En ningún mapa

Nota: dado que algunos de los textos son bastante largos y, por tanto, su lectura directa en esta web podría resultar complicada, hemos añadido un enlace en cada uno de ellos para que los lectores puedan leerlos en formato pdf. Basta con hacer "click" en el título del artículo.

PRESENTACIÓN DE “EN NINGÚN MAPA

En esta página ya incluimos anteriormente otro texto de Jack Turner:  “El carácter salvaje y la defensa de la naturaleza”, de modo que algunas de las críticas ya mencionadas en la presentación de aquél texto sirven igualmente para éste.

De todos modos, aquí cabe señalar explícitamente uno de los puntos flojos más destacables de este autor: su marcada atracción por las “tradiciones orientales” (budismo, hinduismo, taoísmo) es un signo de sus tendencias un tanto jipis, con todo lo que ello conlleva: cierto irracionalismo, cierta desorganización lógica y mental, un notable subjetivismo centrado en lo personal, etc. que deslucen otros aspectos muy valiosos de su filosofía, como pueden ser su defensa radical del concepto de lo salvaje o su rechazo de la gestión activa y tecnológica de los ecosistemas. No es raro pues que se centre excesivamente en la inútil e intrascendente actuación a nivel personal o local y dé una gran importancia a aspectos “espirituales”. ¡Y eso que los fragmentos de la entrevista aquí incluidos son los que más se centraban en el mundo terrenal!

No obstante, consideramos que esta entrevista merece ser leída, ya que a pesar de todo plantea cuestiones interesantes que dan mucho que pensar.

EN NINGÚN MAPA: Jack Turner habla acerca de nuestra pérdida de intimidad con el mundo natural[1]  

Pocos meses después de haber conocido al escritor Jack Turner en Jackson Hole, Wyoming, para hablar con él acerca del carácter salvaje[2], de las tierras salvajes[3], de la soledad y de las raíces de las tendencias medioambientalmente destructivas de la civilización occidental, me envió un correo electrónico con el asunto “Griz”[4]. Había dos fotos adjuntas: la primera mostraba un par de osos al lado de una mesa de picnic medio enterrada en la nieve. La segunda había sido tomada a través de una ventana empañada, al otro lado de la cual había un oso de pie sobre sus patas traseras, con el hocico completamente pegado al cristal. “Hay grizzlies en la cabaña”, decía el correo electrónico. “De modo que no voy a poder ir a ningún lado durante unos días”.

Este no era en absoluto el primer encuentro de Turner con un oso salvaje. Desde 1978 ha vivido a los pies de las Tetons, una de las más espectaculares cordilleras de Norteamérica, normalmente en cabañas sin electricidad ni agua corriente. Este guía de montaña retirado, cree que, para amar realmente un lugar, uno ha de forjar una relación íntima y corporal con él y que conseguirlo hoy en día es un “logro”. A una cabaña en la que vivió, una choza de doce por doce pies[5] hecha de tableros de madera situada dentro del Parque Nacional Grand Teton, sólo podía accederse durante los meses de invierno esquiando o usando raquetas a lo largo de cuatro millas[6] desde la pista despejada más cercana. Las temperaturas a veces llegaban a 40 bajo cero. Las semanas pasaban sin hacer ninguna visita a un pueblo. Dice que los años que pasó allí con su mujer, Dana, y su perro, Rio, fueron los mejores de su vida.

Criado en Washington, D.C. y en el sur de California, Turner creció en una familia de aficionados a la Naturaleza. Su abuelo era copropietario de un campamento de caza y pesca en el norte de Pennsylvania y su padre cazaba y pescaba durante todo el año. Turner obtuvo una diplomatura en filosofía en la Universidad de Colorado y siguió estudiando chino y filosofía en Stanford y Cornell. Poco después, aceptó un puesto como profesor en la Universidad de Illinois en Chicago, pero se sentía menos cómodo en las aulas que deambulando por la naturaleza. Obsesionado con la escalada desde los años 60, a mediados de esa década realizó junto con algunos de los mejores escaladores de los EE.UU. algunas difíciles rutas en el Parque Nacional Yosemite y en Colorado. Amaba la escalada más que la filosofía, de modo que dejó de ser profesor. Las montañas le estaban llamando y él escuchó su voz.

A día de hoy, con setenta y dos años de edad, Turner probablemente haya pasado más tiempo en la naturaleza en busca de lo salvaje y de las tierras salvajes que cualquier otra persona que ustedes puedan llegar a conocer. Durante cuarenta y dos años ha trabajado para Exum Mountain Guides, una empresa con base en Wyoming, guiando a clientes en ascensiones al Grand Teton (13.776 pies) y a otros picos cercanos. Ha ascendido el Grand Teton aproximadamente cuatrocientas veces y ha participado en más de cuarenta viajes y expediciones a Paquistán, la India, China, el Tíbet, Nepal, Bután y Perú. En su tiempo libre ha caminado, navegado en canoa, pescado, observando aves y acampado –a menudo solo y siempre sin un GPS- por toda Norteamérica. Algunos amigos míos que viven en Jackson Hole me han dicho que a veces se cruzan con Turner cuando están por ahí de excursión. Uno le vio una vez al borde de una empinada cresta, rodeado de flores silvestres, meditando sobre una roca plana. Otro le vio arrastrándose en la nieve a los pies de su mujer con una lupa en la mano, hablando con entusiasmo.

Turner es autor de tres libros de no-ficción: Travels in the Greater YellowstoneThe Abstract Wild y Teewinot: A Year in the Teton Range. En los tres entrelaza anécdotas personales vividas en la naturaleza con discusiones filosóficas, citas de poetas chinos y maestros budistas y lecciones de historia natural. Ha recibido un premio para escritores de la Fundación Whiting, y su obra se enseña actualmente en más de cincuenta programas universitarios de estudios medioambientales. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Utah, pero en la actualidad rechaza la mayoría de las ofertas para dar charlas o enseñar, prefiriendo permanecer cerca del hogar y sus alrededores.

Cuando contacté por primera vez con Turner para realizar una entrevista, tenía la fantasía de tener que esquiar a través de nieve polvo para llegar a su cabaña y entonces sentarnos todo el día a lado de la estufa de leña, con mis calcetines secándose mientras charlábamos. Pero resultó que la tarde de un domingo de febrero en que quedamos Turner estaba ocupado –tenía invitados en su casa- y lo preparó todo para que tuviésemos la entrevista en la oficina de un amigo suyo que es abogado, abajo, en el pueblo de Jackson Hole. Entramos en una sala de conferencias con una lustrosa mesa negra, sillas giratorias tapizadas de cuero negro y monitores con pantallas planas en las paredes. Para ser un hombre de las montañas, Turner parecía extrañamente a gusto, lo cual da testimonio de su adaptabilidad. Salta con ligereza de unos asuntos y palabras a otros, desde  la poesía zen a la acidificación de los océanos pasando por los iPads.  

Alto y fuerte, con la cabeza calva y una barba blanca bien arreglada, Turner tiene una presencia imponente. A menudo a lo largo de las tres horas de conversación, se acaloraba acerca de algún tema y se acercaba inclinándose, apretando su dedo sobre la mesa. Sin embargo también me impresionó lo sabio y amable que es. Trajo con él una bolsa de clementinas aunque no hicimos una pausa para comerlas en ningún momento.

