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Mantened el objetivo

MANTENED EL OBJETIVO[i]

Por Theodore John Kaczynski

Lo siguiente es un extracto, reescrito en gran medida, a partir de una carta al redactor jefe del John Jay Sentinel, un periódico estudiantil de la Escuela Universitaria de Justicia Criminal John Jay. En su forma original, la carta fue publicada en los números de marzo y abril de 2011 del Sentinel. El redactor había señalado correctamente que, bajo el capitalismo, la competencia económica alienta el desarrollo tecnológico y me preguntaba si, por lo tanto, valdría la pena invertir tiempo y esfuerzo en eliminar el capitalismo. He aquí mi respuesta:

Aquellos que creemos que el sistema tecnológico es un mal, a menudo nos vemos tentados a atacar algunos de los males subordinados que están asociados a él, como el capitalismo, la globalización, la centralización, la burocracia, la interferencia y el gran tamaño de los gobiernos, la imprudencia medioambiental y las grandes desigualdades económicas. Deberíamos resistirnos a esta tentación. Por supuesto, males como los que he enumerado se pueden utilizar como herramientas para atacar el sistema tecnológico, señalando que ese tipo de males son inevitablemente parte de dicho sistema. Pero no es aconsejable atacar cualquiera de los males subordinados sin a la vez atacar el sistema tecnológico en su conjunto.

Lo que hace que los males subordinados sean blancos tentadores para el ataque es que hay ya un número considerable de personas que los rechazan intensamente y que podrían ser aglutinadas para resistir en su contra. Además, si alguno de estos males pudiese ser eliminado, el crecimiento del sistema tecnológico se vería retardado y sus consecuencias negativas mitigadas en cierta medida. El capitalismo, por ejemplo, es en la actualidad el sistema económico más propicio para el desarrollo tecnológico, así que si pudiésemos deshacernos del capitalismo ralentizaríamos en cierta medida el progreso tecnológico y, además, reduciríamos las desigualdades económicas. La globalización contribuye a la eficiencia económica y tecnológica, ya que hay ventajas obvias para los sistemas en que los recursos naturales, humanos y técnicos puedan ser transferidos libremente desde cualquier parte del mundo a cualquier otra parte donde puedan ser necesarios. Así que, si pudiésemos acabar con la globalización y aislar económicamente cada región del mundo de todas los demás, el progreso tecnológico se frenaría significativamente. La centralización también es importante para el progreso tecnológico. Por ejemplo, con el fin de mantener correctamente el funcionamiento económico de EE.UU., tiene que haber alguna autoridad central que regule la banca, la impresión de dinero, etc., de lo contrario los EE.UU. podrían experimentar las mismas dificultades que Alemania antes de su unificación, cuando gran parte del país aún estaba dividido en numerosos estados pequeños e independientes, cada uno con sus propias regulaciones bancarias, su propia moneda, sus propios pesos y medidas, etc.1

Como había tantos pequeños estados, … muchos eran los diferentes códigos civiles y penales, muchos los diferentes tipos de monedas y billetes, muchos los diferentes tipos de instituciones militares, financieras y relacionadas con el transporte. … El ciudadano de Württemberg necesitaba un pasaporte para viajar a Baden. Para su estancia en Koburg-Gotha, Braunschweig, o Schwarzburg-Rudolfstadt, el ciudadano de Baden necesitaba cambiar de moneda.2

Para que el desarrollo económico fuera normal, la regulación financiera y comercial de Alemania tuvo que someterse a un proceso de centralización que se extendió durante la mayor parte del siglo XIX.3 Si la centralización se pudiese revertir de alguna manera en Alemania (o en los EE.UU., o en cualquier otro país), el crecimiento económico y el progreso tecnológico podrían verse frenados seriamente.

Entonces, ¿por qué no atacar la centralización? En primer lugar, sería extremadamente difícil atacar la centralización con éxito. Una organización o un movimiento tendrían que concentrar toda su energía en ese ataque y, aunque tuviesen éxito en reducir sustancialmente la centralización, el resultado sería únicamente cierto retraso en el progreso tecnológico; ni el sistema tecnológico, ni los principales males asociados a él serían eliminados. Por tanto, en el ataque a la centralización, el movimiento utilizaría sus recursos ineficientemente: supondría gastar muchísima energía esperando obtener sólo una modesta ganancia.

