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Earth First!: Environmental Apocalypse

Presentación de la reseña del libro de Martha F. Lee Earth First!: Environmental Apocalypse.

 

Más allá de la mera crítica (en gran parte acertada) del libro de Martha Lee, la reseña de Sessions puede servir como introducción general a la historia de Earth First! en particular y del ecologismo estadounidense en general.[1] Este es un tema poco conocido entre los españoles atraídos por las cuestiones ecológicas. Sin embargo, conocer mínimamente a grandes rasgos dicha historia puede ser importante para quienes pretendan combatir eficazmente la sociedad industrial en base a argumentos ecológicos, ya que ayuda a aclarar muchos aspectos que de otro modo la mera inclinación personal a valorar la Naturaleza como algo importante y el mero desarrollo lógico personal de dicha tendencia no pueden anticipar ni explicar fácilmente. Sentir que la Naturaleza salvaje es lo más importante es algo fundamental y puede ser suficiente para empezar a desarrollar una teoría o incluso una corriente o un movimiento, pero saber que otros ya lo han hecho, de un modo similar en muchos aspectos, puede servir para aprender de sus errores y de sus aciertos sin tener que repetir su experiencia (o al menos para complementar con ella la experiencia propia) y para evitar peligrosas ingenuidades sin necesidad de recibir escarmientos.

En este texto, Sessions, completa y corrige a su modo los ya de por sí interesantes crónica y análisis de Martha Lee. Cabe discutir muchos de los detalles de esta historia. Por ejemplo, si Earth First! llevaba desde el principio en sí misma el germen de su propia corrupción (Roselle fue uno de los cinco fundadores de Earth First!; Foreman mostró siempre una actitud excesivamente abierta, plural, tolerante e incluso a veces simpatizante hacia ciertos asuntos referentes a la justicia social; Earth First! dio públicamente desde el principio una importancia máxima al ecosabotaje, con el peligro que ello conlleva de atraer indeseables; etc.), o hasta qué punto la perspectiva de Sessions está sesgada (es cercano a la postura excesivamente moderada y conciliadora de Arne Naess) pero en lo fundamental, la cosa queda clara: tanto el libro de Martha Lee como la reseña de Sessions muestran cómo un movimiento puede arruinarse y volverse completamente ineficaz si no cuida de mantenerse fiel a su objetivo original y no guarda suficientemente las distancias respecto a otros movimientos cuyos fines sean esencialmente diferentes de los suyos. Aunque en la reseña de Sessions esta conclusión queda empañada debido a la oscura frase: “los movimientos y las organizaciones pueden, y deberían, tener diversas metas ya que, si se dedican a demasiados asuntos a la vez, los movimientos pueden exceder su capacidad y disolver su eficacia, o una meta principal (la justicia social) puede llegar a dominar y eclipsar a otra de las metas principales (la protección de la integridad ecológica).” Por un lado dice que un movimiento ha de tener varias metas y, por el otro que dedicarse a demasiadas cosas puede reducir su eficacia al exceder su capacidad e interferir unas metas en otras. En realidad, dado que tener diversas metas favorece la ineficacia y la interferencia entre metas, un movimiento que desee ser eficaz ha de tener una sola meta principal. Earth First! se arruinó precisamente por no haber sido capaz de mantenerse exclusivamente fiel a su primera meta principal: la defensa de los ecosistemas salvajes, y al principio básico que la inspiraba: el ecocentrismo, a causa de haber permitido que gente con otros valores y metas principales, como la justicia social, invadiesen y tomasen las riendas de dicho movimiento, difuminando sus principios, sus objetivos y su eficacia.

 


 

Reseña del Libro de Martha Lee,  Earth First! : Environmental Apocalypse. [2]

Por George Sessions[3].

 

El libro de Martha Lee es el primero de una nueva serie de libros “Religión y Política” producida por la Editorial de la Universidad de Siracusa. Esta serie se centra en los movimientos religiosos contemporáneos y su implicación en la política, analizándolos principalmente en base a si son fundamentalistas o liberales, apocalípticos o milenaristas. Lee es politóloga y es autora de The Nation of Islam: An American Millenarian Movement.