 

 

Tonino: ¿A qué se refiere exactamente con “salvaje”?

Turner: Me refiero a algo que tiene voluntad propia[7], que es autónomo, autoorganizado. Básicamente es lo contrario de controlado.

Usted puede ver lo salvaje en el movimiento de los glaciares, o puede detectarlo en la formación de estrellas en la Nebulosa de Orión. Lo salvaje está por todas partes. Desde las partículas microscópicas hasta más allá de 13.000 millones de años luz en el cosmos. Está en el suelo y en el aire, está en nuestras manos, está en nuestros sistemas inmunitarios, está en nuestros pulmones – ¡en los cuales hay dos mil bacterias por centímetro cuadrado! En cierto sentido, buena parte de lo que consideramos nosotros en realidad no es nosotros. Respiramos y lo salvaje entra. No lo controlamos.

Tonino: Usted ha llamado a lo salvaje “una experiencia en peligro”. ¿Qué quiere decir con esto? Si estamos impregnados por lo salvaje, ¿no es sólo una cuestión de percepción?

Turner: Tiene que ver con la escala. A una escala tiene usted la Nebulosa de Orión, que está a veintiséis años luz de distancia y tiene una masa dos mil veces mayor que la del sol. En el otro extremo está la escala de la física cuántica, de las partículas subatómicas, del zooplancton y de las proteínas. La escala en la que Henry David Thoreau y el movimiento estadounidense para la conservación se centran es la de los ratones campestres los arrecifes de coral, los bosques de secuoyas y las ballenas. Estamos especialmente interesados en lo salvaje a esa escala –y por una buena razón- pero esa escala no abarca todo lo salvaje. Y ahí está el problema: hoy en día muy poca gente experimenta directamente los ratones de campo, los arrecifes de coral, las secuoyas y las ballenas. Puedes vivir en San Francisco, ir a trabajar en autobús, mirar una pantalla, volver a casa, mirar una pantalla y así una u otra vez, día tras día. Pregunto a mis alumnos de estudios medioambientales cuánto tiempo de media dedican cada día a estar en contacto directo con la naturaleza. Treinta minutos, me contestan. ¿Y qué es lo que hacen entonces? Pasear entre clases. Me dicen que miran a una pantalla entre ocho y doce horas de media al día. Estos chavales no han pasado mucho tiempo caminando por zonas remotas. No tienen mucha experiencia personal acerca de las criaturas salvajes. Tampoco tienen mucha experiencia acerca del aislamiento. En estos tiempos los padres apenas pueden programar llevar a sus hijos a participar en actividades en la naturaleza tales como un viaje a pie con mochilas, porque eso les desconectará de Facebook durante dos semanas.

En la Escuela de Escalada de Exum Mountain Guides prohibimos a nuestros alumnos que traigan música a las Tetons. Odian no tener música. No quieren estar solos. Son ya criaturas de colmena, mucho más de lo que lo eran las generaciones pasadas, ferozmente enganchados a sus redes sociales, que son una parte importante de su identidad.

Formo parte de la comunidad de aficionados a la astronomía de Jackson Hole. Nuestro club tiene cada vez más problemas para lograr que la gente joven salga en la oscuridad –la fría y espeluznante oscuridad- y miren a las estrellas. Quieren mirar el cielo nocturno a través de videocámaras. Quieren usar ordenadores para conectarse con un telescopio en Chile. Quieren mirar a las estrellas en una pantalla. Sin embargo, la experiencia inmediata e inalterada de estar afuera en la oscuridad, de estar en el océano con tiburones, de ver un oso, es algo muy diferente de cualquier simulación en una pantalla.

Si usted no tiene contacto con un lugar salvaje, un animal salvaje o un proceso salvaje –y me refiero a un contacto experiencial, corpóreo- ¿por qué entonces habría usted de votar a favor de medidas medioambientales o encaminadas a la conservación?  Éste es un problema a largo plazo para el movimiento conservacionista estadounidense. Ciertamente, aún hay excursiones del Sierra Club, Boy Scouts y Girl Scouts y familias que aprecian el contacto con la naturaleza, pero en lo que respecta a las tendencias de la población general, las cosas no pintan bien. En Japón tienen una palabra para la gente que no sale de su habitación: hikikomori. Se estima que hay ¡más de un millón de este tipo de personas en Japón! Esto no augura nada bueno para el mundo natural, por no hablar de la calidad de la vida de esas personas. Me temo que llegará un día en que la gente no entenderá los escritos de Thoreau y de John Muir. Serán ininteligibles para ellos. Simplemente no podrán captar su significado.

Tonino: He oído a científicos hablar del “síndrome de la referencia cambiante”[8]. Si todos los glaciares se funden, lo normal entonces será un mundo sin glaciares. En tal caso, cuando alguien lea lo que Muir escribió acerca de los glaciares de Alaska –y de su reverencia por ellos- le parecerá algo difícil de comprender y confuso.

Turner: Los biólogos que estudian las pesquerías también usan esa expresión en referencia a las poblaciones de salmones. Existen datos históricos que muestran el declive de las poblaciones de salmones hasta alcanzar un tamaño de casi cero. Ahora que los salmones “vuelven” gracias a los esfuerzos conservacionistas, la gente lo celebra: “¡Ya tenemos una cantidad X de salmones! ¡Miren qué éxito hemos tenido! ¡Dios mío, las capturas son fantásticas!”. Bueno, vale, pero la cantidad actual de salmones es una pequeñísima parte de la que había hace cien años; y aquella era sólo una parte de la que existía cien años antes.

Las referencias cambiantes tienen que ver con nuestras expectativas. Un famoso dicho de los montañeros es: “La expectativa es la madre de la cagada”. Si usted espera algo, bien puede ser que acabe ciego ante lo que en realidad está ocurriendo. Tomemos el famoso experimento del gorila en la cancha de baloncesto: los psicólogos piden a un grupo de espectadores que cuenten el número de veces que cada equipo bota la pelota. Estos espectadores son gente del Tipo Sobresaliente, competitivos y comprometidos con realizar un trabajo bien hecho y preciso. El partido empieza y los espectadores van contando los botes. Mientras un tipo disfrazado de gorila entra en la cancha, da unas vueltas alrededor y se va. Después del partido, los psicólogos preguntan a los espectadores: ¿Cuántos botes? Y entonces les preguntan: ¿Y qué pueden decirnos del gorila? Este experimento se ha repetido en múltiples ocasiones y los espectadores siempre dan la misma respuesta: ¿Qué gorila? Lo que esperamos, aquello en lo que estamos centrados, nuestro ambiente de fondo y nuestras tradiciones afectan todos ellos radicalmente a nuestra experiencia de lo que es “normal”. En estos mismos instantes la mayoría de los seres humanos están ciegos frente al cambio climático y la pérdida de especies –la nueva “normalidad”.

