está delante de ella, porque la puerta mira hacia él)[xv] está muy controlado. Teóricamente, si te pillan cogiendo, aunque sólo sea, una ramita, podrían ponerte una multa o perder tu permiso (de caza o de trampeo, por ejemplo). Así que uno se halla muy limitado a la hora de decidir dónde situar su campamento. Nosotros dábamos preferencia a estar cerca del agua. Ya que no teníamos el dinero suficiente para comprar tierras, nos establecimos en el terreno de los padres de uno de los miembros de la comunidad. Esto en sí mismo supone hacer una concesión, ya que accedimos a trabajar a tiempo parcial en remodelar una casa a cambio de poder permanecer en el terreno. Pero salió bien, ya que nos pagaron por el trabajo.

Por supuesto, queríamos construir nuestros refugios con los materiales que nosotros mismos recogiésemos en el bosque. Materiales que sirviesen para hacer un refugio eficaz para protegernos de las inclemencias del tiempo del norte de Michigan. Temperaturas que van desde varios grados Fahrenheit bajo cero hasta más de 100 grados Fahrenheit[xvi], y toda la nieve y lluvia que uno pueda desear. Los terrenos aquí son arenosos y no hay mucho humus ni arcilla. Pensamos, al igual que la mayoría de las tribus subárticas, que usar corteza de abedul sería lo ideal. Hacen falta aproximadamente 40-50 buenas piezas de corteza (dependiendo del tamaño de los árboles) para cubrir un wigwam o una cabaña cónica de 12 pies[xvii]. Pedimos un permiso al servicio forestal para recolectar la corteza de varios ejemplares de abedul que estaban ya marcados para ser talados. Tuvimos que pedir prestada una camioneta para transportar la corteza. Nos llevó tres viajes (tres días completos) recolectar la corteza y llevarla hasta donde la íbamos a usar. Algunas de las piezas de corteza las cosimos unas a otras con raíces de pícea, para obtener paneles. Otras las colocamos individualmente sobre la estructura de la cabaña.

Generalmente (y remarco lo de generalmente), uno no puede mejorar lo que a los indígenas les ha funcionado eficazmente durante miles de años. Lo comprobaríamos en esta ocasión y en algunas otras; a menudo, por las malas. El refugio fue sólo el primer ejemplo. Invertimos más energía de la que podáis imaginar en tratar de construir el “refugio primitivo perfecto”, sólo para al final acabar volviendo al diseño básico.

Mientras escribo esto, me viene a la cabeza la facilidad con que a menudo olvidamos que una persona primitiva tenía que apañárselas con sus propias herramientas; esto es, útiles de madera, hueso y piedra. Es sorprendente lo rápido que uno puede destruir y tomar el camino equivocado con las hachas, las palas o las sierras de metal del hombre blanco. Antes de que nos decidiésemos a recoger la corteza de abedul, habíamos intentado construir cabañas de tierra; básicamente refugios subterráneos. Ahora me parece increíble, pero cavamos una fosa de 4 pies de profundo por 16 pies de diámetro (en un suelo de grava y arena), usando palas de acero. Tomamos como modelo de la estructura las cabañas de tierra de los mandan[xviii] (que no profundizan más que un pie). Habíamos talado enormes carpes lupulinos[xix] con hachas de acero para hacer vigas y columnas y andábamos tratando de ingeniárnoslas para encontrar el mejor modo de colocar las vigas del tejado en su lugar. Cada vez se iba haciendo más evidente que la inmensa cantidad de materiales que necesitaríamos para construir la cabaña sería prohibitiva. Además, comenzábamos a preguntarnos acerca de la seguridad que ofrecería la estructura final, sabiendo que toneladas de tierra estarían empujándola en todas direcciones. Estábamos tratando de vivir de forma primitiva con la mentalidad del hombre blanco (léase civilizado).

Después de reflexionar un poco, decidimos intentar lo que originalmente era usado en esa región, cabañas cónicas y wigwams. Decidimos que construiríamos una de cada tipo y así veríamos las ventajas y desventajas de cada cual. Comenzamos con el wigwam, sin embargo, la idea de la cabaña de tierra aún seguía rondando nuestras cabezas, así que decidimos hacer una cabaña cónica de 10 pies (que al final se quedaron en 9) de diámetro dentro del enorme cráter que habíamos cavado y entonces acumular la tierra extraída unos 4 pies en torno a la cabaña.