Comparando su nuevo libro con el de Susan Zakin Coyotes and Town Dogs: Earth First! and the Environmental Movement (Viking Press, 1993), Lee afirma que el libro de Zakin carece de objetividad: es periodístico, asistemático y anecdótico, Zakin simpatiza con el movimiento, y es amiga de Dave Foreman[4]. Además, no se centra en la Ecología Profunda, que es, según Lee, la filosofía básica del movimiento Earth First![5] (páginas 12-14). El libro de Lee supone una importante contribución ya que es indudablemente más objetivo que el de Zakin en su sistemática presentación de los hechos que rodearon el desarrollo y las actividades de Earth First!. Es más, se basa en entrevistas y en un cuidadoso análisis, primero, del boletín informal y, después, del periódico Earth First! Journal desde los comienzos del movimiento a principios de la década de los 80.

Sin embargo, el hecho de analizar Earth First! principalmente mediante criterios políticos y como un fenómeno esencialmente religioso/político, unido al marco político conceptual con que Lee suele interpretar Earth First! (milenarismo y apocaliptismo), hacen que toda su objetividad académica quede en entredicho. Por ejemplo, dice que “nuestra relación con este planeta es crítica para nuestra identidad política” y que “para los ‘Earth First!ers’[6], el sentido político último se halla en los ecosistemas salvajes[7]” (página ix) -este tipo de declaraciones fuerzan la utilidad de las categorías y de los análisis políticos más allá del punto de rotura, al tratar de evaluar y discutir ideas y conceptos filosóficos básicos desde una perspectiva política. Es más, al igual que la mayoría de los politólogos modernos, Lee asume implícitamente un sesgo antropocéntrico que sugiere que no entiende realmente de qué trata el ecocentrismo. Dice, por ejemplo, que “El bienestar de este planeta es lo que en el fondo sostiene la vida humana; las amenazas a la salud de la tierra son amenazas a la propia vida humana. Es el poder de esta conexión lo que motiva al ecologismo” (página xi). Esto predispone a la autora en contra de la facción ecocéntrica de Foreman, y a favor de la facción de Roselle/Bari[8], que empujó a Earth First! en la dirección de la justicia social a finales de los 80.

El uso que hace Lee de las categorías “milenarismo” y “apocaliptismo” para describir a Earth First! (y a sus dos facciones enfrentadas) a lo largo de todo el texto es torpe y forzado hasta extremos irritantes. Aunque estas categorías interpretativas ocasionalmente aportan nociones interesantes, más frecuentemente provocan extrañas distorsiones (para ajustar los hechos a dichas categorías), incongruencias y burdas hipersimplificaciones. La autora va tan lejos como para llegar a decir que “en todas sus formas, el ecologismo es -al menos de forma marginal- apocalíptico” (página ix). Lee también afirma que “ambos, los sistemas de creencias apocalípticos y los milenaristas [de Earth First!], se desarrollaron a partir del fértil sustrato de la ecología profunda” (página 19). No estaría de más que Lee hubiese apoyado esta aseveración con algo más de detalle.

Martha Lee explica que los politólogos que desarrollaron estas categorías consideran que los movimientos religiosos apocalípticos (y aquí mete a Earth First! en el mismo saco que a grupos fundamentalistas como el Islam), son inherentemente patológicos en distintos grados (página 23). Dado que los análisis de la crisis ecológica que hacía la facción de Foreman en Earth First!, tal y como los describe Lee (páginas 41-42 y 59) coincidían esencialmente con los análisis realizados recientemente por las Academias Nacionales de Ciencias de muchos países a lo largo de todo el mundo y por el Aviso a la Humanidad de los Científicos del Mundo de 1992, quizá algún futuro libro de la serie “Religión y Política” de la Editorial de la Universidad de Siracusa documente la naturaleza apocalíptica (y por tanto, patológica) de las organizaciones científicas profesionales del mundo.

