Carta del 18 de septiembre del 2004

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PRESENTACIÓN DEL FRAGMENTO DE LA CARTA A DAVID SKRBINA DEL 18 DE SEPTIEMBRE DE 2004

A menudo, en las conversaciones o debates acerca del desastre que el desarrollo de la civilización, en general, y la sociedad industrial, en particular, han supuesto para la autonomía de lo salvaje, acaban surgiendo, de un modo u otro, las preguntas: “¿y qué se puede hacer?”, “¿cómo se puede combatir eficazmente el sistema tecnoindustrial?”. Preguntas naturales y sensatas, con respuestas difíciles. Desde luego, no existe una respuesta sencilla y simple. La respuesta no consiste en ir directamente a por el objetivo central, el sistema tecnoindustrial, esperando acabar inmediatamente o en unos pocos pasos, con él. Hoy por hoy, no podemos dañar gravemente el sistema actuando directamente en su contra. La respuesta ha de referirse por fuerza a un proceso complejo, indirecto y a más largo plazo (aunque no sabemos cómo de largo, ni siquiera si hay ya tiempo suficiente), con diversas fases o etapas, buena parte de las cuales supondrían realizar actividades encaminadas a la mera preparación para poder avanzar hacia etapas posteriores. Pero tampoco es cierta la respuesta que a menudo se da, normalmente pensando sólo en un ataque inmediato, directo y simple al sistema: “no hay nada que podamos hacer”. Esto último es falso. Existe una posibilidad, quizá poco probable y seguro que nada fácil, pero existe. En el texto de Ted Kaczynski que se presenta a continuación se trata dicha posibilidad. Como él mismo reconoce, todos los detalles y pasos concretos que dar pueden no estar claros aún, pero la idea general de cómo actuar y hacia dónde dirigir la actividad está bien clara.

 

FRAGMENTO DE LA CARTA A DAVID SKRBINA DEL 18 DE SEPTIEMBRE DE 2004

Por Ted Kaczynski[i]

[...] Creo que [...] sería una buena idea ofrecer un resumen más detallado de cómo veo yo el “camino hacia la revolución”. Dicho “camino” es, por supuesto, especulativo. Es imposible predecir el curso de los acontecimientos, así que cualquier movimiento que aspire a deshacerse del sistema tecnoindustrial tendrá que ser flexible y proceder mediante ensayo y error. Es, de todos modos, necesario ofrecer una indicación provisional de la ruta a seguir ya que, si no tiene una mínima idea de adónde se dirige, el movimiento dará bandazos sin rumbo.

También, un resumen de por lo menos una posible ruta hacia la revolución ayudará a mostrar que la idea de revolución puede ser posible. Probablemente, hoy en día, el mayor obstáculo para la creación de un movimiento revolucionario eficaz sea el mero hecho de que la mayoría de la gente (al menos en Estados Unidos) no considera que la revolución sea una posibilidad realista.

En primer lugar, creo que las acciones ilegales serán indispensables. Si pareciese que estoy intentando incitar a otros a realizar acciones ilegales, no me permitirían enviar esta carta, así que sólo diré lo siguiente acerca de este asunto: un movimiento revolucionario deberá estar constituido por dos sectores diferentes y separados, uno ilegal y clandestino y otro legal. No diré nada acerca de en qué debería consistir el sector ilegal.

El sector legal (aunque sólo sea para protegerse a sí mismo) debería evitar cuidadosamente todo contacto con el sector ilegal.

Con las posibles excepciones enumeradas en mi carta del 29-8-04[ii],[iii], [...] la función del sector legal no debería consistir en corregir ninguno de los problemas concretos causados por la tecnología. Por el contrario, su función debería ser preparar el camino para que una futura revolución pueda ser llevada a cabo cuando llegue el momento apropiado.