A veces vienen a Jackson Hole personas de Nueva Jersey tras haber hecho mucho dinero en la bolsa. Dicen, “Dios mío, este es el lugar más bello del mundo”. Les explico que el río Snake no ha tenido un flujo natural desde hace casi cien años porque está represado y que eso daña la población de insectos de modo que ahora no ya no tenemos moscas del salmón[9]. Los lugareños solían describirlas como ventiscas –ventiscas de moscas del salmón. Y la ausencia de moscas del salmón ha impactado a su vez el tamaño y la salud de la población piscícola; y eso ha tenido efectos en cascada en otras poblaciones de animales. Es la diferencia entre un lugar sano y un lugar bonito. Sin embargo, estas personas simplemente me miran y dicen, “No me voy a quejar. Ciertamente es mejor que Hoboken[10]”. Ésa es su referencia.

Tonino: Ha escrito usted: “Creemos que entramos en contacto con lo salvaje[11], pero esto es una ilusión. Tanto en los parques nacionales como en las áreas salvajes protegidas[12], aceptamos una categoría de experiencia reducida, una apariencia de naturaleza salvaje, una falsificación; y nadie se queja”. 

Turner: Hace tres años di una charla en Yosemite, y el área alrededor del centro para los visitantes estaba tan abarrotada que jamás he visto cosa igual, salvo en Calcuta. Era literalmente estar codo con codo. Las personas llegan al parque en coche, deambulan por las zonas a las que han sido canalizadas, miran a algo sin saber lo que están viendo –puede que un guarda trate de explicárselo, puede que lean una descripción- y entonces vuelven a sus coches y se van. La mayoría de los visitantes del Parque Nacional Grand Teton jamás salen de sus vehículos. La naturaleza es una película que se ve a través de las ventanillas del coche. No hay en absoluto intimidad con ella. La intimidad siempre tiene que ver con el cuerpo. Tiene que ver con lo que usted ve, lo que oye, lo que huele, lo que toca, lo que saborea. Es como el sexo: no se puede tener de forma abstracta. Y usted desde luego no puede tener intimidad con lo que pasa de largo por fuera de la ventanilla de un coche en movimiento. En el mejor de los casos lo que habrá experimentado será el paisaje a través de la ventanilla, que en realidad no es algo muy diferente de mirar a una pantalla. Usted no puede oler un oso a través de la televisión. Usted, a través de una pantalla, no puede mirar a un alce a los ojos y saber que él le está mirando directamente a usted. Y desde luego usted no tiene que preocuparse de que un alce le hiera.

En mi juventud practiqué mucho buceo a pulmón libre. Una vez estaba a diez pies de profundidad al lado de unas zosteras[13] ondulantes y, de repente, se abrieron para mostrar un tiburón de cinco pies posado en la arena. Eso le hace algo a tu sistema nervioso. Es lo mismo que cuando te topas con un oso en la naturaleza. Y puedes tener esas experiencias con la gente también. Una vez me encontré con un shadu [un santón hindú] a bastante altura en el Himalaya. Estaba cayendo cellisca y nieve intensamente. Tenía una larga barba y no vestía más que un taparrabos. ¡Sus ojos eran enormes! Le saludé. Él asintió con la cabeza. Yo señalé a la cámara que llevaba colgada en mi pecho, indicándole que me gustaría hacerle una foto. Él me pidió educadamente en perfecto inglés que no lo hiciese. Le contesté diciendo algo increíblemente estúpido: le pregunté dónde había aprendido inglés. Él dijo, “De mis padres; ¿dónde aprendió usted inglés?” ¡Zas! Aquel tipo era otra cosa. Tanto si es con tiburones, como con osos o con sadhus, ese tipo de experiencia Zas remueve tus cimientos de un modo que un iPad nunca podrá. Tiene que ver con el contacto. Como escribió Thoreau en The Maine Woods: “¡Contacta! ¡Contacta!” Usted no puede entrar en contacto a través de una pantalla.

Tonino: ¿Puede hablarme de la diferencia entre el carácter salvaje y las tierras salvajes?[14]

Turner: El carácter salvaje [“wildness”] es una cualidad; las tierras salvajes [“wilderness”] son un lugar. Nunca me ha interesado el “gran debate acerca de la naturaleza salvaje”[15], acerca de qué son las tierras salvajes[16] y si las hemos preservado o no. Hoy en día se dividen en zonas salvajes “reales” y áreas salvajes legalmente declaradas y protegidas. Y, en lo que respecta a estas últimas, yo estoy a favor de cualquier cosa que preserve lo que queda del mundo natural; y si el único modo en que podemos hacerlo es declarando formalmente esas áreas como zonas salvajes protegidas, pues vale. Hagámoslo –incluso si son minúsculas, están sembradas de viejas carreteras y pistas, carecen de depredadores dominantes, están sometidas al control de incendios y a una vigilancia constante y llenas de gente portando iPhones, iPads y GPSs. Personalmente lo que a mí me interesa son los lugares remotos, silenciosos, excepto por los sonidos naturales, y que tienen buenas poblaciones de vida salvaje y poca gente. Creo que al final se resume en esto: las zonas salvajes son lugares adonde uno puede ir sin encontrarse con otra gente.

Tonino: También ha escrito usted sobre el “requisito de la ociosidad comedida para intimar con el mundo natural” y, en otra parte, también ha citado el adagio samurai: “Sólo el débil tiene prisa”. Estas son palabras conflictivas en una cultura obsesionada con la productividad y la eficiencia.

Turner: Creo que las tarjetas para que los empleados fichen al entrar y salir de su puesto de trabajo y todo lo que se deriva de ellas están entre las cosas más perniciosas que han ocurrido jamás en el mundo moderno. Las técnicas desarrolladas por Frederick Winslow Taylor, el padre de la gestión científica, infectaron a la biología de la vida salvaje desde sus inicios al hacer hincapié en la importancia de la eficiencia y la recolección de datos. El énfasis en estas cosas hasta el punto de excluir todo lo demás siempre supone un declive.

The New York TimesThe Wall Street Journal, y The Washington Post han informado de que Google ha descubierto que sus empleados son más productivos si realmente se paran y meditan de vez en cuando. También han informado de que la productividad decae en las oficinas abiertas. La gente necesita cierto grado de soledad, cierta privacidad, un tiempo para disminuir el ritmo. En nuestra cultura eso es anatema. Nos inquieta la ociosidad de Thoreau y Muir, que fueron censurados ambos por no trabajar todo el tiempo. La crítica de Thoreau al modo de vida estadounidense fue mucho más profunda que nuestras chácharas acerca del tardocapitalismo y la cultura consumista. Se hubiese sentido mucho más a gusto entre los ermitaños taoístas.

Cuando impartí algunos cursos en la Universidad de Utah, llevaba a mi clase a un parque nacional durante ocho horas seguidas. Pedía a mis alumnos que durante esas ocho horas estuviesen totalmente en silencio. No era meditación formal; simplemente caminábamos durante veinticinco minutos –lentamente, avanzando muy despacio, haciendo lo que los budistas zen llaman meditación andante- y entonces nos sentábamos durante veinticinco minutos. Luego volvíamos a caminar. Por último, al final, escribíamos. Algunos alumnos decían que era como una explosión sobre la página. A alrededor de un tercio de ellos les gustaba, un tercio mostraban un interés moderado y el otro tercio lo odiaban. Algunos de estos últimos decían que era como si estuviesen corriéndoles hormigas por encima.