Lee asegura que la Ecología Profunda ha sido la filosofía de Earth First!, aunque admite que la mayoría de los “EF!ers” leían muy poco sobre la filosofía de la Ecología Profunda y que las menciones explícitas a la Ecología Profunda no aparecieron en el EF! Journal hasta mediados de 1984 (páginas 18, 37 y 57). Es bastante penoso tener que leer algunas de las posturas tomadas por la facción de Foreman en el EF! Journal: por ejemplo, Foreman afirmando que ni siquiera una guerra nuclear sería muy dañina para la Tierra y aceleraría el final de la sociedad industrial, sus comentarios diciendo que “los ecosistemas salvajes constituyen el mundo real” (¡todo él es real! -lo que sucede es que el resto ha de ser restaurado y recolonizado) y que deberíamos “dejar que los etíopes se muriesen de hambre”; Christopher Manes sugiriendo que una de las soluciones a la superpoblación sería desmantelar la tecnología médica destinada a salvar vidas y que el SIDA era la solución dada por la Naturaleza a la superpoblación; y Reed Noss hablando acerca de la “élite genética de la ecología profunda” como la “gente elegida” para salvar la Tierra (páginas 64, 68, 83-84, 92-93 y 101-103). [Paul Shepard y E.O. Wilson han afirmado que todos los humanos tenemos el “gen de lo salvaje”[9] pero que está inhibido, especialmente en la gente urbana moderna]. Dado que muchos de estos artículos, aunque no todos, aparecieron firmados con diversos pseudónimos, cabe especular acerca de si Foreman, Manes y los demás estaban meramente ejerciendo como individuos su derecho a la libertad de expresión de ideas radicales y chocantes (y quizá misantrópicas); si esas ideas expresaban realmente la filosofía de Earth First!; y/o si pensaban que las ideas que estaban exponiendo eran el resultado natural de la filosofía de la Ecología Profunda. En caso de ser esto último, estaban profundamente equivocados en lo referente a su comprensión de la filosofía de la Ecología Profunda tal y como fue expuesta por Naess y otros teóricos del movimiento de la Ecología Profunda.

Lee señala acertadamente que las ideas de Edward Abbey[10], expresadas principalmente mediante sus novelas (y su asociación con Earth First!) “habían inspirado la formación del movimiento” (página 126). Dado que “desde los comienzos de Earth First!, Dave Foreman hizo de profeta y líder” (página 105) y debido a la idolatría que sentía Foreman por Abbey, la filosofía e ideología predominantes en Earth First! durante los años 80 probablemente sean mejor descritas, no tanto como Ecología Profunda, sino más bien como una versión del ecocentrismo, propia de Abbey/Foreman, idiosincrásica y algo misantrópica, unida a una imagen de ecosaboteadores “sureños, paletos y conservadores en defensa de los ecosistemas salvajes”[11] que a alguna gente le resultó ofensiva.

El fenómeno Foreman/Earth First! no se entiende mediante retorcidas y forzadas comparaciones con grupos fundamentalistas apocalípticos (tales como ciertas versiones del Islam) sino más bien mediante el papel jugado en la ininterrumpida historia del desarrollo del movimiento ecologista estadounidense a lo largo del periodo comprendido por las últimas décadas del siglo XIX y todo el siglo XX. Esto quizá esté mejor descrito en el libro de Stephen Fox John Muir and his Legacy: The American Conservation Movement (Little, Brown, 1981). La herramienta conceptual clave de Fox para describir la dinámica de este drama es la “tradición radical amateur” que, según él, ha sido “la fuerza conductora de la historia de la conservación”. En abierto contraste con los burocráticos profesionales medioambientales y las agencias del gobierno, los “amateurs radicales”, afirma Fox, “dieron calidad, independencia e integridad”, sirvieron como “conciencia del movimiento” y revitalizaron el movimiento una y otra vez, mientras ayudaban a mantener puras y presentes sus prioridades” (página 333).

Visto desde la perspectiva del análisis de Fox, existe una llamativa continuidad en la tradición conservacionista “radical amateur” que se extiende, en su fase principal, desde John Muir[12] a Dave Foreman, pasando por Dave Brower[13]. Muir fue el gran profeta ecocéntrico panteísta del siglo XIX que predicó la protección del mundo salvaje y la integridad ecológica de la Tierra. Tras la muerte de Muir, el Sierra Club[14] volvió básicamente a descender al nivel de un club montañero elitista y antropocéntrico poco prominente dedicado a proteger las zonas salvajes por su valor estético y recreativo. Sin embargo, en la década de los 50, Dave Brower (llamado por Fox “la reencarnación de Muir”) y otros líderes jóvenes y enérgicos del Sierra Club, resucitaron el espíritu de la cruzada de Muir, los fundamentos ecocéntricos y las metas de frenar el crecimiento demográfico y el desarrollo económico ilimitado y de proteger los ecosistemas salvajes y la integridad ecológica. Tras la destitución de Brower como director ejecutivo del Club en 1969, y después de que pasase el alboroto del Día de la Tierra en 1970, los profesionales del medioambiente tomaron el control de las principales organizaciones ecologistas [estadounidenses] (incluido el Sierra Club) desarrollando las mismas burocracias y tácticas que el aparato burocrático medioambiental profesionalizado del gobierno. Este nuevo aparato medioambientalista posterior al Día de la Tierra era poderoso y financieramente rico, pero a lo largo de los años 70 y 80 se fue volviendo cada vez más antropocéntrico, pragmático, centrado en los problemas de la contaminación urbana, interesado en la política y negociador en su filosofía, tácticas y objetivos. Como reacción a las concesiones hechas por los conservacionistas respecto a la protección de las zonas salvajes[15], Dave Foreman y Earth First! asumieron de nuevo el papel de "radical amateur" de Brower para reafirmar, de maneras nuevas, dramáticas y controvertidas, la forma ecocéntrica de entender el ecologismo de Muir, Leopold[16] y Brower, revitalizando de nuevo un movimiento ecologista desmoralizado durante la antiecológica era de Reagan[17], volviendo a fijar las prioridades en la estabilización de la población y en la protección de las zonas salvajes y de la integridad ecológica y reivindicando el fin de las concesiones políticas hechas por los profesionales del medioambiente. (En general, el libro de Zakin ilustra mejor que el de Lee esta continuidad, esta última tiende a tratar a Earth First! casi como si fuese un fenómeno aislado).

