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La auténtica idea de la Naturaleza salvaje

PRESENTACIÓN DE “LA AUTÉNTICA IDEA DE LA NATURALEZA SALVAJE”

 

Nuestro valor principal es el de la autonomía de la Naturaleza salvaje. No obstante, algunos de nosotros, como por ejemplo ha sido mi caso, a pesar de entender de manera acertada el significado de este concepto quizá no nos hayamos preocupado hasta ahora mucho por la “teoría” y la idea que hemos tenido al respecto ha sido una idea más bien intuitiva. Por esto creo que resultará interesante tratar este concepto en profundidad y desde una perspectiva racional y materialista.

Para empezar cabe preguntarse ¿qué es la Naturaleza salvaje?, o mejor dicho, ¿existe la Naturaleza salvaje o más bien se trata de algo “prístino” que desaparece cuando un humano pone el pie en ella? ¿Es la idea de Naturaleza salvaje algo sólido y material en lo que poder sustentar una ideología o se trata de un concepto etéreo más propio de filósofos?

En este texto Foreman ahonda en este concepto y explica de forma sólida y justificada el significado del mismo. Es más, prueba de la solidez de “la auténtica idea de la Naturaleza salvaje”, que Foreman resume como “tierra con voluntad propia” o “tierra más allá del control humano”, es que el mismo significado que da Foreman para “zona salvaje” (“wilderness”) ha sido el empleado por el gobierno de los Estados Unidos para crear la definición legal de “territorio salvaje” y dar amparo a su Ley de Espacios Naturales (“Wilderness Act”).

Resulta a su vez interesante cómo en la última parte del texto, para ahondar en su argumentación, el autor, recorre la historia del conservacionismo en EE.UU. desde su aparición en el siglo XIX hasta las actuales corrientes que tratan de recuperar zonas salvajes, pasando por la aparición de ramificaciones con las que el autor no se siente identificado como son la lucha contra la contaminación o la lucha por la explotación eficiente y la gestión prudente de los recursos naturales. Para el lector español quedará patente en dicho recorrido cómo el origen, las bases y la evolución de dicho movimiento nada tienen que ver con el ecologismo europeo y cómo la mayoría de las corrientes ecologistas europeas, al menos las que yo conozco, son incompatibles con “la auténtica idea de Naturaleza salvaje”.

 

LA AUTÉNTICA IDEA DE LA NATURALEZA SALVAJE

Por Dave Foreman[i]

Resumen- En los últimos años, algunos filósofos, historiadores y críticos literarios han condenado lo que ellos llaman “La Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje”[ii],[iii]. Un examen más detallado revela que eso de “La Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje” es una invención literaria/filosófica que guarda poca relación con La Auténtica Idea de la Naturaleza Salvaje[iv]  que los conservacionistas han utilizado para establecer el National Wilderness Preservation System[v] de los Estados Unidos. El análisis del origen del término inglés wilderness, el significado de la Wilderness Act[vi] y la historia del movimiento para la conservación muestran la solidez de “La Auténtica Idea de la Naturaleza Salvaje” y del National Wilderness Preservation System.

 

No voy a alabar aquí “La Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje” sino más bien a enterrarla. La propia expresión “La Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje” evoca un origen místico. Si la idea de Naturaleza salvaje, que Baird Callicott[vii], Bill Cronon[viii] y otros intelectuales deconstruccionistas postmodernos tan apasionadamente mandan al infierno junto con el Lucifer de Milton[ix] ha sido la que ha adoptado la mayoría de la gente, creo que esos intelectuales han llegado a esa conclusión mientras se agarraban de las manos en un cuarto oscuro alrededor de una mesa en una sesión de espiritismo, tratando de escuchar voces provenientes de los espectros de Jonathan Edwards[x] y Henry David Thoreau[xi].[xii]

Pero, primero, ¿por qué deberían ustedes prestar atención a lo que digo sobre la idea de la Naturaleza salvaje? Bueno, pues porque soy un experto en la Auténtica Idea de la Naturaleza Salvaje -la que originó el National Wilderness Preservation System. He recorrido con mi mochila muchas zonas salvajes durante 40 años, he descendido ríos salvajes[xiii] durante más de 30. Durante los miles de días y noches que he pasado en las zonas salvajes por diversión y por conservación, he tenido varios cientos de compañeros (¡no todos a la vez!). He escuchado sus pensamientos acerca de la Naturaleza salvaje mientras caminábamos tranquilamente por caminos polvorientos y abruptos, mientras navegábamos entre paredes de cañones radiantes bajo la puesta del sol y mientras nos pasábamos whisky escocés alrededor de una fogata. En muchos de estos viajes, mis amigos y yo estábamos comprobando el carácter salvaje[xiv] de zonas no protegidas y reuniendo propuestas para delimitar estas áreas y enviarlas al Congreso para que las designara como protegidas. En la década de los 70, escribí una guía que fue ampliamente usada, How to Do a Wilderness Study[xv]. Por todos estos motivos, tengo una idea muy clara de la Naturaleza salvaje, una que es ampliamente compartida por otros conservacionistas dedicados a lo mismo. En 1971, mientras me hallaba inmerso en estudios sobre las zonas salvajes de Nuevo México, encontré una colección completa de la revista de The Wilderness Society[xvi], The Living Wilderness, en los archivos de la biblioteca de la Universidad de Nuevo México. Leí todos los números hasta remontarme a los primeros, de la década de los 30. A principios de la década de 1960, The Living Wilderness cubrió detalladamente la campaña en pro de la Wilderness Act, incluidos los argumentos a favor y en contra de proteger las zonas salvajes. Desde entonces he leído incontables revistas, boletines y llamadas a la acción de muchos grupos defensores de las zonas salvajes. He leído docenas y docenas de folletos y mapas de las agencias gubernamentales sobre las zonas salvajes.

Mis mentores en el movimiento conservacionista fueron personas que lideraron la campaña por la Wilderness Act y los esfuerzos posteriores para proteger las áreas afectadas por dicha ley (las Forest Service Primitive Areas[xvii] y las áreas libres de carreteras de los Parques Nacionales y Refugios Nacionales de Vida Salvaje[xviii], así como las áreas libres de carreteras del Servicio Forestal. Fui entrenado como un organizador de base por Clif Merrit[xix], quien organizó a los conservacionistas del Oeste para apoyar la Wilderness Act, Ernie Dickerman[xx], quien redactó la Eastern Wilderness Areas Act[xxi], y Harry Crandell[xxii], quien escribió la disposición sobre zonas salvajes para la ley orgánica del BLM[xxiii]. Dave Brower[xxiv], Ed y Peggy Wayburn[xxv], Stewart Brandborg[xxvi] y Celia Hunter[xxvii] me instruyeron sobre cómo las luchas por las zonas salvajes se remontan a la década de 1930. He hablado largo y tendido con los veteranos de Silver City, Nuevo México, que lideraron la exitosa lucha ciudadana contra la propuesta del Servicio Forestal para dividir en partes el Desierto de Gila[xxviii] en 1952 (con objeto de permitir las talas). He tenido el privilegio de conocer a los hermanos de Bob Marshall[xxix], a la hija de Aldo Leopold[xxx], a Mardie Murie (la viuda de Olaus Murie[xxxi]) y a Sig Olson[xxxii]. Apliqué su experiencia y su sabiduría cuando me convertí en un líder nacional en las campañas por las zonas salvajes en relación con el RARE II[xxxiii], las revisiones de las zonas salvajes del BLM y la Alaska Lands Act[xxxiv].

He estado presente en docenas de ponencias públicas -del Congreso y de las agencias, en el campo y en los despachos de Washington- sobre la designación de áreas como zonas salvajes. Creo haber conocido a personas involucradas en todos los proyectos de ley para la designación de zonas salvajes aprobados por el congreso. Durante 30 años, he estado involucrado en reuniones sobre estrategia y en presentaciones públicas de zonas salvajes, en prácticamente todos los estados del país. Durante los últimos 15 años, he dado más de 200 conferencias sobre la Naturaleza salvaje en escuelas universitarias en 35 estados y provincias de EE.UU. y Canadá y, después de ellas, he discutido sobre la Naturaleza salvaje con pequeños grupos de estudiantes en los bares locales. Me he mantenido en pie con miembros de Earth First![xxxv], arriesgándome a ser arrestado o a sufrir daños físicos en actos no violentos de desobediencia civil, para proteger a la Naturaleza[xxxvi] de los buldóceres y las motosierras. He asistido a una docena de encuentros profesionales acerca de las zonas salvajes organizadas por los gestores de áreas naturales de las agencias estatales y federales, y conozco en las agencias a las personas clave en este tema.

Entre mis archivos personales hay tres estanterías completas de grabaciones sonoras de las sesiones del Congreso y los informes de comités sobre la designación de zonas salvajes; todos los documentos para la recomendación de designaciones de zonas salvajes en las áreas primitivas del Servicio Forestal y en los refugios de fauna salvaje nacionales y del Servicio de Parques; todos los documentos oficiales del RARE II; todos los estudios del BLM sobre zonas salvajes de cada uno de los estados occidentales; las respuestas a todos ellos por parte de los grupos conservacionistas y 23 cajones llenos de archivadores con material sobre las zonas salvajes que se remonta a la década de los 60 (esto sin contar un número similar de cajones con material sobre otros temas conservacionistas). Lo crean o no, me lo he leído todo.