Hacer que la gente disminuya el ritmo - los jóvenes, en particular - es importante para mí. No estoy diciendo que cualquiera necesite meditar formalmente. Una palabra menos cargada es contemplar[17]. ¿Qué está sucediendo en su vida y en tus relaciones? Piense usted en ello. Reflexione. La mayoría de la gente ya no contempla. Solamente siguen, siguen y siguen adelante.  Todas las luminarias del movimiento estadounidense para la conservación -Thoreau, Muir, Aldo Leopold, Rachel Carson, Margaret y Olaus Murie, E. O. Wilson, y muchos otros- pasaron mucho tiempo solos en la orilla del mar, o en una canoa en un lago, o en el bosque, o en las montañas, o cavando en el suelo; y siempre en silencio. No creo que el movimiento para la conservación vaya a llegar a ningún lado si tenemos una ciudadanía que ya no quiere estar a solas y experimentar el silencio.

Tonino: ¿Deberíamos animar a todo el mundo a salir a la naturaleza[18]? ¿No acabarían saturándola y destruyéndola?

Turner: Hoy en día no hay necesidad de animar a la mayoría de la gente. La había cuando Muir empezó guiando a grandes grupos de personas a la Sierra Nevada de California para familiarizarles con el valor de las zonas salvajes. Ahora el valor atribuido a dichas áreas es bien conocido. El problema es que a la gente que va allí no le importa el carácter salvaje[19]; les importan los demás valores humanos de nuestra cultura: el dinero, los aparatos, la familia, los amigos, pasarlo bien. La mayoría de la gente que sale a la naturaleza lo hace por recreo, no por contemplación. Usan su querido material -esquíes, cañas de pescar, mochilas, balsas- en el terreno de juego de su elección.  Muchos están metidos en el negocio de la naturaleza[20], ofreciendo servicios a los clientes, a menudo a hordas de ellos, a miles de dólares el paquete.  Estos visitantes no tienen que enfrentarse a la soledad, el miedo existencial, el silencio y la indiferencia de la naturaleza[21], ni contemplan lo que estas cosas significan para la vida humana.  

Tonino: En un ensayo sobre el veterano de Vietnam y experto en osos Doug Peacock, usted dice que todos los exploradores y trotamundos necesitan “una mezcla de peligro y amor”. ¿A qué se refiere con eso? 

Turner: Si usted no tiene pasión o deseo por la exploración, entonces probablemente usted no tomará un sendero desconocido. Si lo hace, su camino será traicionero, aunque sólo sea por ser desconocido. Thoreau era contrario al Estado, pero en el fondo su verdadero enemigo era la conformidad para con lo conocido. Cuanta menos conformidad tenga usted en su vida, mayor será la probabilidad de que su camino sea peligroso. Y yo digo: Cuanto más digital sea su vida, más se habrá conformado usted. Es seguro permanecer en casa, ver reposiciones de Star Trek, enredar con Facebook y seguir el cotilleo digital, pero también es algo superficial y sin vida.  

Tonino: Me llama la atención que el mejor antídoto para nuestra aversión a la naturaleza pueda de hecho ser pasar más tiempo en la naturaleza, para darnos cuenta así de que ésta no es mala. En realidad es algo muy simple.

Turner: No hay ningún obstáculo que nos impida el contacto real con la naturaleza. Los alumnos a veces me dicen, “Quiero experimentar la naturaleza salvaje[22], pero no tengo dinero para ir al Tíbet. ¿Qué debo hacer?” Yo les digo que se hagan con un par de raquetas baratas para la nieve y un trineo de plástico, que conduzcan hasta las Tetons a mitad del invierno y que se adentren en Yellowstone ochenta millas en dirección norte, solos. Si usted hace eso, experimentará la naturaleza salvaje de un modo realmente rápido. A veces algunas personas me preguntan cómo hacerse ermitaños. Mire, el  Escalante en Utah y muchos otros lugares en el desierto tienen grandes abrigos de roca. Busque un cañón lateral que se ramifique en más cañones laterales. En muchos de ellos hay agua corriendo a lo largo del fondo. Viva en el abrigo rocoso. Beba esa agua. No necesita una tienda. Pase una semana ahí. Nadie va a molestarle. Nadie sabrá siquiera que está usted ahí.

Es importante señalar que existen muchos niveles de soledad. Thoreau a menudo no estaba completamente solo en Walden Pond. Su cabaña estaba a poco más de una hora a pie desde Concord. Escribió acerca de los trabajadores irlandeses que vivían en cabañas en las inmediaciones. Iba a casa por las tardes para tomar el té con sus hermanas y para visitar a su madre. Paseaba por las playas de Cape Cod con un amigo e iba a los bosques de Maine con guías nativos americanos. La cantidad de tiempo que pasó en completa soledad fue minúscula comparada con el aislamiento de los ermitaños taoístas, chan y tibetanos; y aun así uno puede ver lo vital que fue para el desarrollo de su pensamiento.

Cuando los británicos visitaron por primera vez el monasterio de Rongbuk en la cara norte del Everest en 1924, encontraron 450 monjes viviendo allí, además de cientos de cuevas de meditación, todo ello a más de dieciséis mil pies en uno de los entornos más hostiles del mundo. No tenemos una tradición eremítica[23] como esa en Estados Unidos. Es contraria al espíritu puritano de ¡trabajar, trabajar y trabajar! Se supone que debes pasar tu vida trabajando, no sentado en una cueva. Mis amigos conservacionistas y ecologistas a menudo me reprenden por defender las tierras salvajes y las experiencias eremíticas[24]. “¿Y qué pasa con salvar el mundo?”, dicen. “Deberías pasar el tiempo combatiendo el cambio climático, salvando a los lobos y las secuoyas, “twiteando”, “blogueando” y haciendo todo lo que puedas”. Yo contesto con una frase muy simple: creo que un ermitaño puede vivir una vida humana perfectamente buena y plena. La gente retrocede ante esa respuesta. La ética puritana y los ideales de gestión y eficiencia de Taylor nos están devorando. La soledad es vista como algo que debe ser temido, algo que no es “productivo”.

Tonino: Me recuerda una cita de Edward Abbey: “No es suficiente luchar por la tierra; más importante incluso es disfrutar de ella. Mientras puedas. Mientras esté aún ahí”.

Turner: En el primer capítulo de Walden Thoreau dice, más o menos: No seáis demasiado buenos. “Si hay algo de lo que me arrepiento muy probablemente es de mi buen comportamiento”. Y Abbey dice que el problema con sus amigos ecologistas es que están todos obsesionados con hacer más en la lucha por la conservación. Demasiado a menudo esto conlleva dejar de pasar una semana a solas en el desierto o de ir una semana “de pesca”. La experiencia de la raíz se pierde por el bien de las ramas, que al final mueren.

En general, creo que las organizaciones ecologistas sin ánimo de lucro no son muy productivas o exitosas. Cogen el dinero de la gente, rellenan formularios, van a reuniones, escriben cartas y hablan un montón. Confiar en ellas implica muchos problemas, al igual que orientar hacia ellas la educación ambiental y para la conservación. En la Universidad de Utah había una alumna que quería pasar su vida defendiendo a los lobos. Le pregunté cuánto tiempo había pasado con lobos. Me dijo que nunca había visto uno. Eso es un problema.

