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La cuenta atrás

La cuenta atrás

(Libro de Alan Weisman)[1]


Tras su libro El mundo sin nosotros (reseñado en esta misma página), el periodista Alan Weisman vuelve a la carga con un libro que, como el propio autor indica, bien podría haberse llamado “El mundo con menos de nosotros”, aunque finalmente se ha llamado La cuenta atrás y subtitulado ¿tenemos futuro en la tierra? (Ed. Debate, 2014).

El libro está dividido en cinco partes. Las cuatro primeras relatan de forma extensa la situación demográfica y ecológica de diversos países por los que el autor viajó en los últimos años. Mostrando algunos países al borde del colapso pero también otros donde se atisba o ya está en marcha un cambio a nivel demográfico. Es en la quinta y última parte donde Weisman entrevista a otros ecólogos y activistas con preocupaciones similares a las suyas y explica lo que él plantea como una solución a la crisis ecológica actual.

Mientras que en su anterior libro hacía un ejercicio de ficción mostrando cómo podría regenerarse la Naturaleza salvaje sin el control y la injerencia por parte de los seres humanos. En este pasa a estudiar la situación demográfica actual y las tendencias futuras más probables, preocupado especialmente por dejar un mayor espacio al resto de especies con las que compartimos el planeta pero, teniendo como meta implícita o explícitamente, salvar la civilización (o lo que es lo mismo hoy en día: salvar el sistema tecnológico industrial).

La propuesta de Weisman es reducir la población humana mundial lo más rápido que permitan los métodos humanitarios y políticamente correctos de control de la natalidad (acceso mundial a los anticonceptivos, mejorar el nivel de educación de las mujeres para que estas espacien más los embarazos, etc.), de modo que se ponga freno al crecimiento en el uso de ciertos recursos cuya excesiva escasez o abundancia podrían desencadenar cambios medioambientales fatales para la civilización. El mismo autor lo explica así:

No me gustaría que se produjera una tría selectiva entre quienes hoy viven. Deseo una vida larga y saludable a todos los seres humanos que en este momento pueblan el planeta. Pero, o tomamos el control nosotros mismos y reducimos humanitariamente nuestro número reclutando a menos nuevos miembros de la especie humana para ocupar nuestro sitio, o la naturaleza va a repartir infinidad de cartas de despido. Puede que cuando uno ve la supervivencia de los más aptos retratada en los documentales de National Geographic le resulte entretenido. Pero cuando le ocurre a tu propia especie no tiene ninguna gracia.

Con el planteamiento de Weisman uno puede hacerse múltiples preguntas: ¿Realmente es tan mala la selección natural en humanos?, ¿no somos precisamente los humanos actuales el producto de cientos de miles de años de selección natural dentro de la Naturaleza salvaje? Y aún más preocupante: ¿inhibir o “esquivar” la selección natural no tiene ningún precio para el planeta y también para nosotros?, o en otras palabras ¿no terminará la sociedad tecnoindustrial, mientras esta siga adelante e independientemente de que haya más o menos de nosotros en el planeta, por generar una selección “artificial” que transforme a los humanos tan drásticamente como ya ha trasformado el entorno y las sociedades humanas?

No estoy diciendo que Weisman sea un farsante y esconda un afán antropocéntrico utilizando como excusa la Naturaleza para salvar la civilización. Es más, a juzgar por la información que tengo de él (aparte de sus libros, puede saberse más de él en una entrevista en castellano que ofreció para un canal de televisión español. El enlace para verlo en Internet es https://www.youtube.com/watch?v=71e3cFt_KXE), parece un claro aficionado a la Naturaleza salvaje, aunque atado a ciertos valores de la civilización que le impiden llevar sus conocimientos a otras conclusiones. Simplemente estoy diciendo que Weisman se equivoca si piensa que el control demográfico humano a secas va a beneficiar a largo plazo a la Naturaleza salvaje. Si el desarrollo tecnológico sigue adelante (y el propio Weisman afirma en el libro que él no ve ningún problema en ello), las alteraciones y la destrucción del mundo natural salvaje proseguirán con la misma intensidad actual, o peor.

Un ejemplo ilustrativo relatado en el libro: Japón afronta ahora una época de decrecimiento poblacional (humano, se entiende), a la vez que intenta sustituir la escasez de mano de obra humana con robots. Pero, ¿no consumen esos robots a la hora de ser fabricados, mantenidos y desechados precisamente energía y recursos extraídos del mismo planeta que los humanos? ¿O es que Weisman piensa que los robots, o cualquier otro engendro tecnológico industrial, al contrario que los humanos, se crean de la nada y se mantienen del aire? (y todo esto sin tener en cuenta otros peligros que el desarrollo tecnológico crea o agrava). A la vez que explica cómo el desarrollo tecnológico es la causa del crecimiento demográfico humano exponencial de los últimos siglos y de la degradación ecológica subyacente, no ve ninguna relación entre seguir con el desarrollo tecnológico (o lo que es lo mismo, mantener la civilización industrial) y la destrucción de la Naturaleza salvaje.

El colapso de la civilización humana actual puede acarrear un notable grado de degradación ecológica, pero la salvación de este modo de sociedad (la sociedad tecnoindustrial) antes o después supondría la dominación y destrucción total del mundo no dominado por los humanos, esto es, la Naturaleza salvaje. La propuesta de Weisman, motivado quizá por una sincera preocupación por la situación ecológica actual, esconde ese lado oscuro. Aquellas personas que sientan una verdadera afición y devoción por el mundo natural y salvaje tendrían que tenerlo en cuenta antes de abrazar este tipo de propuestas. Espero que esta reseña sirva para que el lector piense sobre ello.



[1] Reseña a cargo de A.Q.

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