Durante 20 años como redactor, director ejecutivo o editor del Earth First! Journal (de 1980 a 1988) y de Wild Earth[xxxvii] (desde 1990 hasta hoy[xxxviii]), he leído, rechazado, aceptado y editado más artículos sobre las zonas salvajes de los que quiero recordar, procedentes tanto de Norteamérica como del resto del mundo. He estado ocho años investigando para mi libro, The Big Outside[xxxix] (con Howie Wolke[xl] como coautor), acerca de 48 áreas menores libres de carreteras. Durante los últimos 15 años he estado involucrado de cerca con los principales biólogos conservacionistas que trabajan en el diseño de las zonas protegidas y en las estrategias para su protección. Mi trabajo sobre las zonas salvajes y el de colegas cercanos alcanza ahora México, Costa Rica, Canadá, Chile, Argentina y Sudáfrica. He estado personalmente involucrado en defender zonas salvajes no protegidas legalmente de la construcción de presas, del ocio acuático, de la tala, de la construcción de carreteras, de la minería, de la prospección y la extracción de gas y petróleo, de la minería de uranio, del abuso de los vehículos todo terreno, de la caza furtiva de lobos reintroducidos, del sobrepastoreo, del desbroce de los matorrales de enebro mediante cadenas[xli], de la construcción de observatorios y de la introducción de especies exóticas. He ayudado a defender zonas salvajes que estaban legalmente protegidas de la construcción de presas, del sobrepastoreo, del desarrollo de pastos, del uso de vehículos de la administración, de la tala no comercial, de la caza de depredadores por parte del gobierno, del sabotaje a la recuperación de especies en peligro (la trucha del Gila[xlii]) y de la invasión de bicicletas de montaña y de vehículos de nieve. Nosotros, los conservacionistas, no siempre hemos tenido éxito en esta defensa y sé de ríos salvajes que ahora están asfixiados tras las presas, de la tala a matarrasa de magníficos bosques, de páramos imponentes arrasados por la minería a cielo abierto…

Resumiendo, sé algo acerca de la única idea sobre la Naturaleza salvaje que importa en la práctica -la que ha llevado a miles de personas a dedicar su tiempo, su dinero y, en ocasiones, su libertad e incluso su vida a proteger de la explotación las zonas salvajes. Esta es la idea de la Naturaleza salvaje que ha creado el National Wilderness Preservation System de los Estados Unidos de América.

La Auténtica Idea de la Naturaleza Salvaje es algo muy distinto de la Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje inventada y posteriormente atacada por Baird Callicott, Bill Cronon y otros científicos sociales deconstruccionistas. Los escritos filosóficos y literarios en que se basaron han tenido muy poca influencia en el movimiento por la protección de las zonas salvajes; de hecho, las discusiones intelectuales y académicas acerca de la Naturaleza salvaje han sido bastante ignoradas por los defensores de las zonas salvajes. Desde 1920, los conservacionistas han estado principalmente motivados por dos cosas: una, les gustan unas zonas salvajes concretas; y dos, ven la necesidad de protegerlas del desarrollo y de la explotación. Como Samuel Hays (1996), el gran historiador de la conservación de recursos, de la conservación de la Naturaleza y del ecologismo, escribe, “la Naturaleza salvaje de Cronon es un mundo de ideas abstractas… pero separado de los valores e ideas inherentes a las acciones en favor de las zonas salvajes”.

Esta Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje es un perro de paja[xliii]; no existe en la realidad. No es la idea de Naturaleza salvaje que llevó a la Wilderness Act y al National Wilderness Preservation System y que ha estimulado a miles de ciudadanos conservacionistas desde Alabama a Alaska. Cuando se lucha contra un fantasma es fácil decir que se ha herido mortalmente al monstruo.

Hace 2.500 años, Sócrates le dijo a Fedro[xliv], “Soy un hombre al que le gusta aprender y los árboles y los espacios abiertos no me enseñan nada, mientras que los hombres de las ciudades sí lo hacen”. Más recientemente, el laureado Nobel, Linus Pauling[xlv], (1995) escribió:

 

Recuerdo haber leído un libro de filosofía en el que el autor volvía página tras página a la misma pregunta: Si hay una hoja en un árbol y ves que es verde en primavera y roja en otoño, ¿se trata de la misma hoja o son hojas distintas? ¿Mantiene la hoja todavía su esencia? Palabras, palabras, palabras pero la ‘clorofila’ y la ‘xantofila’ -que son lo que podemos percibir claramente en relación a lo que le ha pasado a la hoja- simplemente no se mencionan.

 

La llamada Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje proviene de Sócrates y de sus compinches de ciudad, no de las zonas salvajes con árboles y campo abierto. Y entre todas las palabras escritas o dichas sobre la Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje no aparecen palabras acerca de los paisajes llenos de vida y de la realidad política que los amenaza.

Me he pasado toda la vida enfrentándome a las mentiras, tonterías y mitos de las industrias extractivas acerca de la Naturaleza salvaje. He llegado a la conclusión de que sus lamentables argumentos contra la Naturaleza salvaje son en realidad más legítimos, racionales y sólidos que los de los deconstruccionistas postmodernos.

No voy a responder punto por punto a las quejas académicas izquierdistas sobre la Naturaleza salvaje. Ya lo he hecho antes, la última vez en la antología de Callicott/Nelson[xlvi], The Great New Wilderness Debate[xlvii], y no sé de nadie que me haya refutado puntos concretos (Foreman 1998). Lo que me gustaría hacer es presentar, no la Idea Comúnmente Aceptada de la Naturaleza Salvaje, sino más bien la Auténtica Idea de la Naturaleza Salvaje del movimiento conservacionista ciudadano y cómo ésta sigue siendo sólida tras todos estos años, juntando valores y objetivos, tanto ecológicos como procedentes de la experiencia.

 

Tierra con voluntad propia[xlviii]

 

En nuestra apática era, cuando el rigor en el pensamiento y en la ética es mucho pedir, normalmente acabamos refunfuñando a causa de palabras pobremente definidas. Desde el motorista cervecero[xlix] hasta los grandes académicos, pasando por casi todos los demás angloparlantes, utilizan el término wilderness de forma descuidada enturbiando el debate sobre la conservación.

En 1983, en una charla en la Third World Wilderness Conference[l], en Escocia, el filósofo Jay Hansford Vest[li] buscó el significado de wilderness en el inglés antiguo y, más atrás, en las viejas lenguas góticas. Mostró que wilderness significa “‘tierra con voluntad propia[lii]… enfatizando su intención intrínseca”. Interpretó der como de la. “Por lo que en wil-der-ness hay una ‘voluntad-de-la-tierra’; y en wildeor[liii] hay una ‘voluntad del animal’.

Un animal salvaje es ‘un animal con voluntad propia’ -un animal sin domesticar; del mismo modo, wildland es ‘tierra con voluntad propia’”. Vest muestra que esta intencionalidad es lo contrario al “ambiente controlado y ordenado, característico de la noción de civilización”. Los primeros habitantes del norte de Europa no sentían el impulso de reinar sobre la Naturaleza; por lo tanto, el término wilderness “muestra un reconocimiento de la tierra en y por sí misma” (Vest 1985). Gracias a Vest somos capaces de entender que este término, wilderness, no es una invención de la civilización moderna; es una palabra creada por los bárbaros paganos de las Edades del Bronce y del Hierro.

Este significado de wilderness, como “tierra con voluntad propia”, eclipsa a todos los demás. Wilderness significa “tierra más allá del control humano”. Una “tierra más allá del control humano” supone una bofetada en la cara a la arrogancia del humanismo –tanto para el hombre elitista como para el hombre común, tanto para el capitalista como para el socialista, tanto para el habitante del primer mundo como para el tercermundista; para todos ellos es también algo a lo que temer.

He llamado a las tierras salvajes[liv] el ruedo de la evolución. De todos modos, Aldo Leopold, como es habitual, estaba muy por delante de mí. Hace 50 años, vio la Naturaleza salvaje como el “teatro” para “el espectáculo de la evolución.” (Leopold 1989). La evolución tiene voluntad propia. La tierra en la que la evolución puede ocurrir tiene voluntad propia, especialmente en el caso de las especies grandes.

 

La Wilderness Act

 

El mayor gesto del mundo civilizado en favor de la “tierra con voluntad propia” se materializó con la Wilderness Act de 1964, en los Estados Unidos. Esta legislación fue producto de ocho años de discusiones y revisiones tanto en el Congreso como en ponencias públicas a lo largo de la nación. Fue impulsada por excursionistas, a pie o a caballo, navegantes de ríos en canoa, cazadores y pescadores. Contiene al menos cuatro definiciones de wilderness. Creo que cada una de las cuatro definiciones mantiene completamente el significado de tierra con voluntad propia. La primera definición de “wilderness” se encuentra en la declaración de propósitos de la Wilderness Act, en la sección 2(a):

 

Para asegurar que la población creciente, acompañada por la expansión urbana y el aumento en la mecanización, no ocupe y modifique todas las áreas dentro de los Estados Unidos y sus dominios, sin dejar tierras designadas para ser preservadas y protegidas en su condición natural, se declara por la presente que la política del Congreso sea garantizar al pueblo estadounidense del presente y de las futuras generaciones los beneficios de un patrimonio duradero de territorios salvajes[lv].

 

¿Estableció el Congreso, espoleado por los ciudadanos estadounidenses, un Sistema Nacional para la Preservación de las Tierras Salvajes[lvi] con el fin de conservar un pasado mítico envuelto en un romanticismo literario, en un bravucón Destino Manifiesto[lvii] y en un calvinismo dualista[lviii]?[lix] Bueno… no. Fue mucho más simple. Las zonas salvajes necesitaban ser protegidas porque todo el campo que quedaba en los Estados Unidos estaba amenazado por el desarrollo y la explotación industrial impulsados por el crecimiento de la población, la mecanización y la expansión urbana.

Tanto en este caso como a lo largo del resto de la historia del movimiento en pro de la conservación de la Naturaleza salvaje el principal motivo ha sido proteger la tierra del desarrollo. Hays (1996) escribe: “Las propuestas en pro de la Naturaleza salvaje normalmente no están pensadas con la idea de perpetuar alguna condición ‘original’ o ‘prístina’ sino como intentos de ‘salvar’ del desarrollo los territorios salvajes[lx]”. Las zonas salvajes, son por lo tanto tierras protegidas de la conquista de la civilización industrial. ¿Tan difícil es de entender?