Yo apoyo a las organizaciones ecologistas sin ánimo de lucro que están haciendo algo concreto. Me encanta Earthjustice porque demandan a quienes causan daños medioambientales. Apoyo a Greenpeace. Sin embargo, espero también que la gente que trabaja para esas organizaciones no pierda la perspectiva. Espero que dediquen algún tiempo a estar en el agua con las ballenas y los delfines, que se internen a pie en la naturaleza de Yellowstone durante una semana de vez en cuando, preferiblemente durante una tormenta terrible.  

Tonino: En su ensayo:Wildness and the Defense of Nature[25] usted cita a Lao Tzu: “El mundo es sagrado. / No puede ser mejorado. / Si lo manipulas, lo arruinarás. / Si lo tratas como a un objeto, lo perderás”. ¿Cómo concilia usted la defensa activa de la naturaleza con la necesidad de dejarla en paz?

Turner: Hay muchas formas de actuar como un socio útil de la naturaleza. Una opción es comenzar por lo más cercano, por usted mismo y sus propios alrededores –justo aquí y ahora- por su vida y su comunidad. Yo pongo fuera, alrededor de mi cabaña, comederos para las aves en invierno, no porque las aves los necesiten sino porque yo necesito a las aves. Muy de vez en cuando un carbonero[26] vuela dentro del porche cerrado y queda atrapado. Entro y atrapo al pájaro tan suavemente como puedo. Luego salgo fuera, abro mis manos y le dejo irse. Éste es uno de los extremos del espectro. A partir de ahí usted puede recorrer todo el camino subiendo hasta las ideas más extremas acerca de controlar el clima. Por ejemplo, Mark Lynas, autor del libro The God Species, dice ahora que el calentamiento global ha llegado demasiado lejos y que la única esperanza que nos queda de preservar unas condiciones habitables sobre este planeta es gestionar activamente la atmósfera, la acidificación de los océanos y el ciclo del nitrógeno, y agrupar a la gente en ciudades de modo que dejen de vivir sobre el terreno. ¿Todo el mundo viviendo en ciudades? ¿Nadie viviendo en el campo? Es espeluznante.

Me gusta recoger bayas. Me gusta coger setas. Me gusta pescar. Me gusta hacer estas cosas de un modo tan responsable como puedo, humildemente, modestamente, a la antigua manera taoísta, buscando la armonía tal y como yo la entiendo, no tomando demasiado ni ejerciendo demasiada influencia. Los seres humanos hemos interactuado con la naturaleza durante miles de años y, durante una cantidad enorme de ese tiempo, nos las apañamos relativamente bien. Luego, de forma paulatina, desarrollamos más poder y más control. En mi opinión algunas de las principales organizaciones ecologistas se han pasado mucho de la raya. Están realmente a favor de la gestión, realmente a favor de manipular ciclos y sistemas complicados. Yo no apoyo eso. Yo digo, “mantengan locales las cosas, manténgalas cercanas”. ¿Pueden ustedes tocarlo? ¿Pueden olerlo?  Bien. Eso es que lo están haciendo bien.

Siento una tremenda desconfianza hacia el intento de transformar las cosas en una colección de expertos barajando números. Miren lo que hicieron con los mercados financieros en el 2008. Miren lo que hicieron en la guerra de Irak. Miren lo que hicieron en Vietnam. Tenemos un significativo historial de casos de gente extremadamente brillante, hábil con los números y tecnológicamente bien preparada cometiendo errores terribles. De modo que, ¿por qué encomendarles la tierra? Yo no les confiaría nada en absoluto.  

Tonino: En su ensayo “The Abstract Wild: A Rant” usted cita a un oficial en Vietnam que explicaba la destrucción de una aldea diciendo, “Hemos tenido que destruirla para salvarla”. ¿Se puede aplicar esto a la gestión científica del mundo natural?

Turner: Yo creo que ambos, los biólogos de la vida salvaje y los biólogos de la conservación de Yellowstone y Grand Teton y de otras partes son seres humanos bienintencionados. Han pasado bastante tiempo fuera, en el mundo natural, y realmente lo aman. Pero a menudo tanto el modo en que interactúan con el mundo natural como lo que implican sus trabajos es intrusivo. Suena muy bonito hablar en abstracto acerca de poner collares con dispositivos de radioseguimiento a los animales, pero en la práctica es algo muy feo. Lanzan redes sobre los carneros de montaña[27] desde helicópteros. Los animales se ponen histéricos. Corren hacia zonas de avalancha y a veces éstas caen y quedan enterrados. Desarrollan un miedo increíble a los helicópteros y aviones, de modo que cuando se trata de seguirlos, se desbandan y vuelven a meterse en zonas de avalancha. Y estos carneros, -o lobos u osos- a menudo no son atrapados sólo una vez, sino muchas veces. Y, por supuesto, eso también produce cierta tasa de mortalidad.

Hay pocas especies de animales en el Parque Nacional Grand Teton que no formen parte de ningún programa de gestión. Todo es estudiado, todo es observado. A los cuervos se les pone collares. A los peces se les implantan microchips. Los estudios plantean preguntas que precisan ser respondidas. Y entonces se necesita poner radiocollares a más animales. Este tipo de ciencia se realimenta de sí misma en un terrible bucle. Se acaba teniendo cada vez más biólogos poniendo collares a cada vez más bichos. Los números generan más números. La intrusión crece. Y, de todos modos, ¿quién puede procesar toda esa información? Nos obliga a echar mano de ordenadores y a crear modelos que nos digan cómo debería ser el mundo. Cualquiera que ame la naturaleza salvaje y la fauna salvaje debería oponerse a todo esto.

Tonino: Quizá haya un sentimiento de que si uno es un amante de la naturaleza, ha de subirse al carro de este tipo de gestión científica ya que parece no haber otra alternativa viable. Es esto o nada.

Turner: El problema real es que los amantes de la naturaleza que quieren involucrarse en la ecología, la biología y la conservación son formados en esta tradición. Mire los cursos sobre biología de la fauna salvaje de cualquier universidad. ¿Qué es lo que estudian los futuros gestores de la naturaleza? Estudian seguimiento por ordenador. Estudian el uso de radiocollares. Analizan datos. Si alguien dice, “No, yo quiero ser un naturalista de los de la vieja escuela como Olaus Murie, salir con mis prismáticos y mi cuaderno de notas y  observar a los wapitíes durante diez años”, entonces todo el mundo le asegurará que no va a conseguir empleo. El único modo de conseguir un empleo de campo es participar en el crecimiento continuo de esa intrusión, y muchos de esos intrusos son conscientes de ello; y algunos se sienten bastante mal por ello.

Los vaqueros tienen un gran refrán: “Puedes quitarle a patadas el coraje a un cachorro. Pero es muy difícil devolvérselo a patadas”. Todo sabemos de perros que temen hacer algo mal y ser pateados. Lo mismo pasa con los chavales. Uno puede aplastar completamente el coraje de un muchacho. Yo no quiero quitarle el alma al mundo natural. Una vez que se la quitemos, no podremos devolvérsela; no podemos fabricar coraje y autonomía a posteriori. La población de wapitíes del Refugio Nacional Wapití es considerada la colección de animales más intensamente gestionada del mundo. Los alimentan con pienso. Les ponen inyecciones para mantenerlos sanos. Los albergan en establos que son mansiones multimillonarias. ¿Y todavía los llaman “salvajes”? Desde el momento que surgimos como especie hemos influido en el mundo; el problema no es la influencia. El problema es una cuestión de grado: ¿en dónde ponemos la línea a la hora de interferir con la autonomía y la autoorganización? Yo creo que dos seres humanos pueden ser relativamente autónomos y a la vez mantener una relación mutua saludable. Y creo que este es el tipo de relación que necesitamos tener con el mundo natural: influencia sí, pero no control.