Nos gustó la idea de intentar recoger en los alrededores los materiales para nuestros refugios y pedimos permiso a los vecinos para cortar algunos tilos[xx] y fresnos[xxi], ya que pensamos que podríamos quitarles la corteza y usarla en lugar de la de abedul, porque no había abedules en las inmediaciones. Dado que solamente teníamos unos pocos árboles que pudiésemos usar, queríamos talarlos para obtener la mayor cantidad posible de corteza. Talar árboles gruesos de 60 pies de altura no es algo sencillo, y casi nos matamos en el intento, aun con la ayuda de una sierra y un hacha de metal. Creo que los árboles estaban tratando de decirnos algo, por el modo en que caían. Los primeros 5 árboles quedaron “colgando” de otros árboles vecinos. Algunos de los árboles se partieron a lo largo al caer (algo muy peligroso cuando se están talando árboles). Después de haber cortado siete árboles, el mensaje empezaba a estar claro: los nativos raramente talaban árboles más gruesos que un antebrazo; en primer lugar, debido al riesgo que entrañaba para sus vidas y, en segundo lugar, a causa del gasto de energía que ello supone. Lo asumimos y durante un tiempo llamamos a nuestra tribu “Los Pequeños Árboles” ya que juramos no cortar más que ramas y arbolillos no más gruesos que un antebrazo.

Habíamos recolectado una buena cantidad de corteza de tilo y fresno. Lección (aprendida por las malas) nº 179: la corteza de tilo se casca, deshilacha y retuerce terriblemente al secarse. Es malísima para hacer cubiertas de refugios. La de fresno también se casca y retuerce, aunque bastante menos. Pronto estuvo muy claro qué es lo que los nativos usaban: corteza de abedul. La corteza de abedul es resistente, no se pudre, es impermeable y además es bonita. Así que al final nos rendimos y pedimos permiso para recolectar corteza de abedul. Si se hace adecuadamente, no mata al árbol, siempre y cuando el sol no dé directamente en la capa interna de la corteza que queda al descubierto al arrancar la corteza exterior.

El wigwam seguía adelante, con sólo un poquito de dificultad para ceñir bien la corteza al techo curvo. Ponerle la corteza al refugio cónico fue aún más rápido. No obstante, necesitamos cuarenta palos fuertes para construir una estructura que aguantase el peso de la tierra apilada sobre él. Como podréis imaginar, apenas quedaba hueco para el agujero de salida de humos. Al humo le costaba bastante salir y a nosotros nos costaba bastante respirar. Más aún, los extremos de las varas que sobresalían recogían una cantidad considerable de lluvia que goteaba sobre nosotros y nuestros lechos. Pronto descubrimos que, si no queríamos que el agua de lluvia entrase a raudales en nuestra cabaña, tendríamos que excavar una entrada con la pendiente hacia abajo y hacia fuera a partir de la puerta. He de añadir que construir esto supone un enorme quebradero de cabeza.

A mediados de septiembre, empezó a helar. Comencé a notar que por las mañanas, se estaba más caliente fuera que dentro de nuestra cabaña. Me di cuenta de que no habíamos construido más que un elaborado refrigerador, que además estaba empapado, lleno de humo y era demasiado estrecho para dos personas. Lo creáis o no, soportamos esas condiciones durante más de tres meses, a pesar de que llovió casi todos los días.

Finalmente, dijimos “basta”, y decidimos desmantelar el experimento fallido y construir una cabaña cónica normal sobre la tierra (no dentro de ella). La hicimos de 12 pies de diámetro, en lugar de los 9 en que habíamos estado viviendo. Necesitamos solamente 13 varas del grosor de un antebrazo para la estructura. Sorprendentemente, desmantelamos la cabaña vieja, movimos los materiales a una zona de pinos rojos[xxii] para que los protegiesen del viento en invierno y construimos la nueva cabaña en tan sólo un día. La nueva cabaña tiene casi el doble de superficie, el humo sale rápidamente por el agujero del techo y está tan bien iluminada que en su interior se puede leer incluso la letra más pequeña. Es seca, es cálida y es bonita. Me parece que los nativos ya sabían todo esto…

Otro aspecto de la vida primitiva acerca del cual he estado pensando mucho es la comida. Nutrición, dieta y formas de obtener carne y agua han sido todos ellos temas de discusión acalorada en nuestra comunidad. Por supuesto, el agua potable limpia es esencial para mantener la salud, además de para bañarse, cocinar, limpiar los platos y cacharros de cocina y lavar la ropa, y también para remojar las pieles de ciervo[xxiii]. Ya que no vivimos junto al agua, tenemos que caminar una milla y media para traerla, y el río está a unas tres millas. Vivir de este modo te enseña que el agua es algo valioso y que no debe ser despilfarrada. Ir caminando al río a bañarse es algo bastante duro cuando la temperatura es de 100º F y el tiempo es húmedo, ya que el camino de vuelta estropea lo que se pretendía conseguir con el viaje. Me di cuenta rápidamente de por qué la gente nativa elegía, siempre que podía, montar su campamento junto a un lago o un río. Sin una fuente de agua, lavarse uno mismo y sus ropas y conseguir agua potable se convierten en tareas muy duras.

