Lo natural y lo artificial
Entrevista a Keekok Lee realizada por Casey Walker
Nota: aquí meramente aparece nuestra presentación del texto. El texto completo puede leerse en formato pdf haciendo clic en el título del artículo.
La siguiente entrevista nos ha parecido interesante por el tema del que trata: la diferencia fundamental entre lo natural y lo artificial. En las últimas décadas, y desde al menos los años 80 del siglo XX, ha habido un ataque propagandístico constante, lanzado desde numerosos frentes (algunas veces incluso procedente del ecologismo, lamentablemente), en contra de la distinción fundamental entre lo natural y lo artificial. Lee no es la primera ni la última autora que denuncia y refuta esta ofensiva ideológica, pero sí que lo hace de una forma bastante profunda y señalando ciertos detalles importantes que a veces quedan sin mencionar en otras críticas del monismo ecológico -como, por ejemplo, que la autonomía de la Naturaleza es lo más importante. Por eso hemos decidido publicar esta entrevista. La entrevista en cuestión, parece ser una especie de repaso y comentario de las ideas principales de su libro The Natural and The Artefactual, para aquellos lectores que estén interesados en profundizar en el tema y tengan la oportunidad de leer dicha obra.
No obstante, como de costumbre, señalaremos a continuación algunos de los casos en los que la autora no ha estado muy fina en sus argumentos:
- El defecto más importante que vemos es que la principal característica que diferencia lo natural de lo artificial parece ser, según la autora, que lo artificial es siempre producto de la “intención” humana y lo natural nunca es producto de dicha intención. Es decir, que para ella todo lo intencionado es artificial y todo lo no intencionado es natural. Sin embargo, en realidad, convencionalmente el principal rasgo de lo natural es que no es obra del ser humano y la principal característica de lo artificial es que es obra, intencionada o no, del ser humano. Al centrarse exclusivamente en la “intención” al definir “lo artificial”, la autora deja extrañamente fuera de “lo artificial” precisamente una gran parte de aquello que es artificial: aquello que, siendo obra del ser humano, no es hecho o provocado deliberadamente. Y así, no considera artificial aquello producido por el ser humano de forma no intencionada, considerándolo como parte de (o confundiéndolo con) lo natural.[1] No obstante, esta es precisamente la forma en que el ser humano ha actuado en gran parte (si no la mayoría) de los casos a lo largo de la historia. Y la forma en que sigue haciéndolo. Y, en lo que nos ocupa, gran parte (si no la inmensa mayoría) de los impactos causados por el ser humano en la Naturaleza (y en su carácter natural y su autonomía) son no intencionados, como la propia autora reconoce.[2] Entonces, ¿acaso los efectos ecológicos de talar bosques, drenar pantanos y liberar CFCs dejan de ser impactos artificiales por el mero hecho de no ser deliberadamente buscados? ¿Acaso si una acción humana genera unos efectos indeseados, inesperados e insospechados (y por tanto no intencionados), esa acción y sus efectos deben ser considerados naturales?
Lo anterior lleva a contradicciones en su propio discurso, como cuando señala:
“La naturaleza No Humana, naturaleza (nh), se opone a la cultura. La cultura está constituida por la capacidad de acción humana y sus productos. Los productos pueden ser intencionados o no intencionados; por ejemplo, una ley es algo intencionado, mientras que parece que el origen del lenguaje es un producto no intencionado de la capacidad de acción humana”.
O sea, que aquí, en contra de lo que insinúa en el resto de la entrevista, considera que también los productos no intencionados de la acción humana son algo artificial (“cultural”[3]) y no natural.[4]
Y todo esto parece indicar, además, una carencia más profunda en su teoría: le falta profundizar en ciertos conceptos como la diferencia entre autonomía o espontaneidad y carácter natural –hay cosas autónomas (y, por ende, ajenas a la voluntad humana) que no son naturales-; entre control, influencia e impacto –no toda influencia o modificación profunda o sustancial conlleva control intencionado-; entre dependencia y control –no toda dependencia implica control-; etc.