La segunda definición es el ideal:

Una zona salvaje, en contraposición a aquellas áreas en que el hombre y sus labores dominan el paisaje, es por la presente reconocida como un área en la que la tierra y su comunidad biótica no tienen trabas impuestas por el hombre, donde el hombre mismo es un visitante que no permanece. Sección 2(c).

Fue escrita por Howard Zahniser de The Wilderness Society quien, como redactor y escritor profesional, comprendía la importancia de escoger las palabras, esta definición coincide con el concepto de tierra con voluntad propia. Primero, las zonas salvajes no son aquellas en que las labores del hombre dominan el paisaje. Las zonas salvajes no están sometidas a la voluntad humana. Segundo, Zahniser escogió cuidadosamente la poco conocida expresión “no tienen trabas”[lxi], y no solamente porque sonase bien. Una traba es la maniota de un caballo, por lo tanto es algo que dificulta el libre movimiento.[lxii] Como verbo, trabar, significa dificultar el movimiento de algo. No tener trabas significa, por lo tanto, que la voluntad de algo no está impedida; que tiene voluntad propia. La tierra sin trabas es el ruedo de la evolución. Tercero, los humanos sólo son visitantes temporales en las zonas salvajes; no hay asentamientos humanos permanentes. Muchos de los enemigos de la Naturaleza salvaje odian especialmente esta exclusión de la ocupación humana. Sin embargo, creo que esta ausencia de asentamientos humanos duraderos es clave para que la Naturaleza posea voluntad propia. Allá donde los humanos habitamos durante un largo periodo de tiempo, trabamos o impedimos la voluntad de la tierra alrededor de nuestros asentamientos y más allá. ¿Hasta dónde? Eso depende del tamaño poblacional y de la sofisticación tecnológica del grupo.

La tercera definición de wilderness se infiere inmediatamente de la segunda. Es la definición concreta y práctica de las zonas salvajes protegidas por la Wilderness Act y establece un criterio de partida para las zonas candidatas:

 

Una zona salvaje es definida de aquí en adelante, en esta Ley y para esta Ley, como una zona de tierra federal sin desarrollar que mantiene su carácter e influencia primigenios, sin mejoras ni asentamientos humanos permanentes; que es protegida y gestionada con el fin de preservar sus condiciones naturales y que (1) generalmente parece haberse visto afectada principalmente por las fuerzas de la naturaleza, sin una huella apreciable de la labor humana; (2) posee excepcionales oportunidades para la soledad o para la recreación primitiva y al aire libre; (3) tiene al menos unas 2025 hectáreas[lxiii] de tierra o el tamaño suficiente para posibilitar su preservación y uso y mantenerse en perfectas condiciones; y (4) puede contener también cualidades ecológicas, geológicas u otras cualidades con valor científico, educativo, paisajístico o histórico. Sección 2(c)

 

Aunque mantiene el concepto de tierra con voluntad propia (“sin desarrollar”, “carácter e influencia primigenios”, “sin mejoras permanentes ni asentamientos humanos”, “condiciones naturales”), se trata de una definición práctica que reconoce que la mayoría de la tierra con voluntad propia puede no ser prístina (“generalmente parece”, “principalmente afectada“, “sin una huella apreciable”). De hecho la palabra prístina no aparece en la Wilderness Act.

Esta visión realista de la Naturaleza salvaje, responde a la frecuente pregunta tonta, “¿Qué es natural?”. Entiende que lo natural no es algo separado de y opuesto a lo no-natural. Más bien creo que la definición considera que la tierra abarca un continuo que va desde lo que está completamente sometido a la voluntad humana hasta lo que posee una voluntad absolutamente propia. En algún punto, la tierra está en su mayor parte dominada por los humanos, en algún otro punto, la tierra comienza a ser controlada principalmente por las fuerzas de la Naturaleza.[lxiv] Hay una amplia zona gris intermedia en la que hay cierta contribución de las fuerzas naturales y también de las humanas. Cuando las fuerzas naturales se vuelven dominantes, la tierra tiene voluntad propia. Dado que nosotros, los humanos, tenemos diferentes y limitadas formas de comprender la ecología y distinta profundidad en los conocimientos, cada uno puede localizar la transición entre las zonas que poseen voluntad propia y las que no en distintos puntos de ese continuo. Pero esto no significa que no podamos decir, “este lugar es principalmente natural”. No caigamos, en la engañosa trampa de pensar que el carácter natural[lxv] es simplemente una idea humana. Lo salvaje[lxvi] existe ahí fuera. Un árbol que cae en un bosque no necesita que alguien lo oiga para existir.

Las heridas ecológicas sufridas por la tierra son fruto de los humanos tratando de imponer su voluntad. La gravedad de estas heridas y su impacto permanecen tanto donde la tierra posee voluntad propia en su mayor parte (zonas principalmente afectadas por las fuerzas de la Naturaleza) como donde no. Algunos enemigos de la Naturaleza salvaje creen erróneamente que los conservacionistas ven la Naturaleza salvaje como prístina (un término absoluto). Otros anticonservacionistas, a fin de limitar la protección, argumentan que para calificar un área como zona salvaje ésta debe ser prístina. Ninguna de ambas cantinelas es cierta.

Si leemos cuidadosamente la sección 2(c) de la ley, vemos que hay dos definiciones de wilderness, ligadas entre sí. Una se refiere a las experiencias humanas en las zonas salvajes (“parece”, “sin huella”, “soledad”, “recreación primitiva y al aire libre”, “educativo”, “histórico”, “paisajístico”). La otra es una definición ecológica (“sin desarrollar”, “carácter e influencia primigenios”, “fuerzas naturales”, “ecológico”, “científico”). Entender que estas descripciones de condiciones y valores ecológicos ocupan un lugar destacado en la Wilderness Act refuta la persistente acusación de que esta ley y el National Wilderness Preservation System, fruto de la misma, sólo se preocupan de lo recreativo y de lo paisajístico. Incluso algunos científicos y conservacionistas han criticado la Wilderness Act por tener una abrumadora tendencia recreativa. Es importante comprender que ése no es el propósito de dicha ley, a pesar de que frecuentemente las agencias federales han gestionado las zonas salvajes como si así fuese.

Las dos lecciones que tenemos que extraer de la sección 2(c) son: que las zonas salvajes no tienen por qué ser prístinas y que los valores ecológicos de las zonas salvajes están fuertemente reconocidos junto con los valores referidos a las experiencias humanas.

La cuarta definición de wilderness contiene reglas para gestionar una zona, una vez que ésta queda bajo la protección de la Wilderness Act:

 

Salvo los casos concretos explicitados en esta Ley y sujetos a derechos privados existentes, no habrá actividades comerciales ni carreteras permanentes dentro de ningún territorio salvaje[lxvii] designado por esta Ley y, exceptuando las necesarias para llevar a cabo los requerimientos mínimos para que la administración del área haga cumplir esta Ley (incluidas las medidas requeridas en las emergencias que atañan a la salud y la seguridad de las personas que estén dentro del área), no habrá carreteras provisionales, no se usarán vehículos, equipos ni barcos motorizados, no aterrizarán aeronaves, ni habrá ninguna otra forma de transporte mecánico ni ninguna estructura ni instalación dentro de las áreas designadas. Sección 4(c).

 

(En otra parte, la Wilderness Act establece determinadas excepciones a las prohibiciones anteriores para, por ejemplo, combatir los incendios, facilitar los rescates o permitir el pastoreo y las prospecciones mineras hasta 1984; todas estas excepciones fueron acuerdos políticos que los que apoyaban la Wilderness Act tuvieron que aceptar para que los congresistas del Oeste aprobasen este punto. Por tanto, la Wilderness Act falla en cierto modo y a veces se contradice a sí misma).

Las prohibiciones tratan de mantener la tierra sin trabas (con voluntad propia). Las prohibiciones son más estrictas que los criterios de partida descritos en la sección 2 (c). Por ejemplo, no es requisito que una zona salvaje candidata a entrar bajo protección de la Ley, no tenga carreteras o no se haya talado en ella; no obstante la sección 4(c) implica que deberá ser gestionada como zona sin carreteras una vez haya quedado bajo el amparo del National Wilderness Preservation System. En otras palabras, las carreteras existentes deberán ser cerradas y la tala comercial dejará de estar permitida una vez que una zona sea designada de manera oficial como territorio salvaje[lxviii]. Hay muchos casos de zonas que antes de entrar bajo el amparo del National Wilderness Preservation System tenían carreteras o se talaba en ellas- incluyendo algunos de los grandes territorios salvajes[lxix] clásicos del Oeste.

Si el significado de wilderness y lo que la Wilderness Act dice están claramente escritos, muchos malentendidos sobre lo salvaje[lxx] deberían desaparecer. Sin embargo, como vemos con demasiada frecuencia, el significado del concepto de Naturaleza salvaje no siempre se enturbia debido a la mera ignorancia sino que tal confusión es una táctica usada deliberadamente por los anticonservacionistas.

La contienda acerca de la conservación trata en el fondo sobre si podemos soportar o no que la tierra tenga voluntad propia.

 

El Río Salvaje

 

En “Rewilding and Biodiversity: Complementary Goals for Continental Conservation”[lxxi], Michael Soulé[lxxii] y Reed Noss[lxxiii] (1998) muestran claramente que la designación de reservas naturales en base a criterios científicos no echa por tierra la tradicional forma de designar zonas salvajes si no que más bien la complementa. Para entender esto, necesitaremos, tanto una visión global del movimiento conservacionista, como una metáfora para poder describirlo.