Otro hecho comprobado es la dificultad de obtener suficiente comida silvestre como para poder vivir aquí en pleno siglo XX. Hay tres hechos básicos que limitan directamente la dieta cazadora-recolectora: (1) la gran cantidad de tierras privadas, (2) las estrictas épocas de veda en la caza y la colocación de trampas, (3) las estrictas regulaciones legales en lo referente a los métodos de caza y trampeo y al los cupos en las capturas. ¿Y en lo que respecta a las plantas? Bueno, obtener verduras frescas silvestres en verano es fácil y enriquece la dieta. Yo era vegetariano, pero eso es prácticamente imposible de mantener si se lleva una existencia cazadora-recolectora. El mejor alimento para vivir en el norte es la carne, y cuanto más grasa tenga, mejor. He aprendido que es posible vivir bastante bien a base de té de agujas de pícea y carne, siempre y cuando te comas todo el animal. Comerse las vísceras y los ojos, aporta cantidades importantes de minerales y vitaminas A y C, que son difíciles de obtener en invierno.

Debido a las limitaciones que acabo de mencionar, tuve que comprar aproximadamente el 50% de mi alimento. Estoy aprendiendo formas de hacer que la carne salvaje sea menos necesaria en la dieta, una de las cuales es hacer un estofado caldoso y añadirle algunos tubérculos, o calabaza y arroz ocasionalmente. Si se le añade una cola de castor se obtiene buena parte de la grasa necesaria, ¡y además es muy sabroso!

He tratado de vivir a base de comida civilizada, como arroz y alubias, mantequilla de cacahuete, harina de avena y cosas por el estilo, pero sentía que mi nivel de energía era muy bajo. He tenido que comer carne salvaje para mantenerme sano y fuerte y conservar mi temperatura corporal regulada durante los fríos meses de invierno. Esto significa que soy un “vegetariano reformado”, que come sólo una pequeña cantidad de alimentos vegetales.

Debido a este cambio de vegetariano a carnívoro, una de las cosas que tuve que aprender a aceptar es el hecho de que tendría que matar para conseguir carne. Ciertamente no me gusta la idea de dejar que sea otro quien haga el trabajo sucio y comprar la carne. De todos modos, la mayoría de la carne doméstica es prácticamente veneno. Tuve que asumir los hechos y adaptarme psicológicamente a matar otros seres vivos. Esto no me habría resultado muy difícil si no hubiese tenido nada más que comer. Sin embargo, en verano comía bien y por tanto, luego me resultaba muy difícil pensar en matar. Me parecía como si cualquier otra criatura anduviese por ahí buscándose la vida para sobrevivir y que yo no tenía derecho a enviarla al otro mundo. Cuanto más me fui acercando a la naturaleza más fui entendiendo que todo esto no tiene nada que ver con los derechos, sino con el propio ciclo de la vida. La vida se alimenta de la muerte, seas vegetariano o comas carne. Fui desarrollando una sensación de respeto por los animales a medida que los fui cazando y capturando con trampas para alimentarme de ellos. Una sensación tal que hace que no utilizar todo el animal me parezca una falta de respeto.

Recuerdo la anécdota que me hizo traspasar el límite. Había secado una considerable cantidad de manzanas silvestres, y había intentado mantenerlas lejos del alcance de los roedores. Después de volver de una excursión de dos días, descubrí que se las habían zampado las ardillas listadas[xxiv]. ¡Esa fue la gota que colmó el vaso! Instalé dos trampas y me convertí en un asesino. No fue algo tan despiadado y cruel como podría parecer. Si se instalan apropiadamente las trampas y lazos matan al animal rápida y humanamente y sin que el animal se dé cuenta de que ha sido atrapado por seres humanos. Quizá piensen que han quedado trabados entre las ramas de un arbusto, en el caso de los lazos. Y en el de los cepos, nunca llegan a saber qué es lo que les golpea, ya que no dura más que un segundo. Usar lazos y trampas de losa[xxv] es ilegal en Michigan, y en la mayoría del resto de estados, pero práctico con ellas para capturar caza menor (ardillas listadas) para estar preparado por si alguna vez tuviese que usarlas a mayor escala. Las trampas de losa funcionan tanto con un ratón como con un oso y los lazos tanto con un conejo como con un alce.

A menudo me preguntan si echo de menos los refrescos de soda, los caramelos o la pizza. En la actualidad, no, pero cuando estaba empezando, a veces sentía antojos. Honestamente, ya no podría beber un refresco ahora, debido al fuerte sabor dulzón que tiene. Las manzanas silvestres, los arándanos, las frambuesas y las fresas son dulces naturales y me bastan para estar satisfecho. Tampoco suelo echar de menos la sal. La mayoría de los estofados que preparo son sin sal ni especias, y aun así saben bien.