Dicha preparación previa es especialmente importante debido a que la ocasión para la revolución puede llegar en cualquier momento y de una forma bastante inesperada. La insurrección espontánea de 1917 en San Petersburgo cogió por sorpresa a toda Rusia. Se puede afirmar con bastante seguridad que dicha insurrección (si es que llegó a ocurrir en realidad) no habría llegado a ser más que una explosión de frustración masiva e inútil si el camino hacia la revolución no hubiese sido preparado previamente. Cuando se produjo, existía ya un movimiento revolucionario fuerte con capacidad de aportar un liderazgo y, además, los revolucionarios llevaban ya mucho tiempo educando (o adoctrinando) a los trabajadores de San Petersburgo, de modo que cuando estos últimos se levantaron no estaban meramente expresando su rabia de modo irreflexivo, sino que estaban actuando ordenadamente, con un propósito y de un modo más o menos inteligente.1

Para preparar el camino hacia la revolución, el sector legal del movimiento debería:

1. Lograr fortalecerse y mantener la cohesión interna. Aumentar el número de miembros será menos importante que reclutar miembros leales y capaces, que estén profundamente comprometidos con la causa y preparados para la acción práctica. (El ejemplo de los bolcheviques es instructivo al respecto2).

2. Desarrollar y difundir una ideología que:

a) Muestre a la gente los muchos peligros que el avance de la tecnología supone de cara al futuro.

b) Muestre a la gente cómo muchos de sus problemas y frustraciones son producto de vivir en una sociedad tecnológica.

c) Muestre a la gente que han existido sociedades en el pasado que, en mayor o menor medida, han carecido de estos problemas y frustraciones.

d) Ofrezca como ideal positivo una vida en contacto con la naturaleza.

e) Presente la revolución como una alternativa realista. [Véase Nota 3].

La utilidad de 2 es la siguiente:

Tal y como están las cosas de momento, en las zonas estables del mundo industrializado la revolución es imposible. Una revolución puede producirse sólo si sucede algo que haga tambalearse la estabilidad de la sociedad industrial. Es fácil imaginar acontecimientos o procesos que hagan que el sistema se tambalee de ese modo. Por poner sólo un ejemplo, supongamos que un virus creado en un laboratorio de experimentación escapase y matase a, digamos, un tercio de la población del mundo industrializado. Sin embargo, si eso sucediese ahora no parece probable que se fuese a producir una revolución a consecuencia de ello. En lugar de culpar del desastre al sistema tecnoindustrial en su conjunto, la gente echaría la culpa sólo a la imprudencia de un laboratorio concreto. Su reacción no sería eliminar definitivamente la tecnología, sino tratar de recoger sus pedazos y poner de nuevo en funcionamiento el sistema –aunque sin duda se elaborarían leyes exigiendo un control mucho más estricto de la investigación biotecnológica en el futuro.

La dificultad estriba en que la gente ve los problemas, las frustraciones y los desastres como fenómenos aislados en lugar de verlos como manifestaciones del problema central que constituye la tecnología. Si Al Qaeda hiciese estallar un artefacto nuclear en Washington, D.C., la reacción de la gente sería: “¡Atrapad a esos terroristas!” La gente pasaría por alto el hecho de que la bomba no habría podido existir sin el desarrollo previo de la tecnología nuclear. Cuando la gente ve su cultura o su bienestar económico perturbados a causa de la inmigración masiva, su reacción es odiar a los inmigrantes en lugar de tener en cuenta el hecho de que los movimientos masivos de población son la consecuencia inevitable del desarrollo económico que a su vez es resultado del progreso tecnológico. Si se produce una crisis económica mundial, la gente meramente se limitará a echar la culpa de ella a la mala gestión económica llevada a cabo por alguien, pasando por alto el hecho de que, cuando en el pasado las pequeñas comunidades eran en gran medida autosuficientes, su bienestar no dependía de las decisiones de los expertos en economía de los gobiernos. Cuando la gente se siente disgustada por la decadencia de los valores tradicionales o por la pérdida de autonomía local, despotrica en contra de la “inmoralidad” o se enfada con el “gobierno central”, respectivamente, sin aparentemente percatarse de que la pérdida de los valores tradicionales y de la autonomía local son consecuencias inevitables del progreso tecnológico.