La metáfora que uso es la de considerar al movimiento conservacionista como si fuese un río, con afluentes que bajan desde zonas elevadas y circos glaciares para mezclarse y fluir juntos en la cuenca principal. Desde el aire, a vista de pájaro, tendremos una buena perspectiva que nos permitirá ver la cuenca al completo extendiéndose frente a nosotros. Los arroyos de la cabecera que fluyen juntos para formar el Río Salvaje son los de la protección de la fauna salvaje, la gestión, la protección de la belleza y la protección de los bosques. Aguas abajo, se les unen los afluentes de la protección de las zonas salvajes, la representación de los ecosistemas, la protección de los carnívoros, la conectividad[lxxiv] y la restauración de zonas salvajes[lxxv]. Cerca, pero de forma separada, están las cuencas de los ríos del “recursismo[lxxvi]” y del ambientalismo[lxxvii]. Veo al ambientalismo (la lucha contra la contaminación), al conservacionismo (la protección de la fauna y de las tierras salvajes) y al recursismo como movimientos separados que difieren en sus formas de ver a los humanos y a la Naturaleza. Algunos de los arroyos de la cabecera del Río Recursismo, nacen de los mismos riscos y picos que alimentan el Río Salvaje, no obstante, fluyen en direcciones distintas. El Río Ambientalismo y el Río Salvaje no nacen en la misma divisoria de aguas aunque, más adelante, sus cursos fluyen de forma paralela con sólo una estrecha franja de tierra separándolos. Todos los arroyos que alimentan al movimiento conservacionista nacen de proteger la tierra y la fauna salvaje de las amenazas que constituyen el desarrollo y la explotación.

Desde el collado más lejano fluyen las aguas bravas del arroyo de la Protección de la Fauna Salvaje. En contra de la creencia popular, el conservacionismo estadounidense nació de la protección de la fauna salvaje y no de la protección de los bosques. El aristócrata inglés William Henry Herbert vino a América en 1831 y trajo consigo el “código del cazador deportivo”. En su papel de hombre de los bosques como “Frank Forester”[lxxviii], Herbert luchó contra la rapiña presente en la caza comercial de la época y estimuló a los practicantes de la caza deportiva para unirse y luchar contra los cazadores sin escrúpulos[lxxix]. Las revistas nacionales de caza nacieron en la década de 1870 y se unieron a la lucha contra la explotación comercial de la caza y de la pesca y a favor de la protección de los hábitats. Los cazadores deportivos y sus revistas montaron un gran alboroto contra la sinrazón de la matanza de bisontes. El primer grupo conservacionista nacional no fue el Sierra Club (fundado en 1882) si no el Club de Boone y Crocket[lxxx], fundado en 1887 por Theodore Roosvelt[lxxxi] y sus compañeros de caza. El papel que corresponde al Club de Boone y Crocket en la creación de los primeros parques nacionales, refugios para la fauna salvaje y reservas forestales ha sido, en general, obviado por los historiadores así como por los conservacionistas de hoy (Reiger 1990).

El segundo arroyo de la cabecera es el de la Gestión. Uno de los más destacados estadounidenses del siglo XIX fue George Perkins Marsh[lxxxii], de Vermont. Como embajador, bajo la presidencia de Lincoln[lxxxiii], primero en Turquía y después en Italia, Marsh conoció distintos lugares del mediterráneo donde, entre las ruinas de las civilizaciones clásicas, encontró las ruinas de la tierra. Las colinas rocosas y sin árboles de Grecia eran el testamento de una civilización desaparecida tanto como lo era la desmoronada Acrópolis. Su libro de 1864, Man and Nature; or Physical Geography as Modified by Human Action, es uno de los textos de referencia tanto de la historia como de la ciencia. En él escribió: “allá donde va, el hombre no es sino un elemento perturbador. Allí donde pisa convierte la armonía de la naturaleza en discordia.” Phillip Shabecoff (1993), que fue el primer corresponsal en el extranjero del New York Times y posteriormente reportero medioambiental, escribió: “Marsh fue el primero en demostrar que el impacto acumulativo de la actividad humana no era despreciable y que, lejos de ser benigno, podía causar una destrucción permanente y generalizada en la superficie de la tierra”. Además, el manantial Maltusiano[lxxxiv] también alimenta al arroyo de la Gestión. La gestión es necesaria para combatir la erosión de los suelos y otras consecuencias negativas de hacer un uso poco cuidadoso de la tierra; más recientemente, la gestión, ha tratado de lidiar con las amenazas que constituyen el crecimiento de la población humana y el agotamiento de los recursos.

El tercer arroyo de la cabecera es el Belleza –la protección de parques nacionales y otros lugares similares para salvaguardar sus espectaculares e inspiradores paisajes. El valle del Yosemite[lxxxv] en la Sierra Nevada[lxxxvi] de California, no fue descubierto por colonos blancos hasta 1851 y las enormes secuoyas[lxxxvii] de sus alrededores no fueron descritas hasta 1852. En pocos años el valle y las secuoyas atraían a visitantes que querían contemplar su esplendor. En 1859, Horace Greeley, redactor del New York Tribune[lxxxviii], visitó el valle del Yosemite y escribió para sus lectores que era “la más singular y majestuosa de las maravillas naturales”. (Runte 1987). Cinco años más tarde, el 30 de Junio de 1864, mientras se tomaba un descanso de la carga que le suponía la Guerra Civil[lxxxix], el presidente Abraham Lincoln firmó un documento transfiriendo la propiedad del bello valle del Yosemite y del bosque de secuoyas Mariposa Grove[xc] al estado de California como parque público.

Los ciudadanos estadounidenses apoyaron la preservación de Yellowstone[xci], Yosemite y el resto de los primeros parques nacionales principalmente por su belleza, aunque otros factores, como el fácil acceso mediante el ferrocarril, ayudaron a tomar la decisión política. Los conservacionistas temían que todas las maravillas naturales de Estados Unidos fuesen amenazadas por el desarrollo del turismo de masas y por la explotación industrial como ya venía ocurriendo, desde 1830, en las cataratas del Niágara. Alfred Runte[xcii] (1987) escribe: “En la suerte que habían corrido las cataratas del Niágara, los estadounidenses encontraron razones de peso para tomarse la conservación en serio…. Un continuo desfile de visitantes europeos y de curiosos avergonzó a la nación al condenar la comercialización del Niágara”. Todo esto ocurrió también, y de forma similar, en el movimiento conservacionista de Canadá.

El cuarto y último arroyo de la cabecera es el Protección de los Bosques. Nace de un lago de montaña, cae en forma de cascada pero justo después un saliente de roca lo divide en dos cursos. Uno de ellos desemboca en el Río del Recursismo con Gifford Pinchot[xciii], y el otro se une al Río Salvaje con John Muir[xciv]. En la década de 1880, intereses comerciales en la ciudad de Nueva York llevaron a reclamar la protección de las Adirondacks[xcv] para asegurar el suministro de agua de calidad proveniente de la cabecera del río Hudson[xcvi]. En el Oeste, a los regantes y a las ciudades les preocupaba la destrucción de las cuencas fluviales debida al sobrepastoreo y a las talas que se llevaban a cabo en las tierras altas y, por ello, pidieron su protección. Los amantes de los bosques, liderados por John Muir, temían que todos los bosques naturales fuesen arrasados por las compañías madereras. Nueva York protegió las tierras estatales de las Adirondacks y el Congreso autorizó al Presidente a preservar los bosques del Oeste.

La Forest Reserve Act[xcvii] de 1891, como explica Samuel Hays (1979), “se limitó a establecer reservas forestales pero no especificó nada acerca de su gestión”. Los conservacionistas, desde Muir hasta los cazadores deportivos del Club de Boone y Crocket, esperaban mantener las reservas forestales fuera del alcance de la tala comercial, del pastoreo y de otros usos. Querían que las reservas fuesen protegidas por sus valores hídricos, recreativos y paisajísticos así como para servir de hábitat a la fauna salvaje. Sin embargo, Gifford Pinchot pedía una “gestión” que incluyese el aprovechamiento forestal, el pastoreo y la construcción de presas.

La Ley Orgánica de 1897, espoleada por Pinchot, abrió las reservas a la explotación comercial. De todos modos, tanto para Muir como para Pinchot la protección de los bosques era una respuesta a la amenaza que constituía la tala incontrolada e ineficiente.

Aguas abajo, otro afluente -el Territorio Salvaje[xcviii]- se une al Río Salvaje. El movimiento centrado en la preservación de las zonas salvajes nació de la mano de agentes del Servicio Forestal, como Art Carhart y Aldo Leopold. Leopold, quien protestó contra la invasión automovilística del campo[xcix], temía que el creciente acceso de los automóviles a los bosques nacionales destruyese y reemplazase las habilidades de los primeros guardas forestales. Quería conservar la posibilidad de experimentar lo que él había vivido cuando visitó, en 1909, el Bosque Nacional Apache[c] en Arizona. Leopold dijo “las zonas salvajes son sobre todo refugios para viajar mediante medios primitivos, especialmente en canoa y a pie” (1987). En 1921, definió las zonas salvajes como “una extensión ininterrumpida de tierra preservada en su estado natural, donde se puede cazar y pescar de forma legal, lo suficientemente grande como para poder viajar a pie durante dos semanas sin ver carreteras, caminos artificiales, cabañas ni otras obras del hombre”. (Leopold 1921). El campo estaba amenazado por los automóviles y las carreteras. Necesitaba protección. En la década de 1930, conservacionistas como Bob Marshall hicieron un llamamiento para proteger las zonas salvajes existentes dentro de los parques nacionales ya que éstos estaban siendo amenazados por propuestas, tanto del Servicio Forestal como de la industria del turismo, para construir autopistas panorámicas[ci].

En la otra orilla del Río Salvaje, justo aguas abajo de la confluencia con el afluente Territorio Salvaje, desemboca el afluente Representación de los Ecosistemas. Ya en 1926, la guía The Naturalist’s Guide to the Americas, editada por el destacado biólogo Victor Shelford[cii], hacía un llamamiento para la protección de las zonas naturales ecológicamente representativas. Tanto la National Audubon Society[ciii] como The Nature Conservancy[civ] han tratado de comprar y proteger ecosistemas que no estaban representados en las zonas protegidas a nivel estatal y federal. El National Park Service y los conservacionistas han intentado establecer parques nacionales que representasen todos los ecosistemas principales, aunque, todo sea dicho, sin un éxito total. La Eastern Wilderness Areas Act de 1975, mediante la que se establecía protección legal para las zonas salvajes de los bosques nacionales situados al este de las Rocosas, era explícita en lo relacionado con la representación de diferentes ecosistemas. Durante el RARE II, el Servicio Forestal, con el apoyo de los conservacionistas, buscó designar nuevas zonas salvajes para proteger ecosistemas que hasta el momento no estaban protegidos. Dicha búsqueda vino motivada por las amenazas que conllevaba el desarrollo. No obstante, la lucha por la representación de los ecosistemas no ha conseguido la relevancia necesaria. En un informe especial para el Departamento del Interior, Reed Noss y otros coautores (1995) detallan la pobre trayectoria de los Estados Unidos a la hora de proteger ecosistemas representativos.