Quiero decir algo acerca de la variedad de alimentos. El verano pasado, me asqueé de comer sándwiches de mantequilla de cacahuete y queso y, para otoño, malamente podía tragar ya las alubias negras con arroz. Desde que comenzó la época de las trampas y tuvimos castor para comer, nunca noté que estaba comiendo estofado de castor tres veces al día. ¡Está bueno!

La variedad de alimentos es bastante limitada en la dieta primitiva. Esto no significa que no sea una buena dieta. Estudios sobre pueblos primitivos a lo largo de todo el mundo previamente al contacto con la civilización han hallado que esas dietas “limitadas” pueden satisfacer las necesidades de cualquiera. En el libro Nutrition and Physical Degeneration, de Weston Price, se extrae la conclusión de que estos primitivos tenían una resistencia increíble, posturas erectas y personalidades alegres. Ha descubierto que su estructura ósea era excelente y sus mandíbulas y dientes estaban bien desarrollados y libres de caries. Caso tras caso, Price no encontró ninguna incidencia de cáncer, úlceras, tuberculosis, enfermedades cardiacas o renales, hipertensión, distrofia muscular, esclerosis o parálisis cerebral.

Price también comenta que en estas sociedades primitivas no había psiquiatras, ni crimen, ni prisiones, ni enfermedades mentales, ni alcoholismo ni adicción a las drogas. Todos los bebés eran criados por sus madres, y no existían casos de bebés desatendidos. En otras palabras, la salud física iba de la mano de la salud mental y emocional.

Los hunzas, que viven en el Himalaya, fueron estudiados por un médico inglés llamado Robert McCanison. Los resultados reflejaron los encontrados por Price. ¡Se decía que un mensajero hunza podía llevar un mensaje a una aldea situada a 35 millas de distancia y volver en el mismo día sin dar señales de fatiga! Otros grupos de gentes aborígenes estudiados por médicos durante el periodo anterior a su contacto con la civilización, ratifican los hallazgos de Price.

Por supuesto, todos sabemos demasiado bien que la dieta y el estilo de vida modernos producen exactamente los efectos contrarios a los encontrados en pueblos primitivos.

Otra pregunta que me suelen hacer, especialmente las chicas y las mujeres, es “¿dónde tienes el cuarto de baño?” Pienso que están tratando de preguntarme de un modo educado qué es lo que se usa en lugar del papel higiénico. Bueno, la higiene en la naturaleza es muy importante para mantenerse sano, y como todas las demás cosas, la madre naturaleza provee todas las necesidades. Las hojas secas del suelo del bosque funcionan bastante bien, y el musgo del género Sphagnum (que tiene propiedades antisépticas) es aun mejor. La nieve sirve durante la época de las nevadas. Después de ir a diario al bosque a hacer mis necesidades, puedo decir que la mayoría de los demás cuartos de baño o letrinas me parecen apestosos e insalubres. Además, cuando “voy al bosque”, estoy cerrando el ciclo, devolviendo algo a la naturaleza, por así decirlo. Realmente, puede convertirse en algo así como un ritual.

Cuando vives en el bosque, la higiene es un factor importante de la salud en su conjunto. Mantener el campamento limpio y recogido y mantenerte tú mismo limpio es una prioridad.

Tener cerca un río o un lago para tomar baños ocasionales durante la temporada cálida es refrescante y además permite lavar fácilmente los cacharros de cocina y los platos. Tenemos una sauna[xxvi], donde periódicamente tomamos baños de vapor. Esto es magnífico para arrancar la suciedad y la grasa del cuerpo y del pelo y, además, ayuda a eliminar cualquier toxina de la piel. Nunca me he sentido más limpio o más fresco que después de un baño de vapor.

Desde que he roto con el hábito “civilizado” de tomar duchas diarias usando jabones y champús sintéticos, mi pelo y mi piel están mucho mejor. No más picor provocado por la piel seca. De hecho, tomar baños diarios arrastra las grasas de la piel que son necesarias para la formación de la vitamina D en el organismo. De cualquier modo, las grasas y el olor corporales parecen estabilizarse tras unos pocos meses en los bosques. Esperar a que el pelo grasiento se “estabilizase” fue duro pero, desde que lo hizo, mi pelo ha estado muy sano.

Hay unos cuantos mitos, perpetuados por la gente civilizada moderna, acerca de nuestros antepasados primitivos. A menudo me los aplican a mí cuando surge el tópico del “¿qué harás entonces?” Ellos: “¿No sabes que aquella gente se moría antes de llegar a los 40?” Yo: “Dudo seriamente que la especie humana aún existiese si todas las personas hubiesen muerto tan temprano; e incluso si así hubiese sido, prefiero vivir una vida libre y plena en la naturaleza y morir a los 40 que vivir una existencia desesperada, vacía y aislada hasta los 80 años”. Ellos: “¡Tus dientes se caerán y te saldrán cataratas!” Yo: “Mis dientes nunca han estado más sanos especialmente desde que no como porquerías, y mis ojos… beberé algo de té de sauce que se supone que previene las cataratas.” Ellos: “Debe de ser miserable vivir en un tipi[xxvii] en invierno, ¡con tanto frío!”. Yo: “Sí, hace frío, pero me siento fuerte y estupendamente en mi tipi. Aire fresco en mi nariz siempre, un buen fuego cálido con carne cocinándose en él, mirar las estrellas mientras estoy acostado esperando a quedarme dormido. ¡No! No cambiaría la vida en un tipi por ninguna casa.”