Allá por 1990, Earth First! sufrió una conmoción importante, tal y como señala Martha Lee, con la dimisión de Dave Foreman (estaba siendo investigado por el FBI por aquel entonces) y la toma del poder sobre la organización por parte de la facción de Roselle/Bari (con su “énfasis en la justicia social”). Como comenta Lee, “por lo tanto, la facción de la justicia social se estableció de este modo como la nueva Earth First!" (página 145). De manera cautelosa, Lee parece apoyar este cambio ya que lo considera una expresión más humana del movimiento que dio como resultado una nueva y mejor Earth First!. La asunción tácita que parece estar haciendo aquí es: si un movimiento no está explícitamente preocupado por los temas relativos a la justicia social, entonces es misantrópico. Pero dicha asunción es obviamente una falacia. Sin duda hubo excesos por parte de la facción de Foreman, pero los movimientos y las organizaciones pueden, y deberían, tener diversas metas ya que, si se dedican a demasiados asuntos a la vez, los movimientos pueden ir demasiado lejos y disolver su eficacia, o una meta principal (la justicia social) puede llegar a dominar y eclipsar a otra de las metas principales (la protección de la integridad ecológica).[18] Los propósitos y metas originales de Earth First! estaban definidos explícitamente desde el principio, y Foreman los repitió una y otra vez en el E.F! Journal. Kris Sommerville, de la facción de Foreman, vio la ruptura entre las dos facciones como un “desacuerdo filosófico básico dentro del movimiento Earth First! (biocentrismo, es decir, ecosistemas salvajes vs. antropocentrismo, es decir, justicia social)” (página 140). Foreman afirmaba: “veo que lo que sucede ahora en el movimiento Earth First! es lo mismo que les sucedió a los Verdes en Alemania Occidental -un intento premeditado de transformar un grupo ecologista en un grupo izquierdista” (Dave Foreman, "Whither Earth First!?" en, Foreman, Confessions of an Ecowarrior, Harmony Books, 1991, páginas 213-220).

Las intuiciones de Muir, Brower y Foreman acerca de dar la máxima prioridad ecológica a la protección de las zonas salvajes (en el sentido de proteger la integridad ecológica de la Tierra y el hábitat de las especies y tratar de salvar lo que aún queda del mundo salvaje reivindicando el cese del crecimiento y del desarrollo) se han visto ahora confirmadas por los principales ecólogos y biólogos conservacionistas de todo el mundo. Por ejemplo, Anne y Paul Ehrlich señalaron recientemente que "la devastación de la biodiversidad... es el más grave peligro ambiental concreto a que se enfrenta la civilización" (Anne y Paul Ehrlich, Healing the Planet: Strategies for Resolving the Environmental Crisis, Addison Wesley, 1991, páginas 35-37). Martha Lee describe cómo, tras su marcha, Foreman creó, junto con John Davis, el periódico Wild Earth y cómo (en la línea de las metas originales de Earth First! -y, en este sentido, de las metas del Sierra Club de Muir/Brower-) ha colaborado con biólogos conservacionistas para desarrollar el Wildlands Project[19] y el North American Wilderness Recovery Project[20] (páginas 143 y 145-146). Quizá, en estos momentos críticos para los ecosistemas, los vientos de cambio soplen de nuevo -no es mera casualidad que Anne Ehrlich, Brower y Foreman hayan sido recientemente elegidos como miembros de la Junta Directiva Nacional del Sierra Club y que esta organización acabe de decidir pedir la prohibición de todas las talas de bosque primario en los Bosques Nacionales[21] y haya nombrado presidente a un joven de 23 años que idolatra a Brower.