Sin embargo, si un movimiento revolucionario pudiese mostrar al suficiente número de personas cómo los anteriores problemas y muchos otros son todos ellos consecuencias de un solo problema central, es decir, de la tecnología, y si dicho movimiento pudiese llevar a cabo con éxito el resto de tareas enumeradas en (2), entonces, en caso de producirse un acontecimiento que hiciese tambalearse al sistema, como por ejemplo la epidemia mencionada más arriba4, una crisis económica mundial o una acumulación de diversos factores que volviesen la vida difícil o insegura, una revolución en contra del sistema tecnoindustrial sería posible.

Es más, el movimiento no tiene por qué esperar pasivamente a que se produzca una crisis que debilite el sistema. Dejando aparte las actividades del sector ilegal, la oposición mostrada por el sector legal del movimiento puede ayudar a que se produzca una crisis. Por ejemplo, la Revolución Rusa fue favorecida por los desastres militares sufridos por el régimen zarista en la Primera Guerra Mundial. Y el movimiento revolucionario pudo haber ayudado a que dichos desastres se produjesen ya que “[e]n ningún otro de los países contendientes los conflictos políticos influyeron tan intensamente durante la guerra como lo hicieron en Rusia, impidiendo la movilización eficaz de la retaguardia”.5

El movimiento deberá hacer uso de argumentos racionales para llevar a cabo las tareas descritas en (2), por supuesto. Pero como ya señalé en mi carta del 29-8-04 [...] la razón por sí sola es una herramienta poco eficaz a la hora de influir en el comportamiento de las masas.[iv] Tendrá que aprovechar también los aspectos no racionales del comportamiento humano. Pero, para ello, no podrá basarse en las técnicas de propaganda del propio sistema. Como ya expliqué en mi carta del 29-8-04 [...], no se puede derrotar al sistema en una confrontación propagandística directa.[v]

Por el contrario, el movimiento tendrá que eludir la superioridad del armamento psicológico del sistema haciendo uso de ciertas ventajas con que cuenta un movimiento revolucionario frente al sistema. Algunas de estas ventajas serían:

(i) Según parece, mucha gente siente que existe una especie de vacío espiritual en la vida moderna. No estoy seguro de saber exactamente qué significa esto, pero “vacío espiritual” incluiría al menos la aparente incapacidad del sistema para proporcionar cualquier valor positivo de amplia aceptación diferente del hedonismo o de la simple glorificación del progreso tecnológico en sí mismo. La evidencia de que mucha gente encuentra insatisfactorios estos valores viene dada por la existencia dentro de la sociedad moderna de grupos que ofrecen sistemas de valores alternativos –valores que a veces entran en conflicto con los del sistema. Dichos grupos incluirían a las iglesias cristianas fundamentalistas y otras sectas más pequeñas y que están incluso más alejadas de lo convencional, así como a movimientos políticos minoritarios y extremistas tanto de izquierdas como de derechas.

Un movimiento revolucionario que pretenda tener éxito tendría que hacer las cosas mucho mejor que dichos grupos y llenar el vacío espiritual creado por el sistema con valores que sirvan para atraer a gente racional y autodisciplinada.

(ii) La naturaleza salvaje aún fascina a la gente. Esto se aprecia en la popularidad de revistas como National Geographic, del turismo a los lugares (semi)salvajes que aún quedan y de cosas por el estilo. Pero, a pesar de todas las revistas sobre naturaleza, de las visitas guiadas a zonas salvajes, de los parques y reservas, etc., la propaganda del sistema es incapaz de ocultar el hecho de que el “progreso” está destruyendo la naturaleza salvaje. Creo que mucha gente sigue considerando esto como algo gravemente perturbador, y no sólo debido a las consecuencias prácticas de la destrucción medioambiental. Y sus sentimientos respecto de este asunto proporcionan una herramienta que un movimiento revolucionario puede usar.