Al final, a pesar de defender que hay que diferenciar ontológicamente entre lo natural y lo artificial para poder defender y conservar adecuadamente la Naturaleza, sus defectos a la hora de definir “lo artificial” (y otros conceptos como “lo cultural” o “lo natural”), neutralizan en gran medida su esfuerzo, al seguir confundiendo gran parte de lo artificial (en concreto, lo artificial no deliberado) con lo natural o no artificial. Que viene a seguir siendo en parte lo mismo que hacen aquellos a quienes pretende criticar: confundir y/o equiparar lo natural y lo artificial.
- La autora dice que “con cada descubrimiento [científico] teórico básico generamos un nuevo tipo de tecnología”, pero esto no es cierto, ni siquiera en la sociedad industrial moderna (en la que, según ella, la ciencia ya influye en la tecnología más que ésta en la ciencia). Algunos descubrimientos científicos carecen de utilidad o aplicación tecnológica práctica alguna, especialmente en ciertos campos de la ciencia (como por ejemplo, la astrofísica o la zoología). La autora está simplemente generalizando de forma exagerada. Más adecuado habría sido decir algo así: “actualmente, algunos descubrimientos científicos básicos generan nuevos tipos de tecnología. Y, en muchos casos en la actualidad, los descubrimientos científicos influyen sustancialmente en el desarrollo de la tecnología existente”.
- También dice la autora que “Hoy en día, la tecnología ya no es en gran medida autónoma”. Aquí la autora se está refiriendo a que la tecnología moderna no es independiente de la ciencia sino que está muy influida por ella. Esta noción concreta de la “autonomía” de la tecnología puede que sea cierta, como hemos dicho, aunque nosotros no usaríamos la palabra “autonomía” para referirnos a este fenómeno. En filosofía de la tecnología, la noción de “autonomía de la tecnología” suele ser utilizada más bien como la característica propia de la tecnología -especialmente cuando ésta es tomada en conjunto como un sistema tecnológico en lugar de aisladamente como herramientas concretas- de tender a actuar y desarrollarse independientemente de la voluntad o intención humanas. Y esta característica es ciertamente algo inherente a la tecnología compleja, a los sistemas tecnológicos modernos y a los sistemas sociales-culturales que vienen determinados por la tecnología moderna. Y lo es más cuanto más compleja es la tecnología en cuestión. Es decir, hoy en día, la tecnología es ciertamente en gran medida autónoma, en este sentido de la “autonomía de la tecnología” tomada como independencia respecto de la voluntad humana. Y tiene pinta de que lo va a ser cada vez más.
- La autora asume que: “sin duda serán necesarias algunas transformaciones [de lo natural en artificial] en el futuro, dado que vivimos en un mundo muy desigual desde el punto de vista económico y político, y en el que todo el mundo aspira a tener un nivel de vida digno. Creo que de alguna manera la humanidad debe afrontar este problema de forma colectiva”. Aquí la autora está en realidad debilitando sus propios argumentos, al aceptar algunos casos en que la transformación de lo natural en lo artificial estaría, según ella, justificada en base a supuestas razones humanitarias o de justicia social. Se hace necesario plantear ciertas preguntas al respecto: ¿Dónde estará el límite de “un nivel de vida digno” pues? ¿Acaso cree la autora que es posible acabar (tecnológicamente) con toda desigualdad? Es más, ¿y si la desigualdad o un nivel de vida humano bajo (¿“indigno”?) formasen, hasta cierto punto, parte inherente de lo natural? ¿Qué habría que hacer entonces? ¿Acabar con lo natural? Y, sea como sea, ¿qué es más importante, acabar con la desigualdad y elevar el nivel de vida humano o defender la Naturaleza frente a su artificialización? En caso de creer que lo primero es más importante, ¿dónde quedan realmente entonces el valor de lo natural y el rechazo del antropocentrismo? Y, ¿acaso cree la autora que aquellos seres humanos (personas, grupos, países, etc.) que se hallen (o crean hallarse) en cada momento en una situación de supuesta indignidad, desigualdad o inferioridad tecnológica, económica, política, social, etc. respecto a otros (algo que probablemente seguirá sucediendo siempre, al menos mientras existan seres humanos y grupos humanos) se van a quedar contentos y quietos en algún momento y no van a seguir promoviendo y justificando una ulterior sustitución de lo natural por lo artificial con objeto de acabar con la desigualdad que creen sufrir y elevar su nivel de vida?