La ruptura entre la facción ecológica de Foreman y la facción de la justicia social de Roselle que desgarró Earth First! es parte del conflicto más amplio entre antropocentrismo y ecocentrismo que ha existido a lo largo de la historia del ecologismo estadounidense. Durante los años 60, tal y como ha señalado Stephen Fox, surgieron en las filas ecologistas “nuevos líderes centrados en el ser humano”, tales como el biólogo socialista Barry Commoner o como Ralph Nader[22], que veían la contaminación industrial como la esencia del problema medioambiental y desdeñaban la protección de la vida silvestre y de los ecosistemas salvajes. Antes de que se celebrase el Día de la Tierra en 1970, el movimiento ecologista ya se había escindido en una rama antropocéntrica preocupada por la contaminación urbana y liderada por Commoner, Nader y Murray Bookchin[23], y otra rama ecocéntrica preocupada principalmente por la superpoblación humana y por la protección de las zonas salvajes y de la integridad ecológica de la Tierra, centrada en torno a Brower, a Paul Ehrlich y a la mayoría de los ecólogos profesionales (véase John Muir and His Legacy, capítulo 9).

El ingrediente innovador en esta mezcla ha sido la suma explícita de luchas referentes a la justicia social a la rama de la contaminación urbana, especialmente durante la última década, promovida por ecomarxistas, ecosocialistas, deconstructivistas postmodernos y otros elementos con una base política izquierdista. Por ejemplo, reinterpretaciones y versiones nuevas de la historia del movimiento ecologista han sido planteadas por Robert Gottlieb (Forcing the Spring: The Transformation of the American Environmental Movement, Island Press, 1993) y Mark Dowie (Losing Ground: American Environmentalism at the Close of the Twentieth Century, MIT Press, 1995). Gottlieb y Dowie critican de forma útil la profesionalización y las concesiones de las principales organizaciones ecologistas  (el Grupo de los 10[24]) a lo largo de los años 70 y 80, pero también proponen que el ecologismo debería trasladar sus prioridades desde la protección de la biodiversidad y de la integridad ecológica de la Tierra hacia una agenda centrada en la contaminación urbana y la justicia social (denominada ahora movimiento por la “justicia medioambiental”). Dowie aplaude el “desplazamiento en el énfasis desde lo natural al dominio urbano [que] ha transformado el ecologismo estadounidense… La preocupación central del nuevo movimiento es la salud humana. Sus miembros consideran la preservación de las zonas salvajes un… valor digno de respeto pero hipervalorado” (páginas 126-127). Dowie considera que el libro de Gottlieb, Forcing the Spring, marca un “hito en la historia revisionista del ecologismo” que recoge y apoya este desplazamiento hacia los asuntos referentes a la contaminación urbana y la justicia social (página 21). Dowie propone que la gente de color, ejemplificada por la Cumbre para el Liderazgo Medioambiental de la Gente de Color de 1991 (cuyos principales intereses en lo concerniente a este punto han sido los asuntos relativos a la equidad a la hora de establecer emplazamientos para residuos tóxicos en zonas urbanas), deberían ser los líderes de lo que él llama el nuevo ecologismo de la “cuarta ola” (páginas 151-155 y 251-263).

Para dar más apoyo a (y para encender sentimientos de indignación a favor de) su postura en defensa de la “justicia medioambiental”, Dowie reinterpreta la historia de la conservación mostrándola a través de las lentes de un análisis social antropocéntrico, étnico, de clase y de género. Afirma que el movimiento conservacionista ha sido históricamente un lobby con “intereses especiales”: un “club de hombres blancos” racista dedicado a “proteger sus fuentes de placer estético…” (páginas 2-3 y 30). De un modo similar, Gottlieb ofrece un relato estereotipado de las luchas conservacionistas del Sierra Club en tiempos de Brower, durante los años 50 y 60, presentándolas como intentos de proteger las zonas salvajes por su valor como recursos estéticos y recreativos para una élite minoritaria (páginas 41-46).

