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Por Ted Kaczynski

“La sociedad tecnológica podrá permitirse el lujo supremo de tolerar la rebelión

inútil con una sonrisa indulgente”. Jacques Ellul.

El Sistema se la está jugando a los presuntos revolucionarios y rebeldes. El truco es tan sutil que, si hubiese sido conscientemente planeado, uno se vería obligado a admirar su elegancia casi matemática.

1. Lo que el Sistema no es.

Comencemos por dejar claro qué no es el Sistema. El Sistema no es el presidente de un país y sus consejeros y delegados, ni el gobierno, ni siquiera el Estado de un país; no es los policías que maltratan a quienes protestan; no es las juntas directivas de las corporaciones multinacionales; y no es los Frankensteins que, en sus laboratorios, enredan ilegítimamente con los genes de los seres vivos. Todas esas personas no son más que siervos del Sistema, y no constituyen el Sistema en sí mismas. Es más, los valores, actitudes, creencias y conductas personales e individuales de cualquiera de esas personas pueden estar significativamente en conflicto con las necesidades del Sistema.

Para ilustrarlo con un ejemplo, el Sistema requiere respeto por los derechos de propiedad y, aun así, los directivos de grandes empresas, los policías, los científicos y los políticos a veces roban (por “robar” no debemos entender sólo la sustracción de objetos físicos. Podemos incluir también todos aquellos medios ilegales de adquirir propiedades, tales como evadir impuestos, aceptar sobornos y cualquier otra forma de fraude o corrupción). Pero el hecho de que los ejecutivos, los policías, los científicos y los políticos a veces roben no significa que robar sea algo propio del funcionamiento del Sistema. Al contrario, cuando un policía o un político roban algo, se están rebelando contra el respeto por la ley y la propiedad que exige el Sistema. No obstante, aun cuando roban, estas personas siguen siendo siervos del Sistema ya que públicamente continúan apoyando la ley y la propiedad.

Sean cuales sean los actos ilegales que puedan ser cometidos por los políticos, policías o ejecutivos de forma individual, el robo, el soborno y el fraude no son propios del funcionamiento del Sistema sino disfunciones del mismo. Cuantos menos robos haya, mejor funcionará el Sistema y éste es el motivo por el que los siervos y los gestores del Sistema siempre promueven la obediencia a la ley, aun cuando, a veces, encuentren conveniente para sí mismos infringirla en privado.

Veamos otro ejemplo. Aunque los policías sean los protectores del Sistema, la brutalidad policial no es propia del correcto funcionamiento del Sistema. Cuando unos policías dan una paliza a un sospechoso, no están trabajando por el bien del Sistema, sólo están desahogando sus propias rabia y hostilidad. La meta del Sistema no es la brutalidad o la expresión de la rabia. En lo que a la tarea de la policía se refiere, la finalidad del Sistema es conseguir que sus reglas sean obedecidas y lograrlo con el mínimo grado posible de desorden, violencia y mala prensa. Por tanto, desde el punto de vista del Sistema, el policía ideal sería aquel que nunca se enfadase, nunca usara más violencia de la necesaria y, en tanto le fuera posible, mantuviera a la gente bajo control mediante la manipulación en lugar de mediante la fuerza. La brutalidad policial es solamente otra disfunción del Sistema, no algo propio de su correcto funcionamiento.

Para demostrarlo, observemos la actitud de los medios de comunicación. Los medios de información convencionales condenan casi unánimemente la brutalidad policial. Por supuesto, la actitud de los medios de comunicación convencionales representa, como norma en nuestra sociedad, la opinión predominante entre las clases poderosas acerca de lo que es bueno para el Sistema.

Lo que se acaba de comentar acerca del robo, el fraude y la brutalidad policial es aplicable también a los casos de discriminación y victimización tales como el racismo, el sexismo, la homofobia, la pobreza y la explotación laboral. Todos ellos son malos para el Sistema. Por ejemplo, cuanto más discriminados o excluidos se sientan los negros, más probable es que se inclinen hacia el crimen y que no se preocupen de estudiar carreras que les transformen en miembros útiles para el Sistema.

La tecnología moderna, con los medios de transporte rápidos a larga distancia y el trastorno de los modos tradicionales de vida que la caracterizan, ha llevado a la mezcla de distintas poblaciones, de tal modo que hoy en día individuos de diferentes razas, nacionalidades, culturas y religiones tienen que vivir y trabajar juntos. Cuando la gente se odia o rechaza mutuamente debido a su raza, etnia, religión, preferencia sexual, etc., los conflictos resultantes interfieren en el funcionamiento del Sistema. Salvo unas pocas y fosilizadas reliquias del pasado, los gestores del Sistema saben todo esto de sobra y por eso nos adoctrinan en la escuela y a través de los medios para que creamos que el racismo, el sexismo, la homofobia y cosas por el estilo son males sociales que hay que eliminar.

Sin duda algunos de esos gestores del Sistema, algunos políticos, científicos y ejecutivos, en privado, creen que el lugar de la mujer es la cocina, o que la homosexualidad y el matrimonio interracial son algo repugnante. Pero aun cuando la mayoría de ellos creyesen tales cosas, eso no significaría que el racismo, el sexismo y la homofobia sean propios del funcionamiento del Sistema -igual que el robo por parte de los gestores no significa que robar sea algo propio del buen funcionamiento del Sistema. Y justo del mismo modo que el Sistema promueve el respeto por la ley y la propiedad con el fin de mantener su propia seguridad, el Sistema por el mismo motivo necesita desprestigiar y evitar el racismo y otras formas de victimización. Esa es la razón por la que el Sistema, a pesar de algunas desviaciones privadas por parte de algunos miembros de la élite, tiene como uno de sus objetivos básicos la supresión de la discriminación y la victimización.

Como prueba de ello, observemos de nuevo la actitud de los medios de información mayoritarios. Salvo por alguna ocasional y tímida disensión por parte de unos pocos comentaristas más osados y reaccionarios, la propaganda de los medios es favorable de forma abrumadora a la igualdad racial y de sexo y a la aceptación de la homosexualidad y del matrimonio interracial.

El Sistema necesita una población que sea mansa, no violenta, domesticada, dócil y obediente. Necesita evitar cualquier conflicto o trastorno que pueda interferir en el funcionamiento ordenado de la máquina social. Además de suprimir las hostilidades grupales de tipo racial, étnico, religioso y de cualquier otro tipo, también necesita eliminar o manejar en su propio beneficio cualquier otra tendencia que provoque trastornos y desorden, como son el machismo, los impulsos agresivos y cualquier inclinación a la violencia.

Naturalmente, los tradicionales antagonismos raciales y étnicos tardan en desaparecer; el machismo, la agresividad y los impulsos violentos no pueden ser fácilmente suprimidos y las actitudes en relación a la identidad sexual y de género no pueden ser generalizadas de un día para otro. En consecuencia, hay muchos individuos que se resisten a esos cambios y el Sistema se enfrenta al problema de doblegar su resistencia.

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