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La crisis de la biodiversidad y el futuro de la evolución

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PRESENTACIÓN DE “LA CRISIS DE LA BIODIVERSIDAD Y EL FUTURO DE LA EVOLUCIÓN

 

Estamos acostumbrados a oír hablar en los últimos tiempos sobre “biodiversidad”, quizá como extensión de los valores hoy en día mayoritarios de diversidad cultural dentro de la sociedad tecnoindustrial o simplemente porque es un valor fácilmente medible y manejable para la ciencia. Es una de las máximas del ecologismo, aunque una mayor biodiversidad no siempre está relacionada con un mayor grado de autonomía de lo salvaje (en ocasiones incluso sirve de excusa para justificar las profundas alteraciones del medio natural llevadas a cabo por algunas sociedades humanas).

El artículo que presentamos a continuación va más allá de la mera pérdida de especies (pérdida de biodiversidad) enfocando la atención sobre los graves cambios que este hecho, causado por el continuo desarrollo de la civilización industrial, está generando en el proceso de la evolución de las especies, así como en las diferencias que este hecho tiene con respecto a otros episodios de extinción masiva ocurridos a lo largo de la historia del planeta. Myers viene a decir que el progreso tecnológico está liquidando en unas pocas décadas lo que la evolución tardó en generar varios millones de años y que, además, la capacidad de la Naturaleza salvaje para generar nuevas especies se está viendo degradada de tal manera que tendrán que pasar (en el mejor de los casos y siempre y cuando las condiciones para ello no empeoren) al menos otros tantos millones de años para que aparezca un conjunto de especies que equivalgan a las actuales en número y diversidad.

Éste es un ejemplo de hasta qué punto la degradación actual de la biosfera salvaje es un asunto crucial y difícilmente justificable más allá de una óptica (o más bien ceguera) progresista con un total desprecio hacia el mundo natural y salvaje.

Más allá de esto, existen también en el artículo aspectos criticables desde una óptica de respeto hacia lo salvaje, que trataremos de resumir en los siguientes puntos:

- A pesar de toda la información dada a lo largo del artículo, a nadie debería sorprenderle a estás alturas que las conclusiones que el autor extrae al final del artículo resulten incongruentes e incluso contradictorias con el artículo en sí. Al fin y al cabo, se trata de un científico, y como tal, su escala de valores es: primero, experimentar y hacer ciencia y después y sólo después, si acaso, rechazar la destrucción de la Naturaleza y protegerla. Así que no sorprende que se regocije ante las infinitas posibilidades de experimentar que ofrece el paupérrimo panorama ecológico actual.

- Cuando habla de “dirigir la evolución por caminos beneficiosos” no está hablando de nada sustancialmente diferente de lo actual, si acaso peor: gestionar o dominar la Naturaleza (ya sea con buenas o malas intenciones) no es lo mismo que dejarla evolucionar en paz (es decir, respetar la autonomía de lo salvaje). Al autor no parece importarle la autonomía de la Naturaleza.

- La factibilidad de la propuesta anterior del autor es además muy dudosa, habida cuenta de que, en realidad, el control y la planificación racionales y conscientes de sistemas y procesos complejos (como la biosfera y la evolución, en este caso) son una quimera. Los sistemas complejos siguen pautas y dinámicas autónomas que son tan complejas que resultan en gran medida impredecibles y por tanto incontrolables. Siempre surgen efectos no previstos e indeseados que hacen que a largo plazo y gran escala ese control y planificación resulten en algo muy diferente de lo que los planificadores y gestores pretendían lograr.

- Es más, existe actualmente otro sistema complejo con dinámicas propias que escapan al control y la voluntad humanas: el sistema tecnoindustrial. Y este jamás va a beneficiar a la Naturaleza salvaje, porque se nutre precisamente de degradar y dominar los ecosistemas para extraer los recursos necesarios para su desarrollo y funcionamiento. Ninguna reforma de la sociedad tecnoindustrial puede cambiar esto (salvo el propio colapso y desaparición de la misma).

Aun así, y a pesar de que algunos de los datos biológicos manejados por el autor resultan más que dudosos o simplemente están ya desfasados, creemos que el artículo merece la pena ser publicado y leído.

 

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