Tonino: Vivimos en una época de grandes pérdidas: fragmentaciones, destrucciones, extinciones. A nivel personal, ¿cómo lleva usted estas pérdidas?

Turner: Nadie que yo conozca es lo suficientemente ingenuo como para pensar que vamos a “salvar el mundo”. Independientemente de lo que nosotros hagamos, el mundo sigue adelante. Al final, la política y la economía no son tan importantes. Sin embargo, eso no significa que deberíamos rendirnos. A mí al menos me gustaría caer peleando. No es que el Armageddon se aproxime; no es el llamado final de la naturaleza. Entendiendo por esto una combinación de cambio climático radical, guerra, hambruna y enfermedad que podría matar a miles de millones de personas, pero que nadie, ¡nadie!, sabe si sucederá. La escasez de agua está ya llevando a guerras por el agua y a refugiados a causa de ello. Es muy difícil predecir la pérdida de especies, ya que la mayoría de las investigaciones se centran en los arrecifes de coral o las ballenas: flora y fauna que uno puede ver y contar. Nadie sabe qué está pasando con los microorganismos del lago Jenny, en el Parque Nacional Grand Teton o en el cielo a una milla de altura sobre Maui. Por no hablar de las amenazas a algunos de nuestros más refinados placeres, tales como la democracia.

¿Cómo afrontarlo? Manténgalo cercano. Yo ayudo al carbonero a salir del porche. Dono dinero a la gente que combate a la escala que mejor se ajusta a ellos. Y trato de mantenerme informado. Sin embargo, he perdido la fe en el típico paradigma liberal/progresista de la conservación y el ecologismo. La revolución necesita que lleguemos más hondo que eso; yace en el reino del mito, de lo religioso o espiritual (una palabra que no me gusta).

Tonino: En algunos de sus escritos usted ha dicho que la rabia y la indignación pueden ser sanas.

Turner: No creo que la rabia sea nada malo. De hecho, sospecho de la gente que nunca se enfada. Si alguien nunca se ha enfurecido, o bien nunca se ha sentido contrariado o bien no tiene unos valores sólidos. Simplemente me río de cierta gente que conozco que se autodenominan pacifistas en nuestro mundo tan seguro. ¿Qué haría usted si alguien fuese a por su hija de seis años? Usted le tumbaría de un golpe con una sartén de freír de seis pulgadas[28] y le molería a palos, eso es lo que haría. El pacifismo y la desobediencia civil están bien cuando el oponente de uno es también bueno. Los nazis no eran buenos.  

Los asuntos ambientales pueden ser abstractos, pero si usted los acerca lo suficiente, hasta el nivel personal, usted se enfurecerá. Es una emoción humana natural. Yo fui en coche a California para hablar acerca de la rabia con mi viejo maestro zen, Robert Aitken. Después de charlar durante un par de horas, me enseñó una foto de Yasutani Roshi, uno de los maestros budistas que primero llegaron a Estados Unidos. Muchacho, ése sí que tenía una cara feroz – ¡el tío estaba frunciendo el ceño! Aitken me dijo que Yasutani pasó gran parte de su vida cabreado con la jerarquía del zen Sōtō de Japón porque él pensaba que habían abandonado las raíces de su propia tradición. Era un hombre sabio y culto –un hombre bueno- y estaba cabreado.

Gandhi puede que haya defendido la acción noviolenta, pero si ustedes piensan que no estaba cabreado, están chalados. Martin Luther King Jr. estaba enfadado, también, y por un buen motivo. No hay nada malo en la rabia, pero debe ser enfocada hacia una acción productiva contra un objetivo apropiado.  .

…                                                                  

Tonino: en uno de sus ensayos usted pregunta: “¿Queremos que la naturaleza sea sagrada? ¿Puede esto elegirse? ¿Debería?” ¿Puede usted hablar acerca de las complejidades de llamar “sagrada” a la naturaleza?

Turner: Hubo un tiempo en que lo sagrado estaba bastante restringido. Había objetos sagrados. Había lugares sagrados a los cuales la gente hacía peregrinaciones. Y había más, muchas más, prácticas profanas. Ahora el término ha sido tan excesivamente usado que ya no es realmente distintivo. La mayoría de las expresiones tienen significado porque son contrastadas. “El carácter salvaje”[29], “la naturaleza salvaje”[30], “lo espiritual”; estas expresiones necesitan ser contrastadas con algo. Llega un momento en que ese tipo de palabras se vuelven como las gachas. Dilúyalas demasiado y no aportarán ningún nutriente.

Tonino: Esto me trae a la mente otro de sus ensayos, en el cual se autodenomina bárbaro “en el sentido griego original del término: aquel que tiene problemas con el lenguaje de la civilización”.

Turner: Justo ayer vi un anuncio de dispositivos electrónicos que decía, “Mejore su yo”. ¡Qué idea! “Hágase usted mejor”. “Sea un mejor usted”. ¿Y qué es lo que necesita para esa transformación instantánea? Bueno, va a tener usted que comprar un nuevo par de auriculares y algunos otros trastos. El movimiento de autoayuda en los Estados Unidos produce miles de millones de dólares, sin embargo, nadie tiene ni idea de lo que la palabra yo[31] significa. Su significado es discutido por psicólogos, terapeutas, neurocientíficos y vendedores. Pero esto no hace que nadie deje de usarla para vender dispositivos electrónicos o libros oportunistas. Algunas palabras se usan demasiado, en especial en los mundos de la publicidad y del entretenimiento, hasta tal punto que se erosionan y se disuelven. ¿Creen ustedes realmente que comprar auriculares supondrá una mejora de su yo?

He aquí otra “práctica espiritual”: “Pague usted dos mil dólares y podrá pasar un fin de semana en nuestro pequeño lugar a las afueras de la ciudad de Nueva York. Le enseñaremos a comer correctamente y a estar en silencio, y, por supuesto, tendrá usted que comprar una túnica, unos cuencos especiales y unos palillos de marfil para comer”. Es el estilo estadounidense. ¿Cree usted que eso tiene algo que ver con la práctica del zen? ¿Cree usted que comprar una túnica tibetana o colgar una thangka [pintura budista] en su apartamento va hacer de usted un monje tibetano? Si es así, le han estafado.