Aún peor, al concentrar su energía en la campaña contra la centralización, el movimiento habría desviado la atención (la suya y la de otras personas) del objetivo más importante: el sistema tecnológico en sí mismo.

En cualquier caso, el ataque a la centralización no podría tener éxito. Por supuesto, no hay ninguna dificultad especial para descentralizar en situaciones en donde la centralización ha demostrado ser económicamente ineficiente. Por ejemplo, el excesivo control centralizado sobre la actividad económica, también conocido como socialismo, ya ha desaparecido en gran medida debido a su ineficiencia. Pero donde la centralización promueve la eficiencia, su prevalencia está garantizada por un proceso de selección natural.4 Los sistemas que son más centralizados (en aspectos en los que la centralización contribuye a la eficiencia) prosperan mejor que los sistemas menos centralizados. De ahí que los primeros tiendan a expandirse a expensas de los últimos. Dado que la ineficiencia impone privaciones económicas y de otro tipo a las personas, ocasiona que la mayoría de ellos se oponga a la descentralización. Incluso la mayoría de los que ahora tienen una visión negativa de la centralización, se opondrían a la descentralización cuando se enterasen de lo que les costaría en términos de eficiencia. Por ejemplo, si se quisiera que, [en los Estados Unidos], cada estado de la Unión estableciese su propia política monetaria e imprimiese su propia moneda, independientemente de todos los demás estados, la propuesta sería desestimada y se la tomaría como ridícula. Incluso si de alguna manera se consiguiera poner dicha medida en vigor, las consecuencias negativas –como el caos monetario, etc.– crearían indignación en tanta gente que el control centralizado en el ámbito monetario pronto sería restaurado.

Sobra decir que si los acontecimientos futuros provocan alguna vez que los sistemas centralizados económica y tecnológicamente sean ineficientes en comparación con los menos centralizados, podrían ser relativamente fáciles de descentralizar. Pero en tal caso, el ataque a la centralización supondría promover el progreso tecnológico en lugar de retrasarlo. Tanto en un caso como en el otro, atacar la centralización no es una forma efectiva de resistirse al avance del progreso tecnológico.

Argumentos muy similares a los anteriores sirven para desechar cualquier intento de eliminar el capitalismo. Para tener alguna esperanza de eliminar el capitalismo, un movimiento tendría que concentrar toda su energía en esa tarea, e, incluso si lograse eliminar el capitalismo, el resultado seguiría siendo muy modesto, porque el progreso tecnológico continuaría, aunque a un ritmo un poco más lento. No había capitalismo en la Unión Soviética, por ejemplo, pero ese país no era en absoluto una potencia tecnológicamente insignificante. Incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos se encontraban entre los líderes en física nuclear;5 sus aviones de combate, los MiG 15, sorprendieron a las fuerzas occidentales en la Guerra de Corea con su velocidad y agilidad;6 los soviéticos fueron los primeros en desarrollar un avión a reacción realmente exitoso, el Tu-104;7[ii] y la Unión Soviética fue el primer país en poner un satélite artificial en órbita.8

Por lo tanto, si un movimiento antitecnológico se centrase en la eliminación del capitalismo, gastaría una cantidad enorme de energía para conseguir muy poco a cambio. Lo que es peor, al centrarse en el capitalismo, el movimiento estaría desviando su atención y la de otras personas del objetivo más importante: la eliminación del sistema tecnológico en sí.

Un ataque contra el capitalismo sería además inútil, o sólo tendría éxito temporalmente y en unos cuantos países como máximo. El capitalismo se ha convertido en el sistema económico dominante a nivel mundial a través de un proceso de selección natural; ha sustituido a otros sistemas, ya que bajo las condiciones actuales el capitalismo ha demostrado ser económica y tecnológicamente más eficiente. Por esta razón, incluso si pudiésemos deshacernos del capitalismo en algunos países, éstos tendrían todavía una inclinación muy fuerte a volver a las estructuras económicas capitalistas a medida que la relativa ineficacia de su sistema no capitalista se fuese haciendo evidente. Esto ha sido demostrado por la experiencia: cuando los países socialistas de Europa del este no pudieron mantener el ritmo de Occidente económica o tecnológicamente, adoptaron sistemas capitalistas. Suecia fue en su día ideológicamente socialista aunque, en términos prácticos, el socialismo nunca llegó muy lejos en ese país. Hoy en día Suecia sigue siendo un estado del bienestar capitalista: y cada vez es menos un estado del bienestar, a medida que reduce los beneficios en aras de la eficiencia económica.9 China sigue siendo formalmente socialista pero, por el bien del éxito económico, el gobierno chino ahora permite en gran medida la empresa privada, es decir, el capitalismo.10 En Nicaragua, los sandinistas aparentan seguir siendo socialistas, pero en realidad están volviendo al capitalismo.11 Sólo conozco dos países en el mundo que sigan sin capitalismo: Cuba y Corea del Norte. Nadie quiere imitar a Cuba o Corea del Norte, debido a que han fracasado económicamente. Y es por eso que Cuba está ahora (2011) dando algunos tímidos pasos en dirección al capitalismo.12