Podría continuar hablando durante años de los mitos que llenan nuestras mentes en lo referente a la vida natural. He tenido que enfrentarme directamente con mis propias dudas y mitos. Creo que la mayoría de las personas aborígenes vivían vidas largas, sanas y felices. Seguro que tenían dificultades y tristezas. Si no hubiese algunas adversidades ni hubiese que luchar, la vida no merecería la pena. ¿Cómo si no aprendería uno acerca del modo correcto e incorrecto de hacer las cosas?

La sociedad moderna y su desdén por lo primitivo sobrepasan siempre lo razonable. Es imposible esconderse de su dedo acusador y a menudo me viene a la memoria la canción de Greg Brown “Ain´t there no place away…”[xxviii]. No puedo decir exactamente cómo, pero el miedo y la desinformación han generado un monstruo gigantesco hecho de reglamentos, leyes y códigos que puede estar desanimando a potenciales primitivos. Ya he hablado de las limitaciones legales en lo referente a la caza y las trampas. Los agentes del Departamento de Recursos Naturales[xxix] van armados hasta los dientes. Puede que yo sea un poco paranoico, pero después de que construyésemos nuestras cabañas, pareció como si el tráfico aéreo hubiese aumentado inmensamente justo por encima de nuestro campamento. ¿Eran sólo pilotos curioseando o era algún tipo de vigilancia por parte de agentes del gobierno? En varias ocasiones hemos tenido grupos de aviones de combate F-16 casi rozando las copas de los árboles por encima de nuestras cabañas.

No sólo es el hecho de ser vigilado o las regulaciones referentes a la caza lo que me fastidia, también están las leyes sobre vivienda y la pesadilla de las normas de urbanismo. Los servicios de asistencia social una vez amenazaron a unos amigos míos, que vivían en un wigwam con sus hijos, de que les quitarían a los niños a menos que se mudasen a una casa que cumpliese los requisitos legales sobre vivienda y urbanismo. Esto significa que tenían que tener tela asfáltica en el tejado, un suelo de madera, un fogón cerrado y una cosa llamada “pared antirratas”[xxx].

Hay una inmensa necesidad de educación acerca de este asunto de la vida primitiva. Las clases de historia en los Estados Unidos están ya incorporando lecciones acerca de los modos de vida previos al contacto con los europeos. He comenzado a ir a escuelas elementales a hablar con los niños acerca de cómo es la vida primitiva y a enseñarles cómo se hace fuego o cuerdas; las cosas que yo uso en mi vida diaria. Los niños realmente muestran interés y hacen muchas preguntas. También los adultos están interesados. Muchos de ellos, sospecho que es porque están intrigados por el estilo de vida que llevo. Ayer mismo, mi madre me dijo que había ido al dentista (al mismo dentista que yo iba cuando era niño) y él le preguntó por mí. Cuando mi madre le dijo cómo vivía yo, se quedó estupefacto y le dijo con entusiasmo que él siempre había querido hacer algo así (es decir, vivir en la naturaleza). Con los adultos, la respuesta más usual suele ser “vas a morir congelado” o “maravilloso, creo que te haré una visita para comprobarlo”.

La presencia de la sociedad moderna es una realidad que he tenido que afrontar, no sólo de forma pasajera, sino también de forma permanente. En estos momentos, ni yo ni nadie que yo conozca puede vivir de un modo 100% primitivo. Pienso que será posible en el futuro. Pero ahora, hay que pagar impuestos por el terreno (¡la comunidad ha comprado recientemente un terreno por el que pasa un río!), gastos de los automóviles y sus seguros (muy caros), y gastos en comida extra. He estado haciendo algunos trabajos de construcción y albañilería a tiempo parcial para poder pagar esos gastos, pero continúo aún llevando un modo de vida primitivo casi todo el tiempo. He comenzado a dar charlas y cursos sobre el modo de vida nativo en escuelas, a cambio de unos honorarios. Esta es otra forma de obtener unos ingresos a la vez que se educa a otras personas.

Prefiero compartir con otros los conocimientos sobre cómo hacer algo (es decir, hacer una cesta de corteza, curtir una piel, etc.) que hacer esas cosas yo mismo y luego vendérselas a alguien que las colgará en la pared de su casa de medio millón de dólares.