Las acusaciones de racismo y elitismo lanzadas en contra del movimiento conservacionista estadounidense tradicional a lo largo de su historia tienen cierta validez pero, en su mayor parte, sólo en lo que respecta a algunos grupos de cazadores y de ornitólogos de principios del siglo XX (véase Fox, páginas 345-351); en lo fundamental, no son aplicables a las motivaciones ecocéntricas de Muir, Leopold y sus discípulos, ni al Sierra Club de Brower. Estas acusaciones, hechas por Dowie y algunos otros, tienden a servir como un “señuelo”: desvían la atención de los asuntos ecológicos reales y de la gravedad de la crisis ecológica global contemporánea.

Un documento clave (frecuentemente ignorado por los historiadores medioambientales) que deja patente la irrelevancia básica de las acusaciones de racismo y elitismo -mediante el relato de una evolución radical hacia el ecocentrismo en el Sierra Club a la hora de proteger las zonas salvajes, el paso de una postura antropocéntrica recreativa y estética a una actitud ecológica- es el libro de Michael P. Cohen, The History of the Sierra Club 1892-1970 (Sierra Club Books, 1988). Como señala Cohen, Brower afirma que cambió su perspectiva filosófica, pasando de una postura recreativa a una actitud ecológica a la hora de proteger los ecosistemas salvajes, después de que el veterano líder del Sierra Club, Harold Bradley, le enviase en 1950 una copia del libro de Leopold, Sand County Almanac (páginas 116-117).

Las Wilderness Conferences[25] del Sierra Club comenzaron en 1949 y pronto llevaron a discusiones sobre la filosofía de la naturaleza salvaje[26], con los líderes del Sierra Club, Brower y Richard Leonard, el biólogo del Servicio de Parques, Lowell Sumner, y el presidente de la Wilderness Society, Howard Zahniser, del lado del biocentrismo (o ecocentrismo); al actuar de ese modo, creían estar siguiendo las filosofías de Muir y Leopold. En la conferencia de 1957, Sumner y el biólogo A. Starker Leopold defendieron basar la protección de los ecosistemas salvajes en motivos ecológicos. Brower publicó las actas de esta conferencia en el Boletín Anual del Sierra Club de 1957 tratando de usar, sugiere Cohen, estos argumentos ecológicos para influir en la política del Club (páginas 124-133 y 214-217). (A lo largo de los años 50 y 60, en sus escritos y argumentos populares, el Club, igual que había hecho Muir, aún daba principalmente argumentos basados en motivos estéticos/recreativos a la hora de defender las zonas salvajes para atraer al público antropocéntrico. Por razones similares, la Wilderness Act[27] de 1964 fue redactada por Zahniser como un documento antropocéntrico, aunque Zahniser era ecocéntrico). En la conferencia de 1959, los biólogos Raymond Cowles y Starker Leopold relacionaron las amenazas para las zonas salvajes con el problema de la superpoblación humana (de nuevo en base a motivos ecológicos); el Club adoptó una política referente a la población en 1965 (páginas 232-233, 369, 414 y 436-437). Brower escribió el prólogo del libro de Paul Ehrlich, The Population Bomb, en 1968 (página 414).

Aunque el consenso popular entre los historiadores medioambientales sitúa los comienzos del ecologismo moderno en 1962, con la publicación del libro de Rachel Carson, Silent Spring[28]; el libro de Carson es importante principalmente por centrar dramáticamente la atención del gran público en los problemas medioambientales. Michael McCloskey (sucesor de Brower como director ejecutivo del Club en 1969) señala, acertadamente en mi opinión, que el movimiento a favor de las zonas salvajes de los años 50 marca el comienzo del movimiento ecologista moderno. El ecologismo de la Revolución Ecológica posterior a la Segunda Guerra Mundial, y la aclaración de su filosofía ecocéntrica, según McCloskey, comenzaron con las Wilderness Conferences del Sierra Club de mediados de la década de los 50, y siguieron con la cruzada activista del Sierra Club en los años 50 y 60 bajo la dirección de Brower (Cohen, páginas 133-134).