Así que está claro que, mientras vivamos en un mundo tecnológico, jamás conseguiremos librarnos del capitalismo a menos, y hasta, que éste sea sustituido por algún sistema económica y tecnológicamente más eficiente.

Los argumentos que he presentado aquí, referentes a la centralización y el capitalismo, son igualmente aplicables a la globalización, a la burocracia, a la interferencia y al gran tamaño de los gobiernos, a la imprudencia medioambiental y a cualquier tipo de males cuya eliminación meramente obstaculizase la eficiencia del sistema tecnológico pero permitiera todavía su crecimiento. Mientras la sociedad permanezca saturada con los valores del sistema tecnológico, la mayoría de la gente no va a aceptar ninguna medida que obstaculice gravemente el funcionamiento de ese sistema. Con el fin de conseguir que la gente acepte esas medidas, primero habría que convencerla de que los supuestos “beneficios” de la tecnología moderna no valen el precio que hay que pagar por ellos. Por lo tanto, el ataque ideológico debe centrarse en la propia tecnología moderna. Cualquier intento de eliminar el capitalismo, la globalización, la centralización o cualquier otro mal subordinado, sólo desviaría la atención de la necesidad de eliminar el sistema tecnológico en su totalidad.

Notas:

1. Dorpalen, página 167. Zimmermann, páginas 8-9. The New Encyclopaedia Britannica (NEB), (2003), Volumen 20, “Germany”, páginas 106, 111 y 113. Con “unificación”, me refiero no sólo a la fundación del Imperio Alemán en 1871, sino a un proceso que podría decirse que se prolongó hasta 93 años, a partir de los cambios impuestos por los conquistadores franceses en 1807 (ibíd., página 102), hasta la promulgación de un código civil uniforme para el Imperio en 1900 (Zimmermann, página 9).

2. Zimmermann, página 8, cita a un tal “Löwenthal” sin dar ninguna otra indicación de la fuente.

3. Véase la nota 1, más arriba, y Tipton (artículo completo). Tipton argumenta que los historiadores se equivocan cuando identifican una fecha determinada, por ejemplo, 1834 (creación de la Unión Aduanera[iii]) o 1871 (fundación del Imperio Alemán), como el punto en el que el desarrollo económico alemán “comenzó a despegar”: los datos cuantitativos muestran que el desarrollo económico alemán durante todo el período en cuestión fue un proceso sin problemas y continuo, en el cual, los puntos de “despegue” no son claros.

Sin embargo, en algunos lugares (por ejemplo, páginas 222-23), Tipton parece argumentar que los eventos de centralización, como la creación de la Unión Aduanera de los Estados de Alemania o la fundación del Imperio no tuvieron importancia para el desarrollo económico de Alemania. Si esto es lo que quiere decir, entonces sus argumentos deben apoyarse en el supuesto de que tales eventos no pudieron haber sido de importancia económica a menos que fueran acompañados por un cambio inmediato en la tasa de crecimiento económico. Y esa suposición está claro que carece de justificación. Entre otras cosas, como señala el propio Tipton, los cambios en la regulación económica provocados por la Unión Aduanera y el Imperio, tardaron varias décadas en llevarse a cabo: la Unión Aduanera no se aplicó plenamente hasta 1857 (Tipton, páginas 201 y 209), mientras que la legislación de relevancia económica del Imperio se promulgó progresivamente por partes y no se concluyó hasta 1897, o incluso quizá 1900 (Zimmermann, página 9; Tipton, página 209). Además, la ejecución de las consecuencias económicas de los cambios en la regulación requirió ciertos avances, como la construcción de ferrocarriles (Tipton, páginas 200-201 y 205), lo cual no pudo ocurrir de la noche a la mañana.