A continuación, el afluente Protección de Predadores irrumpe como una impresionante cascada. En “Un Plan de Refugios Naturales”, aprobado por unanimidad por la Ecological Society of America[cv] el 28 de diciembre de 1932, Victor Shelford escribió, “Los biólogos comienzan a darse cuenta de que es peligroso modificar la naturaleza introduciendo plantas o animales, eliminando predadores o favoreciendo a los herbívoros...”. La Ecological Society decía que se debían proteger comunidades completas de especies autóctonas, incluyendo a los grandes carnívoros y las fluctuaciones naturales que se dan en el número de individuos de una especie (Shelford 1933). Por aquel entonces proteger a los lobos y a los pumas era muy atrevido, por eso en mi metáfora represento a este afluente como una cascada. Los grandes carnívoros estaban claramente bajo la amenaza de desaparecer de los Estados Unidos, incluso en los parques nacionales.

En la década de 1960 nace otro afluente del río del conservacionismo con los trabajos de E. O. Wilson[cvi] y de Robert MacArthur[cvii] sobre biogeografía de islas[cviii]. El número de especies por unidad de área está íntimamente relacionado con la biogeografía de islas. Michael Soulé (1995) escribe, “Uno de los principios de la ecología moderna es que el número de especies que puede soportar una determinada superficie es directamente proporcional a su área. Como corolario, si el área se reduce el número de especies cae”. La relación especies-área ha sido mostrada con pájaros, mamíferos, reptiles y otros animales en las Islas Mayores de la Sonda[cix] (situadas en el archipiélago malayo), en islas del Caribe y en otros lugares. Una regla ecológica aceptada es que si la superficie que ocupa un hábitat es reducida en un 90 por ciento, se perderán el 50 por ciento de las especies.

En 1985, el ecólogo de la Universidad de Michigan, William Newmark mirando un mapa del oeste de los Estados Unidos y de Canadá, se dio cuenta de que nuestros parques nacionales eran islas. Conforme el mar de asentamientos y la tala inundaban Norteamérica, los parques nacionales se convertían en islas ecológicas rodeadas de tierras dominadas por los humanos. ¿Podía aplicarse a esta situación la teoría de la biogeografía de islas? Newmark se dio cuenta de que cuanto más pequeño era un parque nacional y cuanto más aislado estaba de otras tierras salvajes mayor era el número de especies que había perdido. Las primeras especies en desaparecer habían sido las que necesitaban amplias áreas de campeo –como el lince y el glotón[cx]. La pérdida de especies (relajación en jerga ecológica) había ocurrido y todavía seguía ocurriendo. Newmark (1987) predijo que todos los parques nacionales iban a continuar perdiendo especies (como Soulé ya había predicho anteriormente para las reservas del África oriental). “Sin la intervención activa de los gestores de parques, es bastante probable que conforme crezca el aislamiento de los parques del oeste de Norteamérica la pérdida de mamíferos continuará”. Ni siquiera el Parque Nacional de Yellowstone es lo bastante grande como para albergar poblaciones viables de todos los mamíferos que necesitan amplias áreas de campeo. Sólo el complejo formado por la conexión de todos los parques nacionales de las Rocosas canadienses alcanza una superficie lo suficientemente grande como para garantizar su supervivencia.

Bruce Wilcox[cxi] y Dennis Murphy[cxii] (1985) escribieron que “la fragmentación de los hábitats constituye la más seria de las amenazas para la diversidad biológica y es la causa principal de la actual crisis de extinciones”. Reed Noss, entonces en la Universidad de Florida, reaccionó a dicha advertencia diseñando un sistema conceptual de reservas naturales para Florida, que consistía en reservas-núcleo rodeadas, cada una, por zonas de amortiguación e interconectadas mediante corredores ecológicos. En un artículo presentado en 1986 en la Natural Areas Conference[cxiii], Noss (1987), dijo: “Los problemas del aislamiento de los hábitats, derivados de la fragmentación de los mismos, se pueden mitigar conectando las áreas naturales mediante corredores o zonas con hábitats propicios.”

Este afluente de la conectividad nació como consecuencia de las amenazas de fragmentación que suponían presas, autopistas, talas y otros peligros propios del desarrollo.

Quienes navegamos por ríos, sabemos que puede transcurrir un buen trecho hasta que el agua de un afluente se mezcla completamente con la corriente principal. Vemos esto en el Yukon[cxiv], cuando una lechosa corriente de deshielo desemboca en las aguas claras de otro río. Una escena similar se repite en el Sudoeste, cuando un claro arroyo de montaña se mezcla con las rojizas aguas de un río lleno de limo. Durante millas se pueden apreciar, por su color, las dos corrientes separadas.

Lo anterior es lo que ha ocurrido en nuestro río. Los afluentes de la protección de la fauna salvaje, la gestión, la belleza, la protección de los bosques y la protección de las zonas salvajes se han mezclado bastante bien; sin embargo, las aguas de los afluentes de la representación de los ecosistemas, la protección de los depredadores y la conectividad de ecosistemas no se han mezclado tan bien. En la actualidad, se ha sumado un nuevo afluente -Restauración de las Zonas Salvajes. A diferencia de las anteriores corrientes, ésta se mezcla bien con las anteriores fusionándose en un profundo, ancho y poderoso río.

Soulé y Noss (1998), “distinguen tres rasgos independientes que caracterizan al actual movimiento por la restauración de zonas salvajes:

-Amplias y estrictamente protegidas reservas-núcleo (lo salvaje).

-Conectividad.

-Especies clave.”

Abreviando, estas son “las tres Cs: Núcleos, Corredores y Carnívoros”[cxv].

El enfoque de la restauración de zonas salvajes se basa en recientes hallazgos científicos que demuestran que la integridad de los ecosistemas a menudo depende de la función que desempeñan los grandes carnívoros. Michael Soulé y sus alumnos de postgrado (1988) han demostrado que los pájaros cantores autóctonos sobreviven en los grandes cañones suburbanos de San Diego donde hay coyotes; estos pájaros desaparecen más rápido cuando también desaparecen los coyotes. Los coyotes se comen a los zorros y a los prolíficos gatos domésticos. Los zorros y los gatos comen codornices, matracas del desierto[cxvi], zorzales y también se comen sus nidadas[cxvii].

En el Este, David Wilcove[cxviii], ecólogo que trabaja para el Environmental Defense Fund[cxix], ha descubierto que algunos pájaros cantores son víctimas de la eliminación de lobos y pumas. Como ya hemos visto la disminución de la población de aves cantoras como consecuencia de la fragmentación de los bosques está bien documentada, no obstante, Wilcove (1986) ha demostrado que tal disminución es, en parte, debida a la ausencia de grandes carnívoros en el Este. Los pumas y los lobos grises no se comen a las currucas[cxx] ni tampoco sus huevos, pero los mapaches, los zorros, las mofetas[cxxi] y las zarigüeyas[cxxii] sí lo hacen; y los pumas y los lobos se comen a estos predadores de tamaño medio. Cuando los grandes muchachos[cxxiii] son eliminados las poblaciones de muchachos de tamaño mediano[cxxiv] se disparan –con resultados nefastos para los pájaros. Soulé se refiere a este fenómeno –la multiplicación del número de predadores de tamaño medio en ausencia de grandes predadores– como explosión mesodepredadora[cxxv]. John Terborgh[cxxvi] de la Universidad de Duke (en mi opinión el decano de la ecología trófica) estudia actualmente los efectos ecológicos de la eliminación de jaguares, pumas y de la harpía mayor[cxxvii] en los bosques tropicales. Nos dice que los grandes carnívoros son los principales reguladores del número de presas –lo contrario de lo que antes era la ortodoxia ecológica. También ha descubierto que la eliminación o la disminución poblacional de los grandes carnívoros puede alterar la composición de las comunidades vegetales, en concreto, la proporción existente entre las plantas de grandes semillas y las de pequeñas semillas, esto es debido al aumento del consumo de semillas y de arbustos por la superabundancia de herbívoros cuyo número normalmente es regulado por los grandes carnívoros. Esto se conoce como cascada trófica[cxxviii] (Soulé y Noss 1998). Hay convincentes evidencias de la existencia de esta regulación de arriba a abajo también en bosques fuera de las áreas tropicales.

La restauración de zonas salvajes es, según Soulé y Noss, “el argumento científico para restaurar grandes zonas salvajes en base al papel regulador que desempeñan los grandes carnívoros”.

 

Principalmente tres argumentos científicos constituyen la argumentación a favor de la restauración de zonas salvajes y justifican el énfasis que se hace en la importancia de los grandes predadores. Primero, la estructura, resiliencia[cxxix] y diversidad de los ecosistemas suelen ser sustentadas por interacciones ecológicas (tróficas) de 'arriba a abajo', iniciadas por los superdepredadores (Terborgh 1988, Terborgh et al. 1999). Segundo, los predadores que necesitan amplias zonas de campeo normalmente necesitan grandes núcleos de territorios protegidos para buscar comida, para sus desplazamientos estacionales y para otras necesidades; tales especies justifican la necesidad de grandes áreas. Tercero, la conectividad también es necesaria porque en la mayoría de las regiones, habitualmente, las reservas-núcleo no son lo suficientemente grandes; por esto deben estar conectadas para asegurar la viabilidad a largo plazo de las especies que requieren amplias zonas de campeo.... Resumiendo, la argumentación para la restauración de zonas salvajes postula que los grandes depredadores suelen contribuir de manera decisiva al mantenimiento de la integridad de los ecosistemas. Por su parte, los grandes depredadores requieren espacios extensos e interconectados (Soulé y Noss 1998).