(iii) La mayoría de la gente siente una necesidad de sentirse parte de una comunidad, o de pertenecer a lo que los sociólogos llaman un “grupo de referencia”. El sistema trata de satisfacer esta necesidad en la medida que le es posible: alguna gente encuentra su grupo de referencia en una iglesia cristiana convencional, una agrupación de boy scouts, un “grupo de apoyo” o cosas así. Estos grupos de referencia proporcionados por el sistema a mucha gente le resultan insatisfactorios, como demuestra la proliferación de grupos independientes situados al margen de lo convencional o incluso contrarios a ello. Éstos incluyen, entre otros, las sectas excéntricas[vi],[vii], las bandas y los grupos políticos disidentes. Posiblemente la razón por la que mucha gente encuentre insatisfactorios los grupos de referencia que el sistema proporciona sea el propio hecho de que estos grupos son apéndices del sistema. Puede que la gente necesite grupos que sean “cosa de ellos”, es decir, que sean autónomos e independientes del sistema.

Un movimiento revolucionario debería ser capaz de formar grupos de referencia que ofreciesen valores más satisfactorios que el hedonismo del sistema. La naturaleza salvaje quizá podría ser el valor central o uno de los valores centrales.

En cualquier caso, cuando la gente pertenece a un grupo de referencia muy unido, se vuelve muy inmune a aquella propaganda del sistema que entra en conflicto con los valores y creencias de dicho grupo de referencia.6 El grupo de referencia es, por tanto, una de las herramientas más importantes con que cuenta un movimiento revolucionario para poder vencer la propaganda del sistema.

(iv) Dado que el sistema necesita una población dócil y ordenada, debe contener de forma estricta los impulsos agresivos, hostiles y violentos. Existe mucha rabia en contra del propio sistema y éste necesita mantener este tipo de rabia bajo un control especialmente riguroso. Por consiguiente, la rabia contenida es una poderosa fuerza psicológica que un movimiento revolucionario debería ser capaz de usar en contra del sistema.

(v) Dado que el sistema se basa en la propaganda barata y requiere una ceguera voluntaria respecto al desolador panorama que ofrece el continuo progreso tecnológico, un movimiento revolucionario que desarrolle sus ideas cuidadosa y racionalmente puede obtener una ventaja decisiva teniendo la razón de su parte. He señalado antes que la razón por sí misma es una herramienta muy poco eficaz para influir en las masas. Pero, de todos modos, creo que a la larga un movimiento puede beneficiarse enormemente estableciendo sus ideas fundamentales sobre una base sólidamente racional, siempre y cuando preste mucha atención a los aspectos no racionales que afectan al comportamiento humano. De este modo el movimiento atraerá gente racional e inteligente que sienta repulsión por la propaganda del sistema y la distorsión de la realidad que ésta conlleva. Dicho movimiento puede que atraiga a una cantidad menor de gente que uno que se base en una burda apelación a lo irracional, pero sostengo que, a la larga, un número modesto de personas de alta calidad conseguirá más que una gran cantidad de tontos. Tenga usted en cuenta que la racionalidad no excluye un compromiso profundo ni una fuerte implicación emocional.

Compare el marxismo con los movimientos religiosos irracionales que han aparecido en los Estados Unidos. Los movimientos religiosos consiguieron muy poco o nada que fuese importante y duradero, mientras que el marxismo conmocionó el mundo. El marxismo, ciertamente, también tiene sus elementos irracionales: en mucha gente la creencia en el marxismo cumplió una función equivalente a la fe religiosa. Pero el marxismo estaba lejos de ser totalmente irracional e incluso los historiadores actuales reconocen la contribución de Marx a la comprensión del efecto de los factores económicos en la historia. Visto desde la perspectiva del siglo XIX y de principios del XX, el marxismo era una teoría plausible y muy pertinente para afrontar los problemas de esa época, de modo que atrajo gente de un tipo completamente diferente de aquellos que se sentían atraídos por los movimientos religiosos.