Por lo tanto, la ausencia de puntos de “despegue” cuantitativamente identificables no proporciona ninguna evidencia de que la centralización de la regulación económica no fuese importante para el crecimiento económico. El mismo Tipton señala que “[el] libre tránsito de los recursos es importante para el desarrollo” (página 200), y que “[los] factores de producción tendrán mayor movilidad [...] en un área sin aranceles internos, sistemas monetarios descentralizados, o variaciones en las regulaciones comerciales” (página 200), por lo que se puede inferir que la regulación económica centralizada es importante para el desarrollo económico.

4. Véase el Capítulo Dos de este mismo libro.[iv]

5. NEB (2003), Vol. 21, “International Relations”, página 858.

6. Ibíd., Vol. 8, “MiG,” página 117. Véase también, Air & Space, Oct./Nov. 2013, página 80.

7. Woodall, página 4. Mellow, páginas 61 y 65.

8. NEB (2003), Vol. 19, “Exploration,” páginas 47–48.

9. The Economist, 11 de junio, 2011, página 58.

10. El sector privado constituye la parte más fuerte de la economía china. The Economist, 12 de marzo, 2011, páginas 79-80, y 25 de junio, 2011, página 14, Informe Especial (“el dinamismo en la economía de China es principalmente generado por empresas no estatales”). Es cierto que la intervención masiva del gobierno ha jugado un papel importante en la construcción de la economía china, pero esto ha sido sólo una etapa temporal que es característica de los países atrasados que se esfuerzan por ponerse al nivel de las naciones industriales plenamente desarrolladas. Véase, NEB (2003), Volumen 24, “Modernization and Industrialization,” página 288. Con toda probabilidad, la intervención gubernamental en la economía china será cada vez menos favorable para el vigor económico ya que dicho país se mueve más allá del objetivo de “ponerse al día”.

11. The Economist, 27 de agosto, 2011, página 33; 5 de noviembre, 2011, páginas 47-48.

12. The Week, 29 de abril, 2011, página 8. USA Today, 10 de mayo, 2011, página 6A.

Lista de obras citadas:

Dorpalen, Andreas, German History in Marxist Perspective: The East German Approach, Wayne State University Press, Detroit, 1988.

Mellow, Craig, “Jet Race: In 1956, the Soviets held first place—briefly,” Air & Space, Oct./Nov. 2013.

Tipton, Frank B., “The National Consensus in German Economic History,” Central European History, Vol. 7, No. 3 (septiembre, 1974), páginas 195–224.

Woodall, Curt, Cartas a la redacción, Air & Space, febrero, 2011.

Zimmermann, G.A., Das Neunzehnte Jahrhundert: Geschichtlicher und Kulturhistorischer Rückblick. Segunda mitad. Parte Dos. Druck y Verlag von Geo. Brumder, Milwaukee, 1902.

Obras citadas sin nombre de autor:

Air & Space magazine

Economist, The

NEB = The New Encyclopaedia Britannica, Decimoquinta Edición. La Decimoquinta Edición ha sido modificada cada pocos años. En este texto se añade un año entre paréntesis para indicar la versión citada de la NEB.

USA Today

Week, The



[i] Traducción de “Stay on Target”, a cargo de Anónimos con Cautela. Versión original publicada en Anti-Tech Revolution: Why and How, Fitch & Madison, 2016, Apéndice Tres, pags. 209-214. © Copyright Theodore John Kaczynski, para el original en inglés. © Copyright Anónimos con Cautela, 2017, para la traducción al español. Nota del traductor.

[ii] Avión comercial propulsado por motores de reacción. N. del trad.

[iii] “Zollverein” en el original. Término de origen alemán, su traducción al español es “Unión Aduanera de los Estados de Alemania”. El “Zollverein”, como su traducción indica, fue una organización de aduanas creada en 1834 alrededor de Prusia con el objeto de suprimir las fronteras económicas y ayudar a la unificación del comercio y la moneda en toda Alemania. N. del trad.

[iv] El capítulo en cuestión es “Why the Technological System Will Destroy Itself”. N. del trad.