¿Y qué pasa con las “zonas salvajes”, esa expresión tan pegadiza? Ha habido una lucha en California relacionada con la Drakes Bay Oyster Company. Durante cerca de ochenta años han criado ostras en una bahía que está dentro del Parque Costero Nacional Point Reyes. Ahora el parque quiere cerrar la Drakes Bay Oyster Company y declarar la bahía como parte de un área salvaje protegida. Hay casas en una colina cercana. Los pescadores comerciales trabajan en esas aguas justo al lado de la costa. La bahía está rodeada por granjas dedicadas a la producción lechera que llevan ahí desde hace décadas. Por si fuera poco, la especie de ostra criada ahí no es nativa de los Estados Unidos y ha cambiado fundamentalmente la ecología de la bahía. ¿Y quieren llamarla “área salvaje”? Creo que la expresión “área salvaje” hoy en día es principalmente política: tenemos que etiquetar los lugares de cierta manera para así “salvarlos”. Es otro ejemplo de erosión del lenguaje. Tendemos a usar aquellas etiquetas que benefician a nuestra propia postura política o a las ventas que podamos realizar este fin de semana.

Tonino: Ha escrito usted acerca de las tierras salvajes como un “proyecto del yo”[32]. ¿Qué quiere decir con eso?

Turner: Bueno, dado que ya no sé lo que significa el “yo”, me expresé mal. ¡Me retracto!

Los lugares realmente salvajes le permiten a uno sentarse en silencio con pocas distracciones, lejos de la publicidad, del entretenimiento y del resto del bombardeo mental moderno. Yo les recomiendo ir a un lugar salvaje durante una semana o dos sin llevar su música, sus  iPads o ni siquiera un libro o un diario. Lo llamo “eremitismo radical”.

La capacidad de la mente para generar ruido es asombrosa. Se empapuza de información, pensamientos, sentimientos. Y si uno la priva de ellos, generará los suyos propios. En la gente que acaba de empezar a realizar retiros de algún tipo, la mente permanece en un estado de desorden durante un tiempo. Sin embargo, si uno persevera, se calma y “algo” empieza a asentarse.

En las expediciones que yo lideraba, siempre era la misma historia: personas ricas que me habían dado miles de dólares para que les guiase durante un viaje de treinta días al Everest o al Annapurna llegaban con sus abrigos y corbatas de Brooks Brothers[33] -sí, por aquel entonces eran hombres en su mayoría- todos muy orgullosos de sus trabajos, su prestigio y sus esposas e hijos. Entonces empezábamos a caminar, y durante dos o tres días sus mentes se revolvían y agitaban. Estas personas que habían volado al otro lado del planeta para tener una experiencia nueva y diferente arrastraban sus vidas tras ellos. Pronto, sin embargo, empezaban a tener ampollas y episodios de diarrea y a tener que subir laderas empinadas y nevadas. Tenían que conocerse unos a otros, y a sí mismos. Se adaptaban al ritmo del viaje. Después de un mes esta gente admitiría, pasmada, que ya no pensaban acerca de sus trabajos, sus esposas, sus hijos. Los principales temas de conversación eran sus cuerpos, el hambre, la sed, lo que habían visto y el siguiente paso de montaña. Cuando nos acercábamos al final de la expedición, todas las antiguas preocupaciones volvían a surgir. Estos tipos barbudos que habían estado allí afuera caminando durante cinco semanas y se habían olvidado del “mundo real” volvían a su hotel de Kathmandú, e inmediatamente estaban inmersos de nuevo en el zumbido de todo eso, corriendo en la rueda de la jaula del hámster: su teléfono, su ordenador, las columnas de The Wall Street Journal.

Un retiro no tiene por qué ser formal. No tiene por qué ser “zen” ni hacerse en la zona salvaje más severa. El aislamiento, la soledad y el silencio pueden, todos ellos, permitirnos la contemplación del aquí y el ahora. Uno nunca va a librarse de sus pensamientos; esa no es la meta. Y no hay forma de librarse del dolor de la rodilla. Está aquí. Está cerca.

Tonino: Estoy recordando a sus amigos que le decían que debería estar salvando los bosques de secuoyas y escribiendo “twits” en lugar de meditando en los bosques. ¿Por qué deberíamos valorar más una mente preocupada por su dolor de rodilla que una mente centrada en asuntos sociales y medioambientales?

Turner: No sé cómo responder a un rechazo total: “No tengo interés en la contemplación. No me interesa el aislamiento total durante siete días en el desierto. No me importa”. Si a usted no le importa, no le importa. Es lo mismo que sucede con la gente que dice, “¿Se supone que me tienen que importar las jirafas? ¿En serio? ¿Jirafas?” Y luego se ríen de uno y vuelven a teclear números en su ordenador y a transferir dinero a Hong Kong. No hay nada que hacer con ellos. Antes que nada deben experimentar la duda y vislumbrar una necesidad diferente. No se puede forzar a la gente a que se aparten de sus valores y tradiciones, de sus hipotecas y pensiones alimenticias. Como dijo Zorba el griego: “Esposa, casa, hijos, todo –la catástrofe total”. Algunos tipos están en mitad de la catástrofe total y va usted y les dice que necesitan pasar más tiempo solos en contemplación. ¿Qué pueden hacer? Simplemente le miran con los ojos como platos. Esta gente se está casi ahogando; están pataleando tanto como pueden con los labios cerrados mientras el agua se cuela por los agujeros de su nariz.

Si usted nunca ha tenido una auténtica experiencia de la naturaleza salvaje[34], ni siquiera una versión reducida de ella, ¿por qué habría de sentirse atraído por ello? Este es el motivo por el que es tan importante para nosotros, los que amamos los lugares salvajes y los animales salvajes –y lo que le sucede a nuestras mentes cuando estamos en su presencia- hacer lo posible para que la gente salga ahí afuera y para ayudarles a tener esas experiencias. Hay muchas formas de intentarlo.

Tonino: Ha escrito usted: “Sin grandes espacios naturales salvajes[35], dudo que la mayoría de nosotros nos lleguemos a ver como parte integrante de la naturaleza”. ¿Dónde quedan entonces los niños, los ancianos, los discapacitados y la gente que ni siquiera puede permitirse pagar el combustible necesario, por no hablar del tiempo libre, para alcanzar el principio del sendero? ¿Podemos realmente practicar el vernos a nosotros mismos como parte integrante de la naturaleza en nuestras vidas cotidianas?

Turner: Expandan su sentido de la naturaleza salvaje[36]. Una de las cosas más fáciles es salir fuera de noche y mirar a las estrellas. Por supuesto, si usted vive en la ciudad, no podrá ver las estrellas. Siento una tremenda pena por los perros que viven en un apartamento de un bloque de pisos en la ciudad de Nueva York, y siento pena por la gente que vive allí también. Sin embargo, la naturaleza salvaje[37] aún está a su alcance. Pueden conducir cincuenta millas fuera de la ciudad y mirar al cielo nocturno, quizá conseguir unos prismáticos y un mapa astronómico. Contemplen el hecho de que ustedes son restos de esas estrellas. Contemplen el hecho de que la atmósfera a través de la cual están ustedes mirando es un espacio salvaje[38] con billones de seres.

No se requiere el dinero necesario para ir al Tíbet. Central Park es bastante salvaje. Su patio trasero es salvaje. Vaya a allí y cave, o vuelva allí con un microscopio y mire los insectos que aparezcan; pequeñas garras y fauces peleando entre sí y comiéndose vivos unos a otros –la cadena trófica en acción. Thoreau observaba a las hormigas mientras batallaban. Estaban justo ahí, en el suelo. No tuvo que ir al Tíbet.