Cuando me embarqué por primera vez en la vida primitiva, deseaba ser capaz de vivir sin usar nunca un coche o comida extra. Pero, de momento, la realidad es que necesito ingresos, sólo unos pocos, para satisfacer algunas necesidades.

El asunto de la tierra es también muy importante. A nosotros, como comunidad, no nos gustaba (y sigue sin gustarnos) la idea de “poseer” la tierra. Y sólo hay las siguientes opciones: ser nómada en los bosques públicos[xxxi], comprar tierras o tener un pariente generoso. Aunque ser nómada en tierras públicas tiene sus ventajas, por ahora tener un hogar fijo y no tener que preocuparse por el acoso por parte de los agentes del Departamento de Recursos Naturales y del Servicio Forestal, es la mejor opción. Tras buscar durante una temporada, encontramos una pequeña gran parcela en venta en la zona más salvaje del medio oeste, rodeada por un bosque público. Tiene un barranco y un río también. A mí me parece el paraíso, y pretendo mudarme allí pronto (en junio del 96). Por supuesto, el lado malo del asunto es que estoy endeudado a consecuencia de la compra del terreno. Eso significa trabajar más fuera. Esto, normalmente, supone desde trabajo a tiempo parcial en albañilería y reformas hasta dar charlas y cursos sobre la vida nativa en escuelas. Esperamos poder dar cursos al público en general pronto.

Alguna gente se muestra decepcionada cuando les digo que conduzco un coche de vez en cuando, o que no obtengo todo mi alimento de la naturaleza salvaje. Tienen una noción idealista de lo que es vivir con la naturaleza. Parece que me aparto de la imagen que ellos se hacen acerca de cómo es o debería ser un auténtico “indio”. Antes de que realmente me volviese primitivo, también yo tenía una visión irrealista de cómo sería vivir de modo primitivo.

En el presente, no hay una línea clara y precisa que separe la vida moderna de la vida primitiva. Es una gran ingenuidad creer que puedes pasar de un mundo al otro totalmente de golpe y porrazo. Debido a la cantidad de habilidades y conocimientos que se necesita adquirir para vivir en la naturaleza salvaje, tengo que tener paciencia y tomarme el tiempo necesario para aprender. No visto siempre con ropas de ante[xxxii]. Uso cacharros de hierro para cocinar hasta que aprenda a hacer ollas de arcilla aceptables. Poseo y conduzco un coche para llegar a ciertas áreas de caza y a las escuelas, para visitar a mis parientes, etc. Llegado el momento, espero poder llegar a usar una canoa o caminar hasta casi todos los lugares a los que tenga que ir. Uso mantas de lana y un saco de dormir hasta que tenga suficientes pieles curtidas como para hacerme un lecho confortable. En otras palabras, la transición desde la sociedad moderna hasta un estilo de vida primitivo es eso mismo, una transición. He tenido que depender de ciertos productos que no proceden de los ecosistemas salvajes para sobrevivir. Estoy insistiendo en todo esto porque quiero remarcar que esta transición lleva mucho tiempo, tiempo para aprender técnicas, tiempo para sanar del daño causado por la vida en la sociedad moderna, tiempo para superar las inseguridades, tiempo para adaptarse a grandes cambios en el modo de vida. Simplemente, no hay un entorno cultural que nos ayude a seguir el “camino de la naturaleza salvaje”[xxxiii]. Tenemos pocos veteranos (si es que hay alguno) de los que aprender. Nos han escolarizado y preparado desde el nacimiento para el vertiginoso mundo de los negocios, no para el mundo aborigen de la caza-recolección. Tengo que procurar no ser demasiado crítico conmigo mismo para evitar desanimarme y lograr ser todo lo fuerte y paciente que pueda.

Espero que esto permita al lector conocer que no hay un modo fácil y rápido de lograr un modo de vida primitivo una vez que se ha abandonado el empleo y se ha vendido la casa, etc. Lo que me ha animado es saber que todos nuestros ancestros (más del 99%) fueron cazadores-recolectores. Esa es nuestra verdadera herencia. A medida que me he ido acercando a un modo de vida 100% primitivo, las cosas parecen ir volviéndose más fáciles. Las ideas surgen más rápidamente. Se crea una imagen real de todo el ciclo que representa vivir de modo primitivo. He tenido, y sigo teniendo, la perseverancia necesaria para creer que es posible y que puedo lograrlo.

Supongo que hay niveles de libertad hoy en día. En mi opinión volver a lo primitivo ofrece la mayor libertad posible. A veces, me alegra y definitivamente llena mi vida. Mi vida me pertenece. Si quiero ir a explorar una nueva zona salvaje, voy. Si quiero ir a rastrear castores, ciervos o lo que sea, voy. Si quiero simplemente sentarme y pasarme medio día al sol a la orilla del río, también lo puedo hacer. Gozo de gran flexibilidad en lo que respecta a lo que puedo hacer y a cuándo hacerlo. Esto forma parte de ser libre, creo yo.