Para lograr una reconciliación efectiva entre la inquietud ecológica y la preocupación por la justicia social (a lo que J. Baird Callicott[29] se refiere como el asunto "Marx significa Muir") Arne Naess menciona los "tres grandes movimientos populares” (el movimiento ecologista, el movimiento por la justicia social y el movimiento pacifista) que, en la última mitad del siglo XX, se han unido para formar el movimiento internacional Verde para el cambio social. Naess afirma, sin embargo, que identificar el movimiento Verde (y el resto de movimientos que lo componen) con el movimiento ecologista favorece la confusión. El Movimiento de la Ecología Profunda apoya firmemente la sostenibilidad para todas las sociedades, pero la sostenibilidad en el sentido ecológico “amplio” de proteger “la totalidad de la riqueza y diversidad de formas de vida del planeta”. Naess está de acuerdo con que las sociedades no alcanzarán la sostenibilidad total hasta que se logren avances significativos en la consecución de todas las metas del movimiento Verde, aunque de todos modos, debe darse una prioridad muy grande a los asuntos ecológicos. A pesar de que Naess y otros ecologistas y defensores del Movimiento de la Ecología Profunda están muy preocupados por los asuntos referentes a la paz y la justicia social, Naess, sin embargo, afirma que “considerando el acelerado ritmo con que avanza la destrucción ecológica a nivel mundial, encuentro aceptable continuar luchando por la sostenibilidad ecológica sea cual sea el estado de los asuntos concernientes a las otras dos metas de las sociedades Verdes”. Los defensores del Movimiento de la Ecología Profunda, afirma Naess, “deberían concentrarse en asuntos concretos relacionados con la crisis ecológica (incluidas sus consecuencias sociales y políticas)” (para más información sobre los comentarios de Naess, véase el libro de George Sessions (ed.), Deep Ecology for the 21st Century, páginas 267, 413-414 y 445-453).

Si nos basamos en el análisis de Naess acerca de la relación entre los movimientos ecologista y por la justicia social, resulta obvio que la facción de Foreman de Earth First! iba por el buen camino, y que no tenía ninguna utilidad ampliar y cambiar los objetivos de la organización para incluir asuntos relativos a la justicia social. Las organizaciones que históricamente han estado dedicadas de manera específica a asuntos ecológicos, tales como el Sierra Club, deberían mantener esos objetivos. En cuanto a aquellos que proponen que el movimiento ecologista debería trasladar sus prioridades de los temas ecológicos a los asuntos relativos a la contaminación urbana y la justicia social (“justicia medio-ambiental”) les corresponde demostrar que la crisis ecológica global es mucho menos grave que lo que las organizaciones científicas de todo el mundo están afirmando. Pero, visto lo visto, puede que esto sea pedir demasiado.    


 



[1] El hecho de que este texto se refiera al movimiento ecologista estadounidense no debería hacer creer a nadie que carece de interés para los lectores españoles. No sólo porque el movimiento ecologista internacional es en gran parte descendiente del movimiento ecologista estadounidense, sino porque muchos de los aspectos importantes de su desarrollo se dan también de un modo u otro en los movimientos ecologistas de otros muchos países. No sólo cuecen habas en todas partes, sino que a menudo, las habas que cuecen son las mismas o muy similares.

[2] Traducción a cargo de Último Reducto de la reseña de George sessions aparecida en The Trumpeter (1996, vol.13, nº 4) del libro de Martha F. Lee Earth First!: Environmental Apocalypse (Nueva York: Syracuse Uuniversity Press, 1995. 208 páginas). © 1999 Trumpeter.  Nota del traductor.

[3] George Sessions es el editor de Deep Ecology for the 21st Century (Shambhala Publications, Boston, 1995). Ha escrito tres artículos sobre la relación de la ecología con el movimiento por la justicia social, los cuales han aparecido en los números de 1995 y 1996 de The Trumpeter.

[4] Dave Foreman fue uno de los fundadores y líderes de Earth First!. Nota del traductor.

[5] Earth First! (EF!) es una organización ecologista radical presente, principalmente, en varios países anglófonos. N. del t.

[6] Nombre que solían usar para autodenominarse los miembros de Earth First!. También “EF!ers”. N. del t.

[7] “Wilderness” en el original. En este texto se ha traducido “wilderness” siempre, salvo que se indique lo contrario, como “zonas salvajes” o “ecosistemas salvajes” N. del t.

[8] Mike Roselle fue uno de los fundadores de Earth First!. Judi Bari fue una líder de Earth First! en California a finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo pasado. Ambos (y buena parte del resto de Earth First!) tenían fuertes tendencias izquierdistas y mostraban mucho interés por la justicia social, la cual consideraban una meta tan importante como la conservación de los ecosistemas salvajes. O probablemente más. Foreman, por su parte, (junto con algunos otros “Earth First!ers”) defendía que la meta prioritaria de Earth First! debía ser la defensa de los ecosistemas salvajes (de hecho esa era realmente la meta original; “Earth First!” significa “¡Primero la Tierra!”) y consideraba la justicia social como algo secundario. Al final, se impuso la facción de Roselle/Bari y Foreman  abandonó Earth First!.      