Eso por no hablar de la sinsorgada de “afrontar el problema de forma colectiva”. ¿Qué quiere decir Lee con esto? ¿Cómo se logrará “afrontar el problema de forma colectiva”? ¿Acaso cree seriamente que los seres humanos en conjunto y de forma global nos vamos a juntar y a poner de acuerdo alguna vez para frenar o limitar activa e intencionadamente la sustitución de lo natural por lo artificial? ¿Es posible intentarlo siquiera? ¿Acaso “afrontar el problema de forma colectiva” significa, como parece, afrontarlo y resolverlo democráticamente, por votación? ¿Y si ganasen la votación los que estuviesen a favor de seguir sustituyéndolo todo por lo artificial (cosa que no sería nada rara visto el comportamiento y el nivel intelectual promedio de nuestra especie, especialmente en lo referente a estos asuntos –tecnología, ecología, concepto de progreso, etc.-)? ¿Tendríamos que aceptarlo entonces como algo deseable por haber sido “colectivamente” decidido? Y lo mismo vale si se tomase mayoritariamente la decisión de sustituir cierto porcentaje de lo natural por lo artificial. ¿Por qué ese porcentaje y no otro menor? ¿Por qué lo dice la mayoría? ¿Desde cuándo lo mayoritario es lo ecológicamente/moralmente correcto? De hecho, normalmente no suele serlo. Y, ¿acaso “afrontar de forma colectiva” la artificialización del mundo, sea lo que sea que eso signifique, hace que ésta sea más aceptable? ¿Mal de muchos consuelo de bobos? ¿O lo de “afrontarla colectivamente” es simplemente una perogrullada que se refiere a que la progresiva artificialización del mundo nos afecta a todos? ¿O es más bien que lo de apelar a lo “colectivo” siempre queda bien (es decir, es políticamente correcto y socialmente aceptable) en una sociedad de masas?
- La autora se refiere a la (¿hipotética?) posibilidad de “descargar parte de un ordenador para que se integre en nuestro cerebro humano”, pero en realidad puede que llegue a existir también la posibilidad, igualmente probable y abominable, de descargar el contenido del cerebro humano (es decir la mente) en un ordenador, con resultados igualmente desastrosos para la naturaleza humana en particular y para la Naturaleza en general.
Asimismo, la autora dice al respecto que “esto hace realidad el proyecto humano: ¡crear nuestra propia esencia utilizando la tecnología humana!”. Lo de llamar “proyecto humano” a la transformación de los seres humanos en máquinas es engañoso, porque en realidad no tiene nada de humano ni de proyectado. No busca en realidad diseñar, controlar o mejorar la naturaleza humana, ni a los seres humanos, sino, en todo caso, acabar con el ser humano real por el bien de las máquinas y del sistema tecnoindustrial. Y no es, de momento, un fin que la humanidad haya determinado de antemano y perseguido en su conjunto jamás, sino como mucho solamente el sueño una pequeña minoría muy reciente: los transhumanistas. Por tanto, este proceso de transformación/sustitución tecnológica de los seres humanos no es en realidad un proceso deliberado ni, en su mayor parte, un fin conscientemente buscado por casi nadie (al menos de momento), sino simplemente el resultado, probable pero no buscado, del proceso de desarrollo ciego e inconsciente del sistema tecnoindustrial que actúa por mera selección darwinista de sus partes constituyentes (organizaciones, tecnologías, grupos humanos, etc.). La sustitución general de los seres humanos por máquinas es algo que casi nadie busca, casi nadie desea y nadie controla, pero puede que acabe sucediendo de todos modos, porque resulte ser lo más eficiente, lo más apto para el desarrollo y la perpetuación del sistema tecnoindustrial y de algunas de sus partes constituyentes. De nuevo, la autora da demasiada importancia y peso a la intención humana en los procesos de desarrollo de los sistemas sociales y tecnológicos.