Es posible, sin embargo, que la fe en el marxismo, entendido como dogma, jugase un papel esencial en el éxito del movimiento revolucionario ruso. Hace años leí en algún lugar que el propio Lenin no creía dogmáticamente en la doctrina marxista, pero que sin embargo no consideraba conveniente cuestionar la fe de los dogmáticos7, y sospecho que lo mismo debe haber sido cierto en el caso de los marxistas más racionales e inteligentes de la época de Lenin. Quizá un movimiento no deba tratar de imponer una racionalidad demasiado rígida a sus seguidores, sino que deba dejar espacio para la fe. Si la ideología del movimiento tiene una base racional subyacente, yo supongo que deberá ser capaz de atraer gente racional e inteligente, aun en el caso de que dicha ideología cuente con una cierta cantidad de superestructura no racional o irracional. Esta es una cuestión delicada y la respuesta a ella sólo puede obtenerse mediante ensayo y error. Pero aun así sigo afirmando que dotar de una amplia base racional a sus posturas concederá al movimiento una poderosa ventaja frente al sistema.

En cualquier caso, el tipo de gente que constituya el movimiento tendrá una importancia decisiva. El mayor error que dicho movimiento podría cometer sería que asumiese que debería tener cuantos más miembros mejor y que animase a unirse a él a cualquiera que pudiese parecer estar interesado. Éste fue exactamente el error que cometió la Earth First! original. Cuando fue constituida a principios de los años 80, dicha organización podía haber contenido el germen de un movimiento revolucionario genuino. Pero invitó indiscriminadamente a unírsele a cualquiera que se le acercase; y -¡por supuesto!- la mayoría de los que se le acercaron fueron personajes de inclinación izquierdista. Éstos saturaron numéricamente el movimiento y se hicieron con el mando, cambiando su carácter. El proceso ha sido documentado por Martha F. Lee en Earth First!: Environmental Apocalypse, Syracuse University Press, 1995.[viii]

No creo que Earth First!, tal y como está constituido ahora, sea ya un movimiento potencialmente revolucionario. El movimiento anarquista verde o anarcoprimitivista, además de atraer a individuos con inclinaciones izquierdistas, manifiesta otra clase de problema en lo que se refiere a sus miembros: ha atraído a demasiados elementos que sufren desórdenes mentales y muestran una grave deficiencia de autocontrol, con lo que el movimiento en su conjunto posee un carácter irracional y a veces incluso infantil. Debido a todo esto, creo que dicho movimiento está condenado a fracasar. Realmente el movimiento anarquista verde o anarcoprimitivista tiene algunas ideas muy buenas y creo que, en cierto modo, dicho movimiento ha dado en el clavo. Pero el movimiento ha sido arruinado debido a la afluencia excesiva de individuos pertenecientes al tipo equivocado de gente.

Así que uno de los problemas de importancia crítica que tendrá que afrontar un movimiento revolucionario incipiente será mantener alejados a los individuos izquierdistas, a los elementos desorganizados e irracionales y a cualesquiera de las otras personas indeseables que se acercarán en masa a cualquier movimiento rebelde que surja en [la actualidad].

Probablemente la parte más difícil a la hora de crear un movimiento sea precisamente dar el primer paso: se ha de reunir un puñado de personas del tipo adecuado y fuertemente comprometidas. Una vez que se haya formado ese pequeño núcleo, debería resultar más sencillo atraer a nuevos miembros.

Algo que se deberá tener presente, de todos modos, es que ningún grupo atraerá ni conservará a sus miembros si no pasa de ser un grupo de debate. Si se quiere mantener el interés de la gente, hay que hacer que se involucre en proyectos prácticos. Esto es cierto tanto si el movimiento que se trata de constituir es revolucionario como si es meramente reformista.

El primer proyecto del puñado inicial de personas sería la investigación bibliográfica, así como la búsqueda de información por otros medios. La información que debería ser buscada incluiría, por ejemplo, datos históricos acerca del modo en que los cambios sociales se han producido en las sociedades del pasado y acerca de la evolución de los movimientos políticos, ideológicos y religiosos en esas sociedades; información acerca del desarrollo de dichos movimientos en nuestra propia sociedad a lo largo de las últimas décadas; las conclusiones de los estudios académicos sobre el comportamiento colectivo; y datos concernientes a qué tipo de personas se han involucrado en Earth First!, la anarquía verde, el anarcoprimitivismo y otros movimientos actuales emparentados con ellos.

Una vez el grupo haya recopilado suficiente información podría diseñar un programa provisional de acción, quizá modificando o descartando muchas de las ideas que yo he perfilado más arriba.