Otro aspecto que he notado es un cambio en la noción del tiempo. Estoy relajado y sin prisas ni agobios que me hagan ir a golpe de reloj. A medida que he ido adquiriendo un ritmo de vida más lento, ¡me parece que tengo más tiempo! Una paradoja maravillosa, ¿verdad? Pienso menos en el futuro y vivo más el momento presente. El tiempo parece haberse ampliado y expandido, por así decirlo. Me siento más integrado en el flujo natural de la vida. Creo que esto también forma parte de la libertad. Vivir en el momento presente no es nada que yo haya intentado conseguir conscientemente, pero está ocurriendo gradualmente y de forma natural a medida que aumenta el tiempo que llevo viviendo en los bosques.

Dije que acabaría este artículo hablando de dos aspectos de la vida primitiva que no se encuentran en los manuales de supervivencia, aunque los considero esenciales para tener éxito a largo plazo a la hora de vivir en la naturaleza. Son (1) la comunidad (es decir, familia, tribu, amigos) y (2) la actitud.

Comunidad. En mi opinión, esto es lo principal. Un grupo de personas con objetivos comunes e intereses compartidos es algo muy poderoso. Se transforman en hermanos y hermanas, y se preocupan unos de otros. Si alguien resulta herido o cae enfermo, los demás le ayudamos. Si alguien está bajo de moral o deprimido, charlamos o tocamos música. Si hay que construir un refugio, todos ayudamos. Si alguien mata un ciervo o caza un castor, comparte la carne con todos.

Formar parte de una comunidad es también como un espejo para verte a ti mismo. Nos damos cuenta de que cada uno de nosotros procedemos de una sociedad desastrosa, que cada uno tenemos nuestros defectos que hemos de pulir. No siempre estamos de acuerdo en todo en nuestra comunidad, y eso es bueno porque nos obliga a pensarnos las cosas dos veces y a discutirlas entre todos.

Estoy agradecido por la comunidad que tenemos, aunque ahora sólo tenga cinco miembros. Espero que puedan formarse otras en un futuro próximo.

Actitud. Puede ayudarte o hundirte. Es importante conocer muy bien técnicas como saber hacer fuego, pero si estás atrapado en una tormenta bajo la lluvia o en una ventisca de nieve o lo que sea, y dejas que el tiempo atmosférico te afecte psicológicamente, eso podría suponer hipotermia. Estoy aprendiendo que necesito tener confianza y coraje para vivir del modo que llevo haciéndolo los dos últimos años. Muchas dudas acerca de lo que estoy haciendo han invadido mi mente. He tenido que espantarlas, superar los temores y convencerme a mí mismo de que puedo hacerlo. Si fallo, vuelvo a intentarlo. No puedo darme por vencido en algo si quiero seguir viviendo de modo primitivo. Hay mucho que aprender. Un sabio anciano dijo, “cuando te levantes por la mañana, anímate a ti mismo. Nadie más lo hará por ti, así que tú mismo tienes que hacerlo”.

El sentido del humor es una parte muy importante de una actitud correcta. El mío puede volverse muy sarcástico a veces. Afronto los contratiempos y las concesiones con comentarios jocosos. Ser capaz de reírme de mí mismo (lo hago a menudo) ayuda un montón. Cuando las cosas no marchan como yo había planeado, puedo o bien derrumbarme, o bien culpar a alguien o bien reírme de mí mismo o de la situación. Habiendo pasado por todo lo que he pasado, puedo decir que la risa es, de hecho, la mejor medicina. Cuando comencé a llevar un estilo de vida libre, mi personalidad también se volvió más libre.

Realmente espero no haber sido demasiado pesado con lo referente a las concesiones y las dificultades que supone hacerse primitivo. Es difícil describir la magnitud de las sensaciones de libertad y las impresionantes vistas, sonidos, olores que invaden mis sentidos en el bosque. Las satisfacciones y recompensas de este tipo de vida no son cosas que se puedan entender simplemente hablando o leyendo acerca de ellas, sino que deben ser experimentadas directamente por uno mismo. Así que salid por ahí. ¡Experimentadlo y vividlo!

Ha sido un placer compartir con vosotros algunas de mis experiencias de los últimos años en mi viaje hacia un modo de vida plenamente primitivo. Espero haber animado a muchos de vosotros a romper con la existencia moderna. Quizá nos encontremos algún día.

 

 



[i] Traducción de “Realities on Going Primitive”. Publicado originalmente en la revista estadounidense de tecnologías primitivas y supervivencia Wilderness Way, vol. 2, nº 2 (fecha desconocida, aunque probablemente anterior a 1996). Traducción a cargo de Último Reducto. Nota del traductor.