En el fondo es una cuestión de elección. Si usted nunca se toma un momento para mirar a una hormiga, nunca va a Central Park, nunca pone sus manos en el suelo, nunca se queda mirando al cielo por la noche, nunca va al océano y se queda observando las olas; si todo lo que hace usted es mirar a una pantalla durante dieciocho horas al día, entonces no va a entenderlo. Si su hijo va a clases de gimnasia, de natación, de dialéctica, de matemáticas mes tras mes, año tras año, sin tener nunca un momento libre, entonces su hijo tampoco lo va a entender. Si todo lo que ha hecho usted es estudiar  para conseguir entrar en la facultad de derecho, casarse y obtener su primera hipoteca, entonces usted no sacará nunca tiempo para la naturaleza salvaje, ni grande ni pequeña. 

No puedo explicarle lo importante que fue para mucha de la gente que conozco que son amantes y defensores del mundo natural coger el coche y salir a acampar en familia. Esas experiencias significan muchísimo para los chavales. No tienen por qué ser algo muy elaborado. Todo lo que se necesita es un poco de intención. Puede usted salir a la naturaleza con sus hijos. Puede salir con las personas ancianas. Hay pozas accesibles para una silla de ruedas en el río Yellowstone. Exum Mountain Guides, me enorgullece decirlo, tiene un programa para llevar a escalar a veteranos de guerra. Tipos a los que les falta un brazo, una pierna, o un brazo y una pierna, hacen cima en el Grand Teton.

Hay un encantador ensayo, escrito por el poeta Donald Hall hace un año o así, en The New Yorker en el que describía la experiencia de mirar a través de la ventana trasera de su casa. Se sentaba allí y miraba hacia fuera, observando a las aves y la nieve. Contemplaba. Podría haber estado viendo reposiciones de I Love Lucy[39] con las persianas bajadas, pero no lo hizo. No es cuestión de dinero. Realmente puede hacerse. No hay ninguna barrera lógica y no hay ninguna barrera financiera. Existen todo tipo de formas de tener contacto con el mundo natural. Es cuestión simplemente de que la gente decida hacerlo o no. En lugar de eso ven reposiciones de  I Love Lucy.



[1] Traducción a cargo de Último Reducto de algunos fragmentos de una entrevista a Jack Turner realizada por Leath Tonino, aparecida en The Sun (Agosto 2014). El original completo en inglés puede leerse en: https://www.thesunmagazine.org/issues/464/not-on-any-map. N. del t.

[2] “Wildness” en el original. Aunque aquí se ha traducido como “carácter salvaje”, en este texto, salvo que se indique lo contrario, se traducirá simplemente como “lo salvaje”. N. del t.

[3] “Wilderness” en el original. Este término que carece de un término similar en español se refiere a las zonas poco o nada humanizadas en las que la Naturaleza sigue sus propias dinámicas. Dependiendo del contexto puede traducirse en concreto como “tierras salvajes”, “ecosistemas salvajes” o “zonas salvajes” o, más en general, como “Naturaleza salvaje”. Aquí se traducirá como “tierras salvajes”, “ecosistemas salvajes” o “zonas salvajes”, salvo que se indique explícitamente de otro modo. N. del t.

[4] “Griz” es un diminutivo de “grizzlie”, que es el nombre vulgar dado en Norteamérica a los osos grises (Ursus arctos). N. del t.

[5] 1 pie = 30,48 centímetros. N. del t.

[6] 1 milla = 1,6 km aproximadamente. N. del t.

[7] “Self-willed” en el original. Una forma común y más o menos metafórica de referirse a las tierras salvajes entre los conservacionistas angloparlantes es llamarlas “tierras con voluntad propia” (“Self-willed land”). N. del t.

[8] “Shifting baseline syndrom” en el original. N. del t.

[9] “Salmon flies” en el original. Pteronarcyidae. Familia de insectos plecópteros de Norteamérica. N. del t.

[10] Ciudad de Nueva Jersey que forma parte del área metropolitana de Nueva York. Es una zona urbana muy densamente poblada. N. del t.

[11] “The wild” en el original. Se refiere a la Naturaleza salvaje, a las cosas salvajes. N. del t.

[12] “Wilderness areas” en el original. Se refiere a un tipo de zonas protegidas por la “Wilderness Act” (Ley de Espacios Salvajes”) en Estados Unidos. N. del t.

[13] Género de plantas vasculares marinas. N. del t.

[14] Aquí es imposible traducir la pregunta original, “Can you talk about the difference between wildness and wilderness?” sin que se pierda gran parte de su sentido. En inglés, los conceptos, relacionados pero diferentes (ambos se refieren a lo salvaje), del carácter salvaje y de las tierras salvajes se expresan mediante dos palabras similares (“wildness” y “wilderness”, respectivamente), de modo que mucha gente a veces incluso los confunde. De ahí la pregunta del entrevistador. N. del t.

[15] “The great wilderness debate” en el original, es la expresión usada por una serie de autores revisionistas, principalmente estadounidenses, para referirse pomposamente a sus propias críticas postmodernas del concepto de lo salvaje y de su preservación. N. del t.

[16] “Wilderness” en el original. N. del t.

[17] “Contemplate, en el original. En verbo inglés “to contemplate” se refiere exclusivamente a la siguiente acepción del verbo castellano “contemplar”: Poner la atención en algo material o espiritual. Es decir, se refiere a tener en cuenta, considerar, pensar o reflexionar atentamente acerca de algo o alguien. N. del t.

[18] “Wilderness” en el original. N. del t.

[19] “Wildness” en el original. N. del t.

[20] “Wilderness business” en el original. N. del t.

[21] “The wild” en el original. N. del t.

[22] "Wilderness” en el original. N. del t.

[23] “Hermetic” en el original. Viendo el contexto, probablemente sea un error del entrevistador y en realidad quisiese decir “hermitic”. Se ha corregido en el texto. N. del t.

[24] Véase la nota de pie de página anterior. N. del t.

[25] El autor de la entrevista había escrito “Wilderness and the Defense of Nature” [“las tierras salvajes y la defensa de la Naturaleza”], cayendo él mismo en el error comentado en la nota de pie de página 14 de esta entrevista. El título real y correcto es “Wildness and the Defense of Nature” [El carácter salvaje y la defensa de la Naturaleza”]. N. del t.

[26] “Chickadee” en el original. Se refiere a los pájaros norteamericanos del género Poecile, que son similares a los carboneros europeos (género Parus). N. del t.

[27] Probablemente Turner se refiera a los “bighorn” o carneros de las Rocosas, Ovis canadensis. N. del t.

[28] 1pulgada = 2,5cm aproximadamente. N. del t.

[29] “Wildness” en el original. N. del t.

[30] “Wilderness” en el original. N. del t.

[31] “Self” en el original. En inglés, la palabra “self” puede significar el “ego” o el “yo”, pero también, usada como sufijo o prefijo, significa “uno/sí mismo” o lo mismo que el prefijo “auto-” en castellano. N. del t.

[32] “A project of the self” en el original. N. del t.

[33] Marca estadounidense de ropa. N. del t.

[34] “Wilderness” en el original. N. del t.

[35] ÍdemN. del t.

[36] ÍdemN. del t.

[37] ÍdemN. del t.

[38] ÍdemN. del t.

[39] Serie televisiva estadounidense que se emitió durante la década de los 50. N. del t.