Sea como sea, para aquellos que seriamente quieran hacer algo con respecto al problema de la tecnología, la primera tarea está bastante clara: constituir el núcleo de un nuevo movimiento que se mantenga a sí mismo estrictamente separado de los izquierdistas y de los personajes irracionales que infestan el movimiento antitecnológico actual [...]

Notas

1. Leon Trotsky, History of the Russian Revolution,[ix] traducido por Max Eastman, 1980, Vol. Uno, Capítulo VIII, páginas 136-152.

2. Véase Trotsky, op. cit., o cualquier historia de Rusia durante ese periodo relevante.

3. Hay que admitir que (2) no es exactamente idéntico al segundo objetivo de un movimiento revolucionario que enumeré en [...] mi carta del 29-8-04: “Incrementar las tensiones en el seno del orden social hasta que esas tensiones alcancen el punto de ruptura”. Pero algo que he aprendido acerca de la escritura expositiva es que demasiada precisión es contraproducente. [Para poder ser comprendido, uno ha de simplificar tanto como le sea posible, incluso a costa de la precisión. Para lograr el propósito de mi carta del 29-8-04, en lo que yo necesitaba hacer hincapié era en que un movimiento revolucionario tiene que incrementar las tensiones sociales en lugar de aliviarlas mediante reformas. Si hubiese dado una descripción más detallada y precisa de las tareas que un movimiento revolucionario debería realizar, como he hecho en esta carta, ello únicamente habría desviado la atención del punto que necesitaba exponer en mi carta del 29- 8-04. Así que le pido indulgencia por no haber sido perfectamente consecuente en esta ocasión.

4. La sugerencia de que un accidente biotecnológico podría servir como un desencadenante de la revolución entra en conflicto con mi sugerencia previa (carta del 29-8-04 [...]) de que podría ser deseable ralentizar el progreso de la biotecnología de modo que se posponga cualquier catástrofe biotecnológica. Por un lado, dicha catástrofe podría llegar a ser tan grave que tras ella no quedase ya nada que salvar; por otro lado, una catástrofe menos grave podría ofrecer la ocasión para la revolución. Es discutible a cual de las dos posibilidades debe darse más importancia. Pero en conjunto yo creo que lo mejor sería tratar de ralentizar el progreso de la biotecnología.

5. The New Encyclopaedia Britannica, 15ª edición, 2003, Volumen 28, artículo “Union of Soviet Socialist Republics”, página 1000.

6. Ibíd., Volumen 26, artículo “Propaganda”, página 176 (“por norma los medios más efectivos... no son los impersonales medios de información de masas sino más bien aquellas pocas asociaciones u organizaciones (grupos de referencia) con las que el individuo se siente identificado... Bastante a menudo el hombre corriente no sólo evita sino que desconfía activamente de los medios de información de masas... sin embargo, en la calidez de su grupo de referencia, se siente como en casa...”).

7. Aquí, la usual advertencia acerca de la poca fiabilidad de mi memoria.



[i] Traducción de Último Reducto a partir de la carta manuscrita original en inglés. Esta carta fue posteriormente publicada en Theodore J. Kaczynski, Technological Slavery, Feral House, 2008, páginas 266-273. ©Copyright para el original en inglés, Theodore John Kaczynski, 2004. © Copyright para esta traducción al español, Último Reducto, 2017. Nota del traductor.

[ii] © para la carta original en inglés, Theodore John Kaczynski, 2004.

[iii] Fragmento de la carta de Ted Kaczynski a David Skrbina del 29-8-04 en que se mencionan dichas excepciones:

“El objetivo de un movimiento revolucionario, al contrario que el de un movimiento reformista, no es ir corrigiendo gradualmente algunos de los problemas del orden social. Los objetivos de un movimiento revolucionario son:

a.   Lograr fortalecerse.

b.  Incrementar las tensiones en el seno del orden social hasta que esas tensiones alcancen el punto de ruptura.

Corregir tal o cual problema social es probable que reduzca las tensiones dentro del orden social. Esta es la razón del clásico antagonismo entre movimientos revolucionarios y movimientos reformistas.