- También es falso que ser agentes morales sea un rasgo único de los seres humanos o que los seres humanos siempre seamos agentes morales.
Es un hecho bien conocido en etología que al menos algunos otros animales (por ejemplo, otros primates) poseen, como mínimo, ciertos rudimentos de agencia moral. Y, lo que es más, incluso algunas máquinas “inteligentes” (como las IAs) podrían lamentablemente estar ya empezando también a ser, o al menos comportarse como, “agentes morales”, a juzgar por la corrección política preprogramada que promueven en muchas de sus respuestas.
Y, por otro lado, la idea de que los seres humanos somos siempre o mayoritariamente agentes morales es una noción excesivamente voluntarista, idealista y racionalista de la moral y de los seres humanos. La mayor parte del tiempo, la mayor parte de las personas y en la mayor parte de las situaciones, no son precisamente muy conscientes de la mayoría de las implicaciones morales de sus actos, ni actúan racional y deliberadamente al respecto, parándose a pensar y tomando decisiones en base a razonamientos morales sobre lo que han de hacer (como mucho, algunas personas a veces tienen una noción, normalmente tremendamente superficial, de sólo algunos de estos aspectos). Considerar que los seres humanos son mayoritariamente agentes morales es una idealización humanista que no se corresponde con la realidad de los seres humanos existentes.
[1] Por ejemplo: “la distinción más importante es entre lo que llega a ser -lo que surge a la existencia- únicamente en virtud de nuestra intención humana y lo que existe de forma totalmente independiente de la intención humana. Se trata de dos categorías ontológicas distintas: la primera es lo artificial y la segunda es lo natural”; “Lo ‘natural’ se define como ‘aquello que no es la encarnación material de una intención humana deliberada’ y que, por lo tanto, es independiente de los seres humanos”. En realidad esta definición de “lo artificial” tiene también otros defectos, como confundir ser obra de los seres humanos (es decir, ser artificial) y ser natural (es decir, no ser obra de los seres humanos) con ser dependiente de ellos (es decir, estar controlado o sometido por los seres humanos, depender de los seres humanos o verse profundamente influido por ellos) o independiente de ellos (es decir, ser salvaje). Cosas ambas -carácter artificial versus carácter natural e independencia versus dependencia respecto del ser humano- que no necesariamente van juntas siempre.
[2] Por ejemplo: “Hasta ahora, las principales causas de las extinciones provocadas por el ser humano han sido la destrucción y la fragmentación del hábitat. Pero al talar bosques y drenar pantanos, no teníamos (ni tenemos) la intención directa de provocar la extinción de especies. Del mismo modo, al liberar CFCs o dióxido de carbono a la atmósfera, no teníamos (ni tenemos) la intención directa de destruir la capa de ozono en la estratosfera ni de provocar el calentamiento global”.
[3] Para acabar de rematarlo, aquí, la autora utiliza una definición de “cultura” más que cuestionable. La cultura no es ni cualquier acción humana, ni la capacidad para llevarla a cabo, sino sólo aquellos comportamientos o acciones que son aprendidos de otros, y sus efectos. Ni más ni menos. No todas las acciones humanas son culturales o aprendidas de otros.
[4] O, usando su dudosa clasificación, debido a que considera que lo artificial es sólo lo intencionado, su concepto de “naturaleza (nh)” o “Naturaleza No Humana” es incompatible con su concepto de “naturaleza (fa)” o “Naturaleza Contraria a lo Artificial”, cuando, si usase un sentido más convencional del término “artificial” como meramente “obra del ser humano”, deberían ser equivalentes.