El libro de Lee documenta los tiras y aflojas de este proceso de escisión. N. del t.

[9] “Wilderness gene” en el original. N. del t.

[10] Edward Abbey, escritor estadounidense cuyas ideas radicales ecocéntricas y favorables al ecosabotaje influyeron bastante en el discurso y la práctica de Earth First!. N. del t.

[11] “Rednecks for wilderness” en el original. El término “redneck” en Estados Unidos tiene un doble sentido. Por un lado significa “campesino ignorante” de los estados del sur de Estados Unidos y, por otro, “reaccionario” (probablemente debido a que en Estados Unidos gran parte de la población rural sureña se ha caracterizado tradicionalmente por mostrar tendencias políticas y sociales conservadoras). La expresión “rednecks for wilderness” juega con dicho doble sentido. N. del t.

[12] John Muir (1838-1914), naturalista de origen escocés que pasó la mayor parte de su vida en Estados Unidos; fue el fundador del Sierra Club y uno de los primeros defensores de la conservación de las zonas salvajes. N. del t.

[13] Dave Brower, ecologista estadounidense, director ejecutivo del Sierra Club desde 1952 hasta 1969 y fundador de las organizaciones ecologistas Friends of the Earth y Earth Island Institute, entre otras. N. del t.

[14] El Sierra Club es una importante organización ecologista estadounidense. N. del t.

[15] “The wild” en el original. N. del t.

[16] Aldo Leopold, ingeniero forestal estadounidense, creó la llamada “ética de la Tierra”. N. del t.

[17] Ronald Reagan, presidente republicano (conservador) de los Estados Unidos entre 1981 y 1987. N. del t.

[18] “...but movements and organizations can, and should have, differing goals and, by spreading themselves too thin, movements can overextend themselves and dilute their effectiveness, or one main goal (social justice) can come to dominate and overshadow another main goal (the protection of ecological integrity)”, en el original. La traducción al castellano que se ofrece aquí es básicamente literal, a pesar de que la incongruencia y poca claridad de este trozo hacen pensar que quizá se produjese un error de edición que cambió el sentido del texto original cuando fue publicado en The Trumpeter. N. del t.

[19] El Wildlands Project (Proyecto Tierras Salvajes), es una organización ecologista estadounidense que actualmente se llama Wildlands Network (Red Tierras Salvajes). Su objetivo es dar apoyo estratégico y científico a la creación de una amplia red de ecosistemas salvajes conectados mediante corredores ecológicos. N. del t.

[20] Probablemente, el autor se refiera a North American Wilderness Recovery Inc. (Corporación para la Recuperación de los Ecosistemas Salvajes de Norteamérica), organización miembro del Wildlands Project. N. del t.

[21] “National Forests” en el original. Los Bosques Nacionales son ciertas áreas de los Estados Unidos, que comprenden grandes zonas arboladas y forestales que son propiedad del gobierno federal y están gestionadas por el Servicio Forestal de los Estados Unidos. N. del t.

[22] Ralph Nader, abogado y político estadounidense, candidato a la presidencia de los estados Unidos por el Partido Verde en 1996 y 2000. N. del t.

[23] Murray Bookchin, teórico estadounidense, acérrimo enemigo de la Ecología Profunda y fundador de la corriente ecoizquierdista denominada “Ecología Social”.

[24] Se denomina “Grupo de los 10” al conjunto formado por las organizaciones ecologistas más grandes e influyentes de los Estados Unidos: Defenders of Wildlife, Environmental Defense Fund, National Audubon Society, National Wildlife Federation, Natural Resources Defense Council, Friends of the Earth, Izaak Walton League, Sierra Club, The Wilderness Society y World Wild Fund for Nature. N. del t.

[25] Conferencias Sobre Ecosistemas Salvajes. N. del t.

[26] “Wilderness” en el original. En este caso he creído más adecuado traducirlo por “naturaleza salvaje”. N. del t.

[27] La Wilderness Act (Ley de Zonas Salvajes), redactada por Howard Zahniser de la Wilderness Society y convertida en ley por el presidente Lyndon D. Johnson, creó la definición legal de “zona salvaje” (“wilderness”) en Estados Unidos y supuso la protección de 36.000 km2 de tierras federales. N. del t.

[28] Existe traducción al castellano: Primavera silenciosa, Crítica, 2005. N. del t.

[29] J. Baird Callicott, filósofo estadounidense especializado en filosofía ecologista y ética ambiental. N. del t.

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Nat Ind,
12 may. 2017 4:20