 

Si los grandes carnívoros autóctonos han sido extirpados de una región, su reintroducción y recuperación es esencial para una estrategia conservacionista. Los lobos, osos grises, pumas, linces, glotones, osos negros, jaguares y otros superdepredadores tienen que ser recuperados, en sus zonas naturales, a lo largo de toda Norteamérica.

A pesar de que Soulé y Noss (1998) afirman que “Nuestro principal postulado es que la restauración de zonas salvajes es un paso crucial para restaurar comunidades autorreguladas”, reivindican dos justificaciones que no son científicas: (1) “la ética de la responsabilidad humana,” y (2) “la esencia emocional y subjetiva de ‘lo salvaje’ o de las zonas salvajes. Las zonas salvajes difícilmente son ‘salvajes’ allá donde superdepredadores como los pumas, lobos, glotones, osos grises u osos negros han sido extirpados. Sin estos componentes, la naturaleza aparece de alguna forma incompleta, truncada, demasiado domesticada. Las oportunidades humanas para ser humildes quedan reducidas.”

Lo que Soulé y Noss han hecho marca un hito de crucial importancia para el movimiento por la conservación de las zonas salvajes así como para aquellos mayormente interesados en la protección de la diversidad biológica. Han desarrollado la base científica para justificar la necesidad de grandes complejos de zonas salvajes. Aquí, la ciencia apuntala los deseos y valores de los que se recrean en las zonas salvajes. Las grandes zonas salvajes no sólo son necesarias para inspirarse y para experimentar lo salvaje en ellas sino que son absolutamente necesarias para la protección y restauración de la integridad ecológica, de las especies nativas y de la evolución.

En alguno de sus escritos, Soulé califica a las zonas salvajes como autorreguladas, lo que no deja de ser otra forma de decir que poseen voluntad propia[cxxx] o que no tienen trabas[cxxxi].

Las metáforas nunca son perfectas pero esta forma de ver el movimiento conservacionista como la cuenca del Río Salvaje, con diferentes afluentes confiriéndole fuerza, diversidad y nutrientes es condenadamente buena. Nos permite ver que los afluentes nuevos no han remplazado a los viejos. Muestra que los arroyos de cabecera que inicialmente formaron el Río Salvaje no desaparecieron cuando nuevos afluentes desembocaron en él. Muestra la compatibilidad entre los afluentes “científicos” y los afluentes ascéticos y recreativos. Y muestra como la amenaza de la destrucción originó todas estas corrientes a favor de la conservación.

La Naturaleza salvaje y la conservación de la biodiversidad no son etéreas fantasías románticas para recuperar un mítico pasado de pureza y bondad, sino más bien esfuerzos reales y terrenales para proteger la tierra con voluntad propia de los daños derivados de una creciente población, de la expansión de los asentamientos y de una creciente mecanización.

 

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[i] Traducción de “The Real Wilderness Idea”, a cargo de G. El artículo original apareció en David N. Cole, Stephen F. McCool, Wayne A. Freimund, Jennifer O'Loughlin (comps.), Wilderness science in a time of change conference. Volume 1: Changing perspectives and future directions, USDA - Forest Service, 2000. Nota del traductor.

[ii] “Received Wilderness Idea” en el original. La expresión “The Received Wilderness Idea” se refiere a ciertas teorías defendidas por algunos intelectuales que tienen como denominador común que todas ellas afirman que la noción de Naturaleza o territorio salvaje es un mito occidental culturalmente transmitido desde hace siglos y que no se corresponde con la realidad. Según estos intelectuales, no existen realmente ecosistemas salvajes ya que todos ellos están alterados en mayor o menor medida por la actividad humana. Al margen de su discutible veracidad (es cierto el hecho de que prácticamente todos los ecosistemas están humanizados en mayor o menor grado; pero de ahí a negar la existencia real de la Naturaleza salvaje hay un abismo que, según cómo definamos “salvaje”, puede ser insalvable), estas teorías están en realidad muy influenciadas por determinados motivos políticos (izquierdistas) y tendencias filosóficas (humanistas). N. del trad

[iii] “Wilderness” es un termino imposible de traducir de forma exacta en este caso con un solo término castellano. “Wilderness” se refiere en inglés a las áreas en que los ecosistemas están poco o nada humanizados, es decir “zonas (o tierras) salvajes”. En este texto lo he traducido de diferentes modos según el caso. Generalmente, salvo en los casos que se indican explícitamente, lo he traducido bien como “zonas salvajes” o bien como “Naturaleza salvaje”. N. del trad.

[iv] “The Real Wilderness Idea” en el original. N. del trad.

[v] La traducción al castellano de “National Wilderness Preservation System” es “Sistema Nacional para la Preservación de Espacios Naturales” [de los Estados Unidos]. Abarca los organismos encargados de proteger las zonas salvajes, designadas para su protección y gestionadas federalmente, en EE.UU. N. del trad.

[vi] Una traducción aproximada al castellano de “Wilderness Act” es “Ley de Espacios Naturales”. La Wilderness Act, redactada por Howard Zahniser, de The Wilderness Society, y convertida en ley por el presidente Lyndon D. Johnson, creó la definición legal de “zona salvaje” en Estados Unidos y supuso la protección de 36.000 km2 de tierras federales. N. del trad.

[vii]  J. Baird Callicott (1941- ), filósofo estadounidense especializado en filosofía ecologista y ética ambiental. Fue uno de los pioneros en la crítica del concepto de “Naturaleza salvaje”. N. del trad

[viii] William Cronon (1954- ), es un profesor e investigador sobre geografía, historia y estudios ambientales estadounidense. Es uno de los críticos del concepto de “Naturaleza salvaje” más conocidos, fundamentalmente tras editar la antología Uncommon Ground: Toward Reinventing Nature (1996). N. del trad.

[ix] El autor se refiere al poema épico, “El paraíso perdido”, de John Milton (poeta y ensayista inglés del siglo XVII), cuyos principales personajes son Dios, Satán, Adán y Eva. N. del trad.

[x]  Jonathan Edwards (1703-1758), fue un famoso teólogo, pastor congregacional y misionero durante la época colonial en Norteamérica. N. del trad.

[xi] Henry David Thoreau (1817-1862), fue un escritor, poeta y filósofo estadounidense, de tendencia trascendentalista y origen puritano, sus obras más conocidas son Walden y Desobediencia civil. N. del trad.

[xii] En el original de este párrafo el autor hace un juego de palabras con el doble significado en inglés del término “received” (“recibido” y “comúnmente aceptado”) que resulta imposible de adaptar al castellano sin que pierda parte de su sentido. Se refiere, pues, jocosamente a que esos intelectuales postmodernos recibieron por “ciencia infusa” la creencia de que la idea de Naturaleza salvaje que rechazan en sus obras es la noción de Naturaleza salvaje comúnmente aceptada, en lugar de haber obtenido un conocimiento directo y empírico de cuál es realmente la idea comúnmente aceptada, si es que existe tal cosa. N. del trad.

[xiii] “I’ve been […] a wilderness river runner” en el original. He considerado la frase “he descendido ríos salvajes” como la mejor opción de traducción. N. del trad.

[xiv] “Wilderness qualities” en el original. He considerado “carácter salvaje” como la mejor opción de traducción. N. del trad.

[xv] No he encontrado información sobre la obra citada. N. del trad.

[xvi] Organización conservacionista estadounidense creada en 1935. N. del trad.

[xvii] La traducción de “Forest Service Primitive Areas” es “Áreas Primitivas del Servicio Forestal”. Se refiere a la designación, ya en desuso, de “Áreas Primitivas” por parte del Servicio Forestal para hacer referencia a las zonas salvajes. N. del trad.

[xviii] “National Wildlife Refuges” en el original. Son territorios y aguas designados para la conservación y gestión encaminadas a la sostenibilidad de los recursos de fauna y flora y de sus hábitats. N. del trad.

[xix] Clifton R. Merrit (1919-2008), miembro destacado de The Wilderness Society y fundador de American Wilderness Alliance (organización posteriormente conocida como American Wildlands). N. del trad.

[xx] Enrie Dickerman (1910-1998) fue un defensor de las zonas salvajes y conservacionista de los EE.UU. Destacó, entre otras cosas, por interesarse en las zonas salvajes del Este de EE.UU. N. del trad.

[xxi] La traducción aproximada de “Eastern Wilderness Areas Act” es “Ley de Espacios Naturales del Este”. N. del trad.

[xxii] Harry B. Crandell (1924-1988), biólogo y activista de la conservación estadounidense. Destacado miembro de The Wilderness Society. N. del trad.

[xxiii] BLM (acrónimo de Bureau of Land Management), es una agencia del departamento de interior de los EE.UU. encargada de administrar las tierras públicas. N. del trad.

[xxiv] David Brower (1912-2000), ecologista estadounidense, director ejecutivo del Sierra Club desde 1952 hasta 1969 y fundador, entre otras, de las organizaciones ecologistas Friends of the Earth y Earth Island Institute. N. del trad.

[xxv] Edgar Wayburn (1906-2010) y su esposa Peggy Wayburn (1918-2002) fueron activistas conservacionistas estadounidenses. Peggy escribió varios libros sobre las zonas salvajes y Edgar fue varias veces presidente del Sierra Club durante la década de los sesenta. N. del trad

[xxvi] Stewart Brandborg (1925- ), conservacionista, activista y organizador ciudadano estadounidense, fue director ejecutivo de The Wilderness Society durante 12 años. N. del trad.

[xxvii] Celia Hunter (1919-2001), célebre activista ecologista y conservacionista estadounidense. N. del trad.