[ii] “Land”, en el original. N. del trad.

[iii] Existe edición en castellano de esta novela de Scott O’dell sobre una joven india, supuestamente basada en un caso real: La isla de los delfines azules, Noguer, 2010. N. del trad.

[iv] “Forestry 240-Wildlife in America” en el original. N. del trad.

[v] “Making a go at living the earth ways” en el original. N. del trad.

[vi] “Wikiup” o “wigwam” son términos de origen nativo usados en Norteamérica para designar un tipo de chozas, más o menos redondeadas, compuestas por un armazón de varas curvadas y entrelazadas que se cubren con hierba, ramas, corteza, tela, pieles, etc. N. del trad.

[vii] “Squash and pumpkin” en el original. En castellano, normalmente ambos términos se traducen por “calabaza”, pero parece ser que los angloparlantes diferencian distintos tipos de calabazas llamándolos “squash” o “pumpkin” según el caso. N. del trad.

[viii] Abies balsamea. N. del trad.

[ix] “Wildlife” en el original. “Wildlife”, literalmente “vida salvaje”, se suele referir sobre todo a la fauna salvaje, aunque en este caso, se ha considerado más adecuado traducirlo como “naturaleza”. N. del trad.

[x] El autor se refiere probablemente a un tipo de zona húmeda boscosa en la que la especie arbórea dominante es la tuya del Canadá (Thuja occidentalis), que los angloparlantes norteamericanos conocen como “Northern white cedar” (cedro blanco del norte). N. del trad.

[xi] Probablemente Alnus incana. N. del trad.

[xii] “Wilderness living” en el original. N. del trad.

[xiii] 1 milla= 1.610 metros, aproximadamente. N. del trad.

[xiv] El autor se refiere a la llamada técnica del “brain tan”, método primitivo de curtido de pieles basado en untarlas con los sesos del animal, frotarlas y ahumarlas hasta que quedan curtidas. Es el método que utilizaban habitualmente los pieles rojas para producir el ante con el que confeccionaban sus trajes. N. del trad.

[xv] Traducción libre de “the state forest out our back door (actually, front door as we have no back door)”. N. del trad.

[xvi] La escala Fahrenheit puede convertirse a la escala Celsius o centígrada mediante la siguiente fórmula: C= (F-32):1,8. Es decir, 32ºF serían 0ºC y 100ºF unos 37,7º C. N. del trad.

[xvii] Un pie equivale a unos 0,30 metros. El autor no lo indica explícitamente, pero, por lo que dice un poco más adelante, parece que se refiere al diámetro de la construcción. N. del trad.

[xviii] Grupo amerindio de la familia lingüística sioux. N. del trad.

[xix] “Hophornbeam” en el original. Nombre dado en inglés a los árboles del género Ostrya. N. del trad.

[xx] “Basswood” en el original. Género Tilia. N. del trad.

[xxi]  “Ash tree” en el original. Género Fraxinus. N. del trad.

[xxii] “Red pine” en el original. Pino rojo americano, Pinus resinosa. N. del trad.

[xxiii] El autor se refiere a una parte del proceso de curtido de las pieles. N. del trad.

[xxiv] “Chipmunks” en el original. Roedores pertenecientes al género Tamias. N. del trad.

[xxv] “Deadfalls” en el original. Se refiere a trampas que actúan por aplastamiento haciendo que caiga un peso (una losa de piedra o un tronco) sobre el animal. N. del trad.

[xxvi] “Sweat lodge” en el original. N. del trad.

[xxvii] Nombre procedente del lakota (de la familia lingüística sioux) que se da a las tiendas cónicas cubiertas de pieles usadas por ciertos pueblos nativos de Norteamérica. También “tepee” o “teepee”. N. del trad.

[xxviii] “No hay un lugar aparte…”. N. del trad.

[xxix]  “DNR” en el original. “Department of Natural Resources”. N. del trad.

[xxx] “Rat wall” en el original. Se refiere a una pared enterrada alrededor de los cimientos

que impide a los roedores excavar bajo la construcción. N. del trad.

[xxxi] “National forests” en el original. N. del trad.

[xxxii] “Buckskin” en el original. Nombre dado especialmente a las pieles de ciervo (“buck”) curtidas sin pelo y con técnicas primitivas. N. del trad.

[xxxiii] “Wilderness way” en el original. “Wilderness” es un término que carece de traducción sencilla en castellano. Se suele referir a los ecosistemas o zonas poco humanizados (salvajes), pero a veces puede ser traducido de forma laxa como “naturaleza salvaje”. Recordemos, por otro lado, que este artículo estaba escrito especialmente para ser publicado en la revista Wilderness Way, es decir, el autor está haciendo un guiño a los lectores de la revista. N. del trad.

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Nat Ind,
6 jun. 2017 8:02