Izquierdismo

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IZQUIERDISMO:

Función de la pseudocrítica y la pseudorrevolución en la sociedad tecnoindustrial

Por Último Reducto

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Definición:

Último Reducto entiende por “izquierdismo” cualquier corriente o tendencia social que se fundamente en los siguientes valores: igualdad, solidaridad expandida y compasión hacia grupos de presuntas víctimas (con estos u otros nombres: “justicia social”, “cooperación”, “fraternidad”, “amor universal”, “paz”, etc.).

En general, el concepto de izquierdismo incluye casi cualquier corriente aparentemente crítica que no trate realmente de combatir la sociedad moderna sino de “mejorarla”. El izquierdismo, por lo general, no pretende acabar con la sociedad tecnoindustrial, sólo trata de que ésta cumpla los valores arriba señalados. Que sea (más) “justa”, (más) “igualitaria”, (más) “solidaria”, etc. Aunque también hay izquierdismos “radicales” que dicen pretender combatir el sistema (normalmente le añaden adjetivos como “capitalista”, “imperialista” o “patriarcal”), siempre lo hacen basándose en esos valores.

El izquierdismo incluye, en general, eso que normalmente se entiende por izquierda, pero no sólo eso. El concepto de “izquierda” suele ser (casi) sinónimo de socialismo (en casi todas sus versiones -incluidas las libertarias o anarquistas-), pero también hay “izquierdismos” no socialistas (por ejemplo, todas las corrientes e iniciativas humanitarias derivadas exclusivamente del liberalismo filosófico o de la filantropía cristiana -ciertas asociaciones de base, ciertas organizaciones caritativas, algunas misiones, etc.-). De hecho, al menos algunos de los valores e ideales fundamentales de la mayor parte de eso que hoy en día se suele llamar “derecha” son en el fondo los mismos que los de lo que se denomina “izquierda”.

El izquierdismo, en concreto, abarca todas las luchas e iniciativas, gubernamentales o no, por la igualdad y los derechos de presuntos “oprimidos” (“antipatriarcalismo” en general y feminismo en particular, “liberación” homosexual, antirracismo, solidaridad con los inmigrantes, ayuda a los pobres, iniciativas para la integración social de los marginados y excluidos, defensa de los trabajadores, de los parados, de los minusválidos, de los animales, etc.), a favor del desarrollo (“sostenible”, suelen añadir), de la justicia, de la paz, de las “libertades ” y los derechos y de la democracia en general (luchas por el reparto de la riqueza, corrientes favorables a la “normalización” de las drogas o a la “liberación sexual”, antimilitarismos, pacifismos, “ecologismos” sociales -aquellas corrientes que aun denominándose ecologistas se centran prioritariamente en asuntos meramente sociales anteponiéndolos a los problemas realmente ecológicos- y ambientalismos -corrientes cuya función real es mantener el entorno lo suficientemente habitable para que la población pueda seguir cumpliendo óptimamente con las exigencias de la sociedad tecnoindustrial-, anticapitalismos, etc.). Abarca, pues, la práctica totalidad de eso que se llama “movimientos sociales”, “contestatarios”, “antagonistas”, “alternativos”, etc. así como la inmensa mayoría de las ONGs, además de cualquier iniciativa, oficial o no, basada en favorecer la igualdad, la solidaridad (expandida) y la defensa de presuntas víctimas (iniciativas que hoy en día abarcan buena parte de las actividades de los gobiernos e instituciones).

Se suele considerar que “progresismo” e “izquierdismo” son sinónimos, y ciertamente así suele ser normalmente, pero no siempre. Si la idea de progreso[6] que defiende un progresismo está basada en aumentar la igualdad, la solidaridad y la defensa de presuntas víctimas (que suele ser precisamente la noción de progreso de casi todos los progresismos actuales) dicho progresismo es izquierdismo. Pero no todo progresismo tiene esa idea humanitaria de progreso: el colonialismo decimonónico, por ejemplo, se basaba, para justificar sus desmanes, en otra idea de progreso mucho menos “delicada” y para nada compatible con el progresismo izquierdista.

Por otro lado, aunque el izquierdismo suele ser abiertamente progresista, hay también corrientes izquierdistas minoritarias presuntamente contrarias al progreso, es decir, supuestamente no progresistas.

Hoy en día, y desde hace ya décadas, la ideología dominante en la sociedad tecnoindustrial es izquierdista. Las instituciones y los medios de comunicación de masas se basan en los valores fundamentales izquierdistas de igualdad, solidaridad (expandida) y victimismo, y los transmiten y ponen en práctica adoptando, apoyando y fomentando muchas de las propuestas que antaño defendían exclusivamente sectores minoritarios (los izquierdistas de aquella época). Basta con observar mínimamente la propaganda institucional, las noticias, las formas masivas de arte y entretenimiento, la publicidad, etc. para darse cuenta de ello. En consecuencia, la población en general ha asumido los valores izquierdistas de dicha propaganda, en mayor o menor grado.

Sin embargo, mucha gente está convencida de que dichos valores izquierdistas son no sólo minoritarios, sino contrarios a los de la sociedad moderna actual a la cual consideran insolidaria y promotora de la desigualdad. Esta propia creencia es a su vez parte fundamental del izquierdismo pues lo justifica y promueve.

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