[xxviii] “Gila Wilderness” podría traducirse como “Desierto de Gila”. Fue la primera región en ser designada como zona salvaje, en 1924, por el gobierno de los EE.UU. y, por lo tanto, en ser protegida federalmente como tal. Está en Nuevo México. N. del trad.

[xxix] Bob Marshall (1901-1939), fue un guarda forestal y activista a favor de las zonas salvajes estadounidense. N. del trad.

[xxx] Aldo Leopold (1887-1948), fue un ingeniero forestal estadounidense, conocido conservacionista y escritor que popularizó la idea de “ética de la tierra”. Tuvo dos hijas, Nina y Estella, ambas involucradas en el movimiento conservacionista estadounidense. Aunque aquí Foreman no especifica a cuál de ellas se refiere exactamente. N. del trad.

[xxxi] Olaus Murie (1889-1963) fue un biólogo naturalista y ecologista de los EE.UU. Entre otras cosas, fue presidente de The Wilderness Society. Su viuda, Margaret Thomas (“Mardy”) Murie (1902-2003), fue naturalista, escritora, aventurera y conservacionista. Colaboró en la redacción de la Wilderness Act y en la creación del Arctic Nacional Wildlife Refuge. N. del trad.

[xxxii] Sigurd F. Olson (1899-1982) fue un ecologista y defensor de las zonas salvajes estadounidense. Escribió numerosos libros al respecto. N. del trad.

[xxxiii] El RAREII (acrónimo de “Roadless Area Review and Evaluation II”) fue la segunda parte de un estudio sobre los territorios sin carreteras llevado a cabo por el Servicio Forestal de EE.UU. entre 1977 y 1979. Su objetivo era examinar y evaluar los territorios sin carreteras que estaban bajo su jurisdicción para decidir cuáles debían de ser protegidos y cuáles podían abrirse al desarrollo industrial. N. del trad.

[xxxiv] La traducción de “Alaska Lands Act” es “Ley de los Territorios de Alaska”. Se trata de una ley federal de los EE.UU. aprobada por el Congreso en 1980 y firmada por el presidente ese mismo año. La ley declaró alrededor de 17.638.000 hectáreas (43.585.000 acres) de Parque Nacional en Alaska. N. del trad.

[xxxv] Earth First! (EF!) es una organización ecologista radical presente, principalmente, en varios países anglófonos. N. del trad.

[xxxvi] “Wilderness” en el original. En este caso he considerado que la mejor traducción es “Naturaleza”. N. del trad.

[xxxvii] Revista sobre biología de la conservación y activismo por las tierras salvajes publicada por la organización Wildlands Project entre 1991 y 2004. N. del trad.

[xxxviii] Hay que tener en cuenta que el artículo data de 1999. N. del trad.

[xxxix] Dave Foreman y Howie Wolke, The Big Outside: A Descriptive Inventory of the Big Wilderness Areas of the United States, Ned Ludd Books, 1989. N. del trad.

[xl] Howie Wolke, conservacionista estadounidense y cofundador de Earth First! N. del trad.

[xli] “Juniper chaining” en el original. Hace referencia a una técnica de derribo de árboles en el que dos vehículos motorizados arrastran una cadena derribando todos los árboles y arbustos que se interponen en su camino. N. del trad.

[xlii] Oncorhynchus gilae. N. del trad.

[xliii] “Straw dog” en el original. En este caso, la expresión “straw dog” es sinónimo de la expresión “straw man” (“hombre de paja”, espantapájaros) que se refiere a una falacia lógica consistente en presentar el argumento del rival de forma alterada para luego atacarlo y demostrar su falsedad, en lugar de atacar realmente el verdadero argumento original. Es decir, crear un “espantapájaros” al que poder “golpear” (de ahí la expresión) y dar la impresión de estar derrotándolo, en lugar de enfrentarse honestamente al verdadero rival. N. del trad.

[xliv] Fedro fue un aristócrata ateniense (444-393 a.C.) cercano al círculo filosófico de Sócrates y protagonista junto con éste del diálogo de Platón que lleva su nombre. N. del trad.

[xlv] Linus Carl Pauling (1901-1994), bioquímico estadounidense. Fue uno de los primeros químicos cuánticos. N. del trad.

[xlvi] Michael P. Nelson es profesor de filosofía ambiental y ética en la Universidad de Oregón. N. del trad.

[xlvii] J. Baird Callicott y Michael P. Nelson (eds.), The Great New Wilderness Debate, University of Georgia Press, 1998. Es una antología de textos acerca del concepto de Naturaleza salvaje. Diez años después, los mismos editores publicaron una segunda parte titulada The Wilderness Debate Rages On: Continuing the Great New Wilderness Debate, University of Georgia Press, 2008. N. del trad.

[xlviii] “Self-Willed Land” en el original; quizá una traducción más adecuada al contexto sería “Tierra Autónoma” pero, dados los juegos de palabras que el autor hace con este término en el texto, el traductor ha considerado que la mejor traducción,

en este caso, es la literal: “Tierra con Voluntad Propia”. N. del trad.

[xlix] “Bud Man on his motorized trycicle” en el original. Aquí ha sido libremente traducida como “motorista cervecero”. La expresión original hace referencia a Bud Man, superhéroe caricaturesco (regordete y amante de la cerveza) mascota de la cerveza Budweisser. Quizá el autor se refiera irónicamente con ella a los aficionados a los “quads” todoterreno que defienden que su “hobby” es un “deporte” que permite el contacto con la Naturaleza, aun cuando no se apeen siquiera de sus vehículos y éstos dañen los ecosistemas a su paso. N. del trad.

[l] Tercera edición del World Wilderness Congress, el foro sobre temas medioambientales más antiguo de los que se celebran. N. del trad.

[li] Filósofo y profesor en la Universidad de Carolina del Norte. N. del trad.

[lii] “Self-willed land”, en el original”. N. del trad.

[liii] Según el autor ha comentado en algún otro lugar (por ejemplo, en la entrevista con Jeremy Lloyd, “Redneck for Wilderness: Earth First! cofunder Dave Foreman on being a true conservative”, publicada en The Sun, 15 de diciembre del 2005), él cree que el término “wilderness” está relacionado con la palabra germánica antigua “wildeor” y que se refería al lugar habitado por animales salvajes (en inglés antiguo “wilde” era “salvaje, no domesticado, no controlado” y “deor” era “animal salvaje”, en general, y “ciervo” –“deer” en inglés actual-, en particular). N. del trad.

[liv] “Wilderness areas” en el original. N. del trad.

[lv] “Wilderness” en el original. En este caso lo he traducido como “territorios salvajes”. N. del trad.

[lvi] National Wilderness Preservation System” en el original. N. del trad.

[lvii] La doctrina del Destino Manifiesto es una teoría que expresa la creencia en que Estados Unidos de América es una nación destinada (por Dios) a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico. Esta doctrina tuvo una gran repercusión en el siglo XIX ya que sirvió, en parte, como excusa para la conquista del Oeste y el avance de la Frontera entre lo salvaje y lo civilizado, siempre a expensas de los territorios salvajes. N. del trad.

[lviii] El calvinismo es un sistema teológico protestante. Lo que lo diferencia principalmente de las demás sectas protestantes es el fatalismo o creencia en la predestinación. A su vez se llama dualismo a la doctrina que afirma la existencia de dos principios supremos opuestos, uno del bien y otro del mal, por cuya acción se explica el origen y evolución del mundo. Con Calvinismo dualista el autor quiere destacar la creencia muy extendida en el siglo XIX, también expresada por el Destino Manifiesto, de que era la mano de Dios la que guiaba y predestinaba la dominación de los territorios salvajes de EE.UU. y que dicha conquista era la lucha entre el bien y el mal donde el bien era la civilización guiada, por Dios, y el mal estaba materializado en los “oscuros” territorios salvajes, llenos de fieras y de indios. N. del trad.

[lix] Los enemigos postmodernos de la idea de la Naturaleza salvaje, a menudo afirman que ésta está muy influida por las ideas del “Destino Manifiesto”, el “calvinismo” y el “dualismo”. De ahí que Foreman haga referencia aquí a estos conceptos. N. del trad.

[lx] “Wilderness” en el original. En este caso lo he traducido como “territorios salvajes”. N. del trad.

[lxi] “Untrammeled” en el original. N. del trad.

[lxii]A trammel is a fish net and also a hobble for a horse, thus a thing that hinders free action”, en el original. Resulta imposible traducir literalmente esta frase al castellano sin que al menos parte de ella resulte incomprensible y descontextualizada (literalmente: “Un trasmallo es una red de pesca y también la maniota de un caballo, por tanto, algo que dificulta la acción libre”). El autor juega en inglés con varios de los significados del término “trammel” (traba o impedimento, pero también trasmallo –un tipo de red de pesca- y maniota –un artefacto que ata las patas delanteras de las caballerías a modo de “esposas” y les impide trotar, galopar o incluso caminar fácilmente-). La traducción habitual al español de “trammel” sería “traba” y, si bien uno de los significados de “traba” es asimismo maniota, no existe en español un significado de “traba” que se refiera a un trasmallo, así que se ha optado por eliminar de la traducción la referencia a la red de pesca. N. del trad.

[lxiii] Más exactamente 2023,43 hectáreas (5000 acres en el original). N. del trad.

[lxiv] “At some point, land quits being mostly dominated by humans; at some other point, land begins to be controlled primarily by the forces of Nature”, en el original. La traducción literal sería: “En algún punto, la tierra deja de estar dominada en su mayor parte por los humanos; en algún otro punto, la tierra comienza a estar controlada principalmente por las fuerzas de la Naturaleza” pero esto no tiene sentido lógico ya que ambos puntos se refieren al mismo estado. Probablemente se trate de un error lógico de Foreman por lo que se ha decidido subsanar dicho error en la traducción. N. del trad.

[lxv] “Naturalness” en el original. He considerado la mejor traducción es “carácter natural”. N. del trad.

[lxvi] “Naturalness” en el original. He considerado que la mejor traducción es “lo salvaje”. N. del trad.