Hablando en general, la corrección de un problema social determinado sirve a los fines de un movimiento revolucionario solamente si:

(a) Constituye una victoria que realce el prestigio del movimiento revolucionario.

(b) Representa una derrota humillante para el orden social existente.

(c) Es llevada a cabo con métodos que, si no son ilegales, al menos son ofensivos para el orden social existente.

(d) Es ampliamente percibida como un paso hacia la disolución del orden social existente.

En la situación concreta que el mundo afronta hoy en día, puede haber también otro caso en el cual puede ser útil una corrección parcial o gradual de un problema social: puede servirnos para ganar tiempo. Por ejemplo, si se ralentiza el progreso de la biotecnología, será menos probable que ocurra una catástrofe biológica antes de que tengamos tiempo de derribar el sistema”.

N. del trad. 

[iv] Fragmento de la carta de Ted Kaczynski a David Skrbina del 29-8-04 a que se refiere aquí:

“Como bien saben los propagandistas profesionales, la razón, por sí sola, sirve de muy poco a la hora de influenciar a las masas. [Encyclopaedia Britannica, 15ª edición, 1997, Volumen 26, artículo “Propaganda”, páginas 175-76: ‘El propagandista debe percatarse de que ni los argumentos racionales ni los eslóganes pegadizos pueden, por sí mismos, lograr gran cosa a la hora de influenciar el comportamiento humano’]. Para lograr un efecto significativo, habría que recurrir a las técnicas de propaganda del propio sistema. Un movimiento contrario al sistema quizá se desacreditaría a sí mismo si se manchase las manos de ese modo”.

N. del trad.

[v] Fragmento de la carta de Ted Kaczynski a David Skrbina del 29-8-04 a que se refiere aquí:

“[E]s enormemente improbable que dicho movimiento llegase a tener el suficiente dinero como para montar a nivel mundial, o siquiera a nivel nacional, una campaña eficaz para persuadir a la gente […] ‘La propaganda dirigida a inducir grandes cambios supone con toda seguridad la inversión de gran cantidad de tiempo, recursos, paciencia y engaño, salvo en tiempos de una crisis revolucionaria, cuando las viejas creencias han sido derrocadas...’. (Encyclopaedia Britannica, 15ª edición, 1997, Volumen 26, artículo “Propaganda”, página 176). La Encyclopaedia Britannica, Macropaedia, artículo “Propaganda”, ofrece una buena muestra de las bases técnicas de la propaganda moderna y, en consecuencia, da una idea de la enorme cantidad de dinero que se necesitaría para conseguir incidir mínimamente en [el comportamiento de la gente] mediante la persuasión. ‘Muchas de las mayores y más pudientes agencias de propaganda ... diseñan las ‘campañas simbólicas’ y las operaciones de ‘creación de imagen’ mediante el cálculo matemático, usando cantidades de datos que sólo pueden ser procesadas por ordenadores ...’ (Encyclopaedia Britannica, 15ª edición, 1997, Volumen 26, artículo “Propaganda”, página 174.), etc., etc. (Esto debería bastar para echar abajo su sugerencia de que ‘la propaganda puede ser combatida mediante contrapropaganda’ [...] A no ser que tenga usted muchos miles de millones de dólares a su disposición, no hay manera de derrotar al sistema en una confrontación propagandística directa. Un movimiento revolucionario tendrá que encontrar otros medios de causar un impacto en el sistema)”.

N. del trad.

[vi] “Cults” en el original. N. del trad.

[vii] Los ‘cults’ son pequeños grupos religiosos cuyas creencias o conductas son poco compatibles con los valores del sistema tecnoindustrial. Nota de Ted Kaczynski. Original en castellano.

[viii] Véanse la reseña de George Sessions acerca de dicho libro y los artículos “De cómo La Tierra dejó de ser lo primero”, de B. R. y “¿Hacia dónde se dirige Earth First?” de Dave Foreman en esta misma página. N. del t.

[ix] Existe traducción al castellano: Historia de la Revolución Rusa. Zero (1974). N. del trad.