[lxvii] “Wilderness area” en el original. En este caso lo he traducido como “territorio salvaje”. N. del trad.

[lxviii] “Wilderness” en el original. En este caso lo he traducido como “territorio salvaje”. N. del trad.

[lxix] “Wilderness areas” en el original. N. del trad.

[lxx] “Wilderness” en el original. He considerado que la mejor traducción es “lo salvaje”. N. del trad.

[lxxi] Artículo en el que Michael Soulé y Reed Noss analizan las principales diferencias entre las dos tendencias mayoritarias dentro del conservacionismo norteamericano y definen el término “rewilding”. Véase la bibliografía. N. del trad.

[lxxii] Michael Soulé es un biólogo y conservacionista estadounidense conocido, sobre todo, por ser uno de los pioneros de la llamada “biología de la conservación”. N. del trad.

[lxxiii] Reed Noss es un profesor e investigador en temas sobre conservación, gestión y restauración de ecosistemas. N. del trad.

[lxxiv] “Connectivity” en el original; se refiere a la interconexión de zonas naturales, mediante corredores ecológicos para contrarrestar la fragmentación de los ecosistemas. N. del trad.

[lxxv] “Rewilding” en el original. Literalmente “reasilvestramiento”, se refiere a la recuperación de zonas salvajes que han sufrido distintos grados de degradación. En este texto lo he traducido como “restauración de zonas salvajes”. N. del trad.

[lxxvi] “Resourcism” en el original. Foreman utiliza este término para referirse a la explotación eficiente y la gestión prudente de los recursos naturales dirigidas a un uso sostenible de tales recursos por parte de los humanos. N. del trad.

[lxxvii] “Environmentalism” en el original. N. del trad.

[lxxviii] Frank Forester es el pseudónimo con el que firmaba sus escritos Henry William Herbert. N. del trad.

[lxxix] “Game Hogs” en el original; significa literalmente “los cerdos de la caza” y se refiere a los cazadores que cazan de forma abusiva. Por cuestiones de estilo he considerado que queda mejor “cazadores sin escrúpulos”. N. del trad.

[lxxx] El nombre del club hace referencia a los legendarios cazadores y tramperos estadounidenses Daniel Boone y David Crocket. N. del trad.

[lxxxi] Theodore Roosvelt (1858-1919) fue el vigésimo sexto presidente de los EE.UU. N. del trad.

[lxxxii] George Perkins Marsh (1801-1882), fue un diplomático y filólogo estadounidense Unidos. N. del trad.

[lxxxiii] Abraham Lincoln (1809-1865) fue el decimosexto presidente de los Estados considerado por algunos como el primer conservacionista de los Estados Unidos. N. del trad.

[lxxxiv] En referencia al famoso principio de Thomas Robert Malthus (1766-1834), economista y demógrafo inglés. Autor de la teoría sobre el desfase entre el ritmo del crecimiento poblacional y el ritmo de crecimiento de los recursos; según dicho principio la población crece más rápidamente que los recursos conduciendo a un progresivo empobrecimiento de la misma. N. del trad.

[lxxxv] Espacio natural protegido de los Estados Unidos; se encuentra en el estado de California. N. del trad.

[lxxxvi] Cordillera montañosa localizada en el estado de California y en ciertos lugares colindando con el estado vecino de Nevada. N. del trad.

[lxxxvii] Sequoiadendron giganteum. N. del trad.

[lxxxviii] Periódico de Nueva York fundado en 1841 por Horace Greeley, actualmente desaparecido. N. del trad.

[lxxxix] Se refiere a la Guerra Civil norteamericana (1861-1865). N. del trad.

[xc] Bosque de secuoyas situado en la parte más meridional del Parque Nacional del Yosemite. Es la zona del parque con mayor cantidad de secuoyas gigantes. N. del trad.

[xci] En referencia al Parque Nacional del Yellowstone protegido desde 1872 y primer parque nacional en el mundo. Su ubicación se reparte entre los estados de Montana, Idaho y Wyoming. N. del trad.

[xcii] Alfred Runte es un historiador medioambientalista estadounidense. N. del trad.

[xciii] Gifford Pinchot (1865-1946) fue un político, ingeniero agrónomo y botánico estadounidense. Fue el primer jefe del Servicio Forestal de Estados Unidos; durante su mandato destacó por defender la conservación de las reservas de la nación mediante un uso planificado de las mismas para permitir su constante renovación. N. del trad.

[xciv]  John Muir (1838-1914) naturalista y conservacionista escocés-americano. N. del trad.

[xcv] Macizo montañoso ubicado en el noroeste del estado de Nueva York; en 1882 fue declarado parque nacional. N. del trad.

[xcvi] Río de 506 kilómetros de largo que discurre principalmente por el estado de Nueva York. N. del trad

[xcvii] Ley aprobada en 1891 mediante la cual se autorizó al presidente de los Estados Unidos para ‘apartar’ tierras del dominio público y establecer en ellas reservas forestales; estas tierras serían gestionadas por el Departamento de Interior. N. del trad.

[xcviii] “Wilderness” en el original. En este caso lo he traducido como “Territorio Salvaje”. N. del trad.

[xcix] “Ford dust” en el original; la traducción literal sería algo así como “las polvaredas que levantan los coches de marca Ford”, por cuestión de estilo lo he traducido como “invasión automovilística del campo”. N. del trad.

[c] Bosque Nacional establecido en 1908 y situado en el estado de Arizona. N. del trad.

[ci] “Scenic highways” en el original. N. del trad.

[cii] Victor Shelford (1877-1968) fue un zoólogo y ecólogo estadounidense. N. del trad.

[ciii] ONG estadounidense fundada en 1905 y dedicada a la conservación de la naturaleza. N. del trad.

[civ] ONG internacional dedicada a la conservación de la biodiversidad y del medio natural. N. del trad.

[cv] Organización profesional, americana de ecólogos que realizan estudios científicos, en distintas ramas, sobre cómo los organismos se relacionan con sus entornos. N. del trad.

[cvi] Edward O. Wilson (1929-) es un biólogo estadounidense; es principalmente conocido por sus trabajos sobre evolución y sobre sociobiología. También destaca por sus trabajos sobre la teoría de biogeografía de islas. N. del trad.

[cvii] Robert MacArthur (1930-1972) fue un biólogo canadiense que destacó por sus trabajos en ecología de poblaciones y en ecología de comunidades. N. del trad.

[cviii] La biogeografía de islas es un campo dentro de la biogeografía que trata de estudiar los factores que afectan al número especies existentes dentro de una comunidad biótica aislada. N. del trad.

[cix] Las Islas Mayores de la Sonda son un grupo de islas que incluye Borneo, Java, Sumatra y las Célebes. N. del trad.

[cx] Gulo gulo. N. del trad.

[cxi] Bruce Wilcox es un biólogo de la conservación estadounidense. Fue uno de los responsables en acuñar el término biología de la conservación. N. del trad.

[cxii] Dennis Murphy es un biólogo de la conservación en la Universidad de Nevada. N. del trad.

[cxiii] Congreso anual de la ONG americana Natural Areas Association, centrada en reunir y dar apoyo a personas e instituciones que trabajan en la gestión y protección de zonas naturales. N. del trad.

[cxiv] El Yukon es el más occidental de los tres territorios del Norte de Canadá. N. del trad.

[cxv] En inglés “núcleo” es “core” por eso Foreman denomina estos tres rasgos fundamentales las tres Cs; en alusión a las iniciales de ‘cores (núcleos), corridors (corredores) y carnivores (carnívoros)’. N. del trad.

[cxvi] Campylorhynchus brunneicapillus. N. del trad.

[cxvii] “Foxes and cats eat quail, cactus wrens, trashers and their nestlings”, en el original. “Quail” es el nombre común que reciben distintos géneros del orden de las galliformes. Incluye a las distintas especies de codornices pero también de colines y corcovados. En cuanto a “Thrashers”, se utiliza para denominar a 15 especies de la familia Mimidae (familia de aves paseriformes). No obstante, por sencillez, ya que el significado del texto no se ve alterado se ha traducido “quail” por “codornices” y “thrashers” por “zorzales”. N. del trad.

[cxviii] David Wilcove es un biólogo conservacionista de la Universidad de Princeton. N. del trad.

[cxix] ONG ambientalista con base en Nueva York. N. del trad.

[cxx] “Warblers” en el original. Al principio, en inglés, el término “warbler” se refería a las currucas del Viejo Mundo (género Sylvia), pero posteriormente, tras la colonización de Norteamérica y otros continentes dicho término se ha usado como nombre común para designar a numerosas especies de aves paseriformes (pájaros) que en realidad no están siempre emparentadas con los sílvidos. En ausencia de más información, resulta difícil saber a qué especie de pájaro se refiere exactamente Foreman en este caso. N. del trad.

[cxxi] Mamíferos carnívoros de la familia Mephitidae. N. del trad.

[cxxii] Didelphis virginiana. N. del trad.

[cxxiii] “Big guys” en el original. N. del trad.

[cxxiv] “Middling guys” en el original. N. del trad.

[cxxv] “Mesopredator release” en el original. N. del trad.

[cxxvi] John Terborgh es un biólogo de la conservación estadounidense. N. del trad.

[cxxvii] Harpia harpyja. N. del trad.

[cxxviii] Top-down regulation” en el original; aunque la traducción literal “regulación de arriba a abajo” se entiende perfectamente dado el contexto –de hecho es la traducción que he empleado en otro lugar- aquí he preferido usar el término cascada trófica ya que este término es ampliamente usado en castellano para designar la “regulación de arriba a abajo”. N. del trad.

[cxxix] La resiliencia en ecología es la capacidad de los ecosistemas para amortiguar las perturbaciones sufridas y recuperarse de ellas. N. del trad.

[cxxx] “Self-willed” en el original. N. del trad.

[cxxxi]  “Untrammeled” en el original. N. del trad.

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Nat Ind,
6 may